Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 6 de diciembre de 2019; 5:11 AM | Actualizado: 04 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 271 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Blanco y negro ¡No!: un clásico del audiovisual cubano

Jesús Dueñas Becerra, 25 de septiembre de 2014

Blanco y negro ¡No!, es el título de la teleserie que, con carácter de reposición, se transmitiera, de lunes a viernes, en el espacio vespertino Aventuras, por el Canal Educativo de la Televisión Nacional.

La dirección es del realizador Charlie Medina, el guión del escritor José Víctor Herrera, y está inspirada en la novela Anatol y Desiré, de la laureada escritora austríaca Christine Nöstlinger, Premio Andersen por el conjunto de su obra literaria, que le fuera concedido en 1984.

Nöstlinger empezó a colaborar con medios de prensa y la radio, donde escribía sobre temas educacionales; y por la vía del periodismo, entra en contacto con autores de libros infanto-juveniles que la animan a crear.

El volumen Los chicos del sótano mágico (1971) devino su primera publicación. En 1972, obtuvo el Deutscher Jugendbuchpreis (Mejor Libro Infantil editado en Alemania) por Me importa un pepino el rey Comino. La entrada al ambiente literario de la intelectual europea desencadenó una encendida polémica, porque la ideología claramente liberal y muy progresista que Nöstlinger defiende a capa y espada, chocaba —y choca— con la sociedad a la que dirige sus libros.

Los puntos de vista sustentados por ella acerca de las relaciones familiares, la escuela y la educación, las relaciones entre jóvenes (desde la amistad al erotismo), la marginación y la intolerancia, la liberación de la mujer son temas que todavía hoy, en pleno siglo XXI, hay padres y maestros que consideran que no son adecuados para el consumo de jóvenes lectores.

Sin embargo, nadie discute sus cualidades literarias, ni la función innovadora desempeñada por la prolífica narradora en la tendencia realista de la literatura infantil, que en sus manos se convierte en realismo crítico, con marcadas influencias del genial novelista y crítico alemán Thomas Mann (1875-1955).

Por lo tanto, en la autora austríaca se percibe—con meridiana claridad— cómo el Bildungsroman se transforma en cuento de iniciación. Ahora bien, su lenguaje es sencillo, lleno de humor y ternura, con el fin de atraer y atrapar a los lectores.
Entre las obras que dio a la estampa se podrían citar: Un marido para mamá (1972), ¡Qué asco! (1973), Pepito (1975), Lollipop (1976), y Konrad, o el niño que salió de una lata de conservas (1977); texto donde se funden en cálido abrazo casi todas las características reseñadas, y que implicó su reconocimiento en varios países del orbe.

Posteriormente, publicó: Mi amigo Lucki-Live (1978), Una historia familiar (1981), Filo entra en acción (1982), Gretchen se preocupa (1983), Querida Susi, querido Paul (1984) y Olfato de detective (1992).

Blanco y negro ¡No! es un audiovisual dirigido, en lo fundamental, a los adultos, y por supuesto, a los adolescentes y jóvenes que viven, aman, estudian y sueñan en la mayor isla de las Antillas.

Dicha teleserie se caracteriza, básicamente, por una buena selección y dirección de actores y actrices, impecable factura estético-artística, excelente fotografía, adecuadas escenografía y puesta en escena, así como una bien escogida banda sonora.

Todos esos factores técnico-artísticos conspiran para que el telespectador pueda apreciar los problemas de carácter universal que afrontan las familias, los escolares en los planteles educacionales y en las comunidades, donde adolescentes, jóvenes y adultos desenvuelven sus actividades cotidianas.   

El nivel de actuación que identifica a los artistas, tanto noveles como consagrados/as, no tiene nada que envidiarles a otros materiales audiovisuales contemporáneos que tratan diferentes problemas sociales, a escala global.

Desde el surgimiento mismo de la sociedad humana, ha habido buenos y malos maestros, padres o abuelos, capaces de navegar con los/as adolescentes y jóvenes en ese río turbulento con que podríamos comparar la existencia terrenal, mientras que otros pretenden establecer la relación afectivo-espiritual, tan necesaria en ese ciclo vital, a través de estímulos materiales o actitudes signadas por la falsa creencia de considerarse «seres superiores» por el estatus socio-económico que han alcanzado.  

La abismal falta de comunicación emocional entre Adriana (Laura de la Uz) y los progenitores (Carlos Alberto Casanova y Coralita Veloz) se evidencia a través de uno los personajes «clave» en la teleserie: el gato que acaricia a la adolescente, lastimada en lo más íntimo de su ser por las constantes peleas entre mamá y papá durante todo el tiempo que permanecen juntos.

