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Viaje al país que ya no existe

Jesús Dueñas Becerra  , 06 de noviembre de 2014

Viaje al país que ya no existe, de la primerísima actriz y realizadora Isabel Santos, es el título del documental que se estrenó recientemente en las salas oscuras de la capital cubana, así como en el resto de los cines de nuestro país.

Dicho audiovisual es la segunda incursión realizada por la directora Isabel Santos en el campo de la documentalística, quien en compañía del carismático camarógrafo Iván Nápoles —indisolublemente unido al maestro Santiago Álvarez, director fundador del Noticiero ICAIC Latinoamericano, por la labor artístico-profesional que desarrollaran durante varias décadas y por el más tierno afecto— viajara a Vietnam, donde ese dúo de ases de la documentalística cubana contemporánea filmaran, en blanco y negro: Hanoi martes 13, Abril de Vietnam en el año del gato y 79 primaveras, dedicado este último al onomástico del tío Ho, líder histórico de la revolución llevada a cabo por el heroico pueblo vietnamita para alcanzar, primero, la plena independencia del colonialismo francés, y después, liberarse por completo de la injerencia estadounidense.

En Viaje al país que ya no existe los amantes del género no visualizarán imágenes de niños que corren debajo de las bombas lanzadas por los bombarderos norteamericanos, edificios en ruinas, o aldeas destruidas por las balas disparadas a mansalva por la soldadesca yanqui.

Todo lo contrario, encontrarán una nación que, gracias a la inagotable capacidad de amar a la patria y a la humanidad, al tesonero trabajo de reconstrucción de las secuelas materiales y espirituales dejadas por la confrontación bélica con un enemigo poderoso en hombres y pertrechos militares, que comenzara desde el instante mismo en que los invasores norteños abandonaran la antigua ciudad de Saigón, sede del régimen títere; así como a la inteligencia emocional que caracteriza a los vietnamitas, se ha levantado de sus cenizas como el Ave Fénix, y en la actualidad, es un país que —no sin haber realizado titánicos esfuerzos— ha salido del subdesarrollo y de las consecuencias negativas inherentes a esa condición y se erige en el continente asiático como una potencia desde el punto de vista socio-económico, fundamentalmente.

Santos y Nápoles visitan los mismos escenarios —hace cuatro décadas semiderruidos por las afiladas garras del águila imperial; hoy embellecidos por las hábiles manos de los hacendosos trabajadores vietnamitas— donde el veterano camarógrafo captara las elocuentes imágenes que recorrieran el mundo para denunciar los crímenes perpetrados contra los sectores más vulnerables de la población (niños/as, adolescentes, mujeres, ancianos/as), por parte de la aviación y el ejército estadounidenses durante la guerra de exterminio declarada contra la patria de Ho Chi Minh.

La directora de ese audiovisual tiene —entre otras muchas virtudes— el mérito de hacer hablar a Nápoles, cuyo rasgo esencial es la calma hecha sensibilidad, de concederle el papel de principal conductor de una crónica sobre el hermano país que ha visitado en reiteradas ocasiones, y que ya, afortunadamente, solo existe como recuerdo nebuloso de un pasado que jamás volverá, porque la fuerza y la energía prevalecientes en el Vietnam de hoy son el esplendor irradiado por el haz de luz que ilumina el alma de sus habitantes, quienes han impulsado —desde las más disímiles trincheras— el desarrollo económico y social que, en el presente, le muestran al mundo entero con sencillez y humildad, características definitorias de la personalidad básica del vietnamita de ayer, de hoy y de siempre.

En ese contexto audiovisual, Nápoles evoca hechos, personajes y hasta ángulos fotográficos como si fueran hojas desprendidas del espíritu de ese  casi octogenario artista del lente, mientras el espectador agradece que, no obstante su avanzada edad, sonría y se regocije como un «pequeño príncipe» cuando busca en el archivo y rescata aquellos recuerdos almacenados en la memoria poética (espacio donde el ser humano guarda los momentos más bellos que han marcado su existencia terrenal), para compartirlos con el público.

Desde el Portal Cubaliteraria felicitamos calurosamente a Isabel Santos, así como a Iván Nápoles, por acariciar el intelecto y el espíritu de quienes tuvimos el privilegio de disfrutar Viaje al país que ya no existe; documental signado por la impecable factura estético-artística que lo identifica y por el amor y la pasión con que fuera llevado al set de filmación.



Editado por: Dino Allende  

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