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Omega 3: una incursión exitosa en la ciencia ficción insular

Jesús Dueñas Becerra, 09 de octubre de 2014

Fundador y director del grupo humorístico y de creación literaria Nos y Otros, el también miembro activo de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ha sido calificado —con razón o sin ella— como un artista polémico, aunque prefiere mantenerse alejado de las trampas que le tienden las etiquetas. Es también el guionista de los largometrajes Kleines Tropicana (1997), La vida es silbar (1998) y Hacerse el sueco (2000).

Los aliens ocultos en el componente instintivo del inconsciente freudiano de Eduardo del Llano, decidieron salir a la superficie en forma de imágenes fílmicas, y consecuentemente, surgió Omega 3, donde se enfrentan tres tribus: vegetarianos, macrobióticos y ovolácteos, interpretados por un elenco de lujo: Carlos Gonzalvo, Daileys Fuentes, Héctor Noas, Omar Franco, Manuel Romero, Yerandi Basart, Edith Massola, Carlos Massola, Jazz Vilá y Yoraisy Gómez, quienes les prestan piel y alma a los personajes diseñados por la fértil imaginación de su creador.

La trama se desarrolla a 100 años de la época actual. En ese escenario, se desata una guerra mundial, pero no se combate por ocupar territorios o implantar ideologías, sino por jerarquizar una forma de alimentación sana sobre las demás. En medio de esa lucha por la supremacía de un sistema alimentario, Veg, un soldado vegetariano, cae en poder de las tropas macrobióticas y es encerrado en prisión. Allí conoce a Ana, una chica ovoláctea, y establece con ella una relación amistosa. Entre los dos, elaboran estrategias para escapar, o al menos, sobrevivir en ese medio adverso u hostil donde se encuentran recluidos.  

No me asiste la más mínima duda de que del Llano se vio impelido por las fuerzas inconscientes que emergían de esa zona oscura de la psiquis humana, a relatar ese tipo de historias fantásticas que lo convertirían en un asiduo visitante del cine cubano de ciencia ficción, ya que experimenta la insoslayable necesidad cognoscitiva y espiritual de lanzar al exterior el alien que lleva en lo más hondo de su ser; razón por la que deviene un imperativo el hecho de darle acuciosa salida desde una óptica estético-artística por excelencia.

El cineasta no se trazó un objetivo preconcebido, ya que las historias surgieron de una forma espontánea, al igual que corre el agua cristalina por los ríos subterráneos del espíritu humano, y por ende, buscan el vehículo idóneo (el audiovisual) para manifestarse.

Si el resultado es positivo (como en el caso de Omega 3) y a los amantes del séptimo arte, así como a los colegas de la prensa especializada, les agrada el producto final, el éxito está garantizado.

Del Llano colabora, también, con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), u otras dependencias estatales, siempre y cuando  no tenga que hacer concesiones que vulneren —de una u otra forma— los valores éticos, ideo-estéticos, humanos y espirituales que defiende hasta las últimas consecuencias, porque es solo un realizador que aspira a narrar sus historias.

Según mi apreciación, Omega 3 formula —con meridiana claridad— una sugerencia que es necesario tener en cuenta: el ICAIC se debe renovar, ampliar la tecnología utilizada hasta ahora y proyectar mejor su trabajo en la arena internacional, para que las películas cubanas (que las hay, y muy buenas por cierto), puedan competir con todas las de la ley en los festivales cinematográficos que tienen lugar fuera de nuestras fronteras geográfico-culturales, y además, ganar lauros importantes (¿por qué no?).

Con dicho filme, quiso comprobar que, en la mayor de las Antillas, se puede hacer ciencia ficción desde una óptica eminentemente estético-artística, sin el empleo de grandes recursos económicos o tecnológicos, porque el mensaje que transmite es universal: va —cual flecha bien dirigida al centro de la diana— contra la intolerancia y el fanatismo ideológico o religioso que tanto daño infligen a cualquier tipo de formación socio-económica.

Independientemente de colocar en «confrontación bélica» a vegetarianos, macrobióticos y ovolácteos, Eduardo del Llano se trazó un objetivo bien definido con el estreno de Omega 3: facilitar que el cine insular salga del contexto estrecho de la cotidianidad y se abra al cine de género.

No quiere decir, en modo alguno, que no siga produciendo largometrajes que reflejen la realidad cubana actual, sino que haga eso y muchísimo más, porque hay talento, conocimiento, creatividad, amor y pasión; ingredientes de los que no se puede prescindir para la realización de un audiovisual o de una obra artística, cualquiera que sea. ¡No creo que nadie, en su sano juicio, sea capaz de dudarlo!

Editado por: Heidy Bolaños

 

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