Adriana encuentra afecto en su adorable mascota y en su abuelo materno, en cuya casa decide ir a vivir, ya que, en el seno del hogar —que tiene todo el confort posible, no obstante encontrarse el país en la etapa más aguda del «Período Especial» (1994)— ese sentimiento está ausente o, sencillamente, no se exterioriza.

Blanco y negro ¡No! colocó sobre el tapete de la Cuba de los años noventa del pasado siglo XX, una ardiente polémica acerca de la génesis de la pérdida gradual y paulatina de valores; pérdida que, según mi apreciación muy personal, ya venía dibujándose en el espectro social caribeño desde antes de esa época histórica.

Por un lado, evidenció el fuerte impacto que las contiendas cotidianas de una familia cuasi disfuncional ocasionaron en sus dos hijos adolescentes; y por el otro, puso a prueba el valor de la solidaridad humana, que aún se mantiene vigente…, a pesar de todos los pesares, mientras que, por el otro, describió el daño que —en la esfera cognitivo-afectivo-espiritual— ocasiona en adolescentes y jóvenes un centro escolar, donde prevalecen normas rígidas, se atiende poco o nada las individualidades y se enseña a repetir como papagayos, más que a pensar por sí mismos, tal y como convocara a sus discípulos el venerable padre Félix Varela y Morales (1788-1853) desde las aulas del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, claustro materno de ética, conciencia, cultura, patriotismo y espiritualidad.

Si dos décadas después, la primerísima actriz Alina Rodríguez tuvo el inmenso privilegio de desempeñar el papel protagónico en el multipremiado filme Conducta,2 donde le prestara piel y alma a la maestra Carmela, el carismático actor Héctor Noas fue el maestro ejemplar, que enseñó a los estudiantes a amar la historia universal (incluida la nuestra, con luces que la engrandecen y sombras que la opacan), y no a memorizar hechos acaecidos en épocas pretéritas. Y, además, a descubrir —a través del ejemplo vivo— los valores éticos, patrióticos, humanos y espirituales en que se estructura la nación cubana.

El avezado artista desempeñó el papel de ese profesor ideal al que todos aspiramos. Un educador alejado, años luz, de los esquemas absurdos e incomprensibles impuestos por los dogmas que vienen de las oficinas de los burócratas, quienes solo vieron un aula cuando eran estudiantes y si —por casualidad— son pedagogos cuando hicieron su práctica docente en las escuelas primarias, secundarias o de nivel medio superior.

Con los recursos psicopedagógicos a su alcance, y con vocación natural hacia el ejercicio del magisterio, Noas cayó en la cuenta de que cada niño o adolescente requiere una atención individualizada y una especial comprensión para lograr que, en un futuro, sea un hombre o una mujer útil a la sociedad, a la familia y a sí mismo/a.

En mi opinión, no creo que haya tantos audiovisuales en la pequeña pantalla insular que reflejen —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— los conflictos de esa etapa vital, caracterizada —entre otras cosas— por la consolidación de la personalidad de los/as adolescentes y jóvenes y el despertar de la libido (deseo sexual), dirigida hacia personas del sexo opuesto o del mismo sexo, en dependencia de la orientación que decidan darle a su comportamiento psicosexual.    

Por último, no puede negarse u ocultarse, en modo alguno, que se ha producido un lamentable deterioro en las condiciones sociales y un incremento negativo de los problemas que afrontan los/as adolescentes y jóvenes. Y esa teleserie, precisamente, recoge la esencia de ese deterioro y el complejo engranaje en que descansan los actuales problemas que existen entre padres-hijos-maestros-escuela.3

Finalizo con un llamamiento urgente a los realizadores audiovisuales para que continúen creando teleseries de ese corte y las sigan llevando a la pantalla chica, para que los espectadores disfruten de medulares actuaciones, personajes bien elaborados desde la vertiente psicológico-espiritual, historias bien hilvanadas y narradas, e inmejorable calidad en la realización.

Notas
1.Entrevistada en esta sección.
2.Reseñado en esta sección.
3.Dueñas Becerra, Jesús. Belkis Rojas Redonet: la Sociología es la ciencia que molesta. Disponible en: www.uneac.org.cu (Noticias) (entrevista a la doctora Belkis Rojas Redonet, escritora y profesora universitaria).

Editado por: Heidy Bolaños

Jesús Dueñas Becerra, 2017-09-07
Jesús Dueñas Becerra  , 2017-08-24
Jesús Dueñas Becerra  , 2017-08-17
Jesús Dueñas Becerra, 2017-08-10
Jesús Dueñas Becerra, 2017-08-03
Jesús Dueñas Becerra, 2017-07-28