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Gerardo Castellanos, un escritor e historiador cubano “olvidado”

Leonardo Depestre Catony, 22 de octubre de 2014

Gerardo Castellanos García escribió libros importantes para el conocimiento de la historia de Cuba, pero también para esclarecer y enaltecer la historia de su patria chica, la villa donde vivió y a la cual entregó sus mejores empeños de escritor: Guanabacoa.

Patriota, escritor, periodista, Gerardo Castellanos no es hoy día todo lo conocido que merece y desde aquí le rendimos tributo a su memoria a 135 años de su natalicio en Cayo Hueso, Estados Unidos, el 21 de octubre de 1879. En esa localidad se hallaba exiliado su padre, el comandante del Ejército Libertador Gerardo Castellanos Lleonart, por lo que el sentimiento patrio le llegó desde la cuna.

Mucho influyó también el ambiente patriótico en que creció, entre los obreros tabacaleros del Cayo —junto a quienes trabajó en la manufactura del tabaco—, que tanto hacían por la independencia cubana, lo cual le desarrolló un intenso sentir patriótico y comprometió su hacer intelectual con el servicio de la patria cubana, la de sus padres, aunque no desembarcó en Cuba hasta 1899, e hizo sus estudios en Norteamérica.

Por su condición no solo de historiador, también de ensayista y escritor de artículos, la vertiente periodística fue otra de las aristas de su personalidad, cuyos trabajos pueden localizarse en La Discusión, El Triunfo, Bohemia, El Mundo Ilustrado, Revista Bimestre Cubana, Ultra, Índice...  Fue redactor del periódico La Prensa, miembro de la Academia de la Historia de Cuba, de la Sociedad Geográfica de Cuba y de otras instituciones académicas; impartió conferencias, pronunció discursos en fechas conmemorativas y por muchos años permaneció muy activo dentro del acontecer cultural e histórico de la república.

Varios de los libros que escribió son hoy clásicos de la historiografía cubana y textos de obligada referencia para cuantos asumen el estudio de un empeño inagotable, como el de revelar pasajes poco conocidos o enaltecer a los héroes y patriotas libertadores.

Al conocimiento y la cultura, sumó Gerardo Castellanos el prestigio personal y la estirpe mambisa, por lo que su presencia en las celebraciones patrióticas las honraba.

Dentro de sus estudios biográficos de personalidades de las guerras por la independencia se incluyen: Adolfo del Castillo; en la paz y en la guerra, 1922; Aranguren (Del ciclo mambí), 1923; Juan Bruno Zayas, médico y soldado, 1924; Un paladín (Serafín Sánchez), 1926; Tierras y glorias de Oriente (Calixto García), 1927;  En busca de San Lorenzo. Muerte de Carlos Manuel de Céspedes, 1930; Francisco Gómez Toro: en el surco del Generalísimo, 1932; Los últimos días de Martí, 1937; Pensando en Agramonte, 1939...

Otros libros, como Raíces del Diez de Octubre de 1868, de 1937, abordan igualmente figuras y pasajes de la guerra, en tanto Panorama histórico 1934, cronología cubana de 1492 a 1933, que le valió en 1936 el primer premio del Concurso Nacional convocado por la Secretaría de Educación,  y Relicario histórico de Guanabacoa, 1948, descuellan por su utilidad y profusión de datos, el segundo de ellos, bien voluminoso por cierto, una verdadera joya bibliográfica  dedicada a la villa que lo acogió como hijo adoptivo.

En otros libros, evoca y honra la memoria de su padre, comandante del Ejército Libertador: Soldado y conspirador, 1923; Motivos de Cayo Hueso, 1935, y Misión a Cuba, Cayo Hueso y Martí, 1944.

Demasiado vasta y trascendente es la obra de esta figura (decenas de volúmenes) para que pase inadvertida al lector de hoy y permanezca olvidada en las estanterías de las bibliotecas públicas. Su utilidad y amenidad dan fe de la tenacidad de un autor que escribió para enaltecer las glorias de los fundadores de la independencia nacional.

Gerardo Castellanos murió el 21 de agosto de 1956 en Guanabacoa, La Habana. Una tarja colocada en la casa donde vivió en la calle Maceo  de esa localidad, recuerda al transeúnte que allí tuvo su morada un cubano que trabajó por el conocimiento y difusión de la historia, un autor e historiador al que no debemos dejar de honrar.

 

Editado por: Dino Allende