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Bent: el homoerotismo en la Alemania nazi

Jesús Dueñas Becerra, 27 de noviembre de 2014

El escritor y dramaturgo estadounidense Martin Sherman es el autor de la obra Bent, inspirada en Los hombres de los triángulos rosas —testimonio de Hans Heger, sobreviviente de un campo de concentración nazi— y representada por la agrupación Peña Meisner de La Habana, con puesta en escena de Stephen Bayly y Luis Ernesto Doñas.

Sherman es un intelectual judío que nació en el vecino país norteño, y desde 1980, ha residido en Londres, capital del Reino Unido. Cursó estudios académicos en la Universidad de Boston, en la Escuela de Bellas Artes, y se diplomó en Arte Dramático, en 1960.

El mayor éxito del artista norteamericano fue el filme adaptado del original, basado en el guión Vivo y coleando / Indian Summer. En Broadway y en el West End, es más conocido por Bent, pieza estrenada en 1979, nominada para un Premio Tony en 1980, y llevada a la pantalla grande en 1997.

Dicha obra fue la primera en analizar el tratamiento dado a los homosexuales por los nazis durante la segunda conflagración mundial,  principalmente en un campo de concentración, y que generara encendida polémica durante las dos escenas donde los reclusos gay alcanzan el clímax a través del galanteo verbal.

Por otra parte, escribió el libro The Boy From Oz (1998) para el musical El chico de Oz, con apoyo en la vida y la carrera artístico-profesional de Peter Allen; texto que le valió la segunda nominación al Premio Tony.

El versátil creador ha escrito dos colecciones de obras donde desarrolla el controversial tema gay. Su obra Rosa fue nominada para el Premio Laurence Olivier a la Mejor Nueva Juega en el 2000.

Entre los títulos aportados por Martin Sherman al desarrollo de la literatura, el teatro y el cine contemporáneos, habría que citar, entre otros: Un manicomi a Goa (2008), Rose (2009); y Onassis (2010).

La historia de Bent devela —de una forma cruda y despiadada— la condición última, en la escala infrahumana, a la cual el oprobioso régimen hitleriano condenó a los hombres que tenían relaciones íntimas con otros hombres, y a quienes se les obligaba a llevar el triángulo rosa como insignia que los identificara entre el conglomerado de enemigos jurados del III Reich, y uno de los sectores de la población peor visto por la normativa oficial, cruel, sanguinaria, incluso muy por debajo del verde (delincuentes comunes) y el amarillo (judíos, quienes también podían llevar el rojo, que se les asignara a los presos políticos, principalmente comunistas).

El protagonista de Bent —un sobreviviente a toda costa de los horrores del nazismo, pero sin mucho escrúpulo moral— sigue al pie de la letra la recomendación de no revelar la verdadera condición sexual por la que había sido recluido en el campo de concentración de Dachau, y simula estar encerrado allí por ser judío. Desde esa falsa identidad, establece una relación erótico-sentimental con un compañero de infortunio que sí confiesa —sin ambages— su orientación homosexual.

Esa puesta de la agrupación capitalina logra —entre otras virtudes— una distribución racional del espacio, que permite dividir las acciones dramáticas en los diferentes periodos cronológicos durante los cuales acontecen.

Sin embargo, en una escena «clave», donde los prisioneros hacen el amor a través de las palabras, ante la estricta vigilancia de que eran objeto por parte de la soldadesca alemana en aquel infierno dantesco, el «aplatanamiento» del lenguaje lo priva del vuelo poético que signa un momento único e irrepetible en ese referente dramatúrgico, que sin embargo sí se respeta en el filme homónimo, y que desencadenara en el público una risa maliciosa y no la ternura y la sensibilidad que los encuentros amorosos (hetero u homoeróticos) deben suscitar en el alma  humana.

Las actuaciones devienen uno de los pilares fundamentales en esa obra. Yasmani Guerrero (Max) ha enfrentado una verdadera «prueba de fuego», si bien en la primera parte debe modular un poco más el discurso verbal, que se torna —en ocasiones— demasiado acelerado, y por momentos, difícil de entender; Yasel Rivero (Horst) viste al personaje que encarna con matices ligeros y con la ductilidad que lo caracterizan desde el punto de vista psicológico, mientras Rudy (Jarlys Ramírez) cae ¿inconscientemente? en estereotipos conductuales que, por fortuna, elimina por completo en su posterior aparición sobre las tablas. El primerísimo actor Carlos Pérez Peña (Tío Freddy), Premio Nacional de Teatro, eleva a su máxima expresión la excelencia artístico-profesional que lo distingue en cualquier escenario nacional o foráneo.

Bent constituye una severa crítica a las manifestaciones homofóbicas prevalecientes en la Alemania nazi, así como a las actitudes intolerantes o discriminatorias hacia el otro «diferente», que todavía persisten —con mayor o menor intensidad— no solo en nuestra geografía insular, sino también en la mayoría de los países del orbe.

Foto: Ismael Almeida



Editado por: Dino Allende

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