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Ileana Mulet: “Soy como un árbol. Cuando broto flores, añoro frutos…”

Amanda R. Pérez Morales, 28 de noviembre de 2014

No fue difícil conocerla, pues creo que algo existía entre nosotras desde mucho antes de ese primer contacto que tuvimos. Tampoco fue difícil perderme entre sus pinturas y sus imágenes convulsas, e igual de fácil fue cuando tuve en mis manos uno de sus poemas y algunos cuentos. Y escuchar sus historias, elegir el cuadro perfecto para la portada de mi novela, llegar a su casa, penetrar en su entorno, probar los macarrones que preparaba su hija, ser amiga de su hija, tampoco nada de eso fue complicado. Lo difícil ha sido poder saber y luego elegir qué preguntas hacerle a “Ile” como cariñosamente la llamo─, y peor aun es llegar al momento crucial en que nos encontramos y yo leo las preguntas y ella responde concretamente. Hace meses cosechaba la idea de entrevistarla, esta vez, como  escritora–pintora  y no como pintora-escritora, pero siempre llegaba el momento de la conversación de ambas y la ideal entrevista  se diluían en delicioso parloteo de amiguitas: el aprender a manejar, las salidas nocturnas, los problemas cotidianos… así hasta que llegábamos al fin y las preguntas continuaban siendo solamente ideas. Es por ello que, sin avisar, le envié el cuestionario para que respondiera, sola, en estricto soliloquio. Entonces recibo su llamada y le comento sobre esta idea intentando así al menos obtener una respuesta de antemano mas ella  con su habitual, ¿cómo estás “niñito Pérez”? (así me dice), comenzó a hablar de la brisa otoñal y yo a escuchar, y una vez más estas preguntas formales tuvieron que esperar a ser leídas en el mismo silencio en que fueron redactadas.

Y luego, de manera muy juiciosa, recibí un e-mail con todas las respuestas.

 

¿Quién eres hoy: Ileana la pintora, Ileana la escritora o…?

Soy como un árbol. Cuando broto flores, añoro frutos y viceversa. Ya no debiera tener contradicciones… ¡más sucede!

 

¿Qué nació  primero: la pintura o la literatura, si es que acaso podemos percibirlo con algún sentido cronológico?

Comencé primero, en la escuela de Artes Plásticas. Allí hacía una poesía elemental, solo para mis amigos y para mi consumo. Luego, en mis exposiciones, siempre hubo poesía escrita. Y luego nacieron los libros. 

 

Sé que tienes en tu haber un libro de cuentos y varios poemarios. ¿Cómo surgió el primero de éstos?

El primer libro nació de los poemas que escribí para relacionar los temas citadinos de mi pintura con diversos ambientes. El primero fue Poesía y pintura, con Ediciones Escandón, España. Luego envié a un premio Casa de las Américas: “Labios temblando de guerras”, y también tengo escrito: Quién golpea Las puertas; este último ya editado por Ediciones Cubanas, sello Artex.  Apilo otros títulos como Metal Plata, Moulin Rouge, Del dolor a las mieles, con prólogo de Virgilio López Lemus, y  Armisticio. En narrativa ya tengo un libro aún sin títulocompuesto por unos treinta relatos, pero del cual  he tenido la oportunidad de publicar varios de sus cuentos.

 

Hay dos protagonistas recurrentes en tu obra: La Habana y la mujer. ¿Por qué?

Me gustaría comenzar respondiéndote con un fragmento de un  poema mío dedicado, precisamente, a la ciudad  y en el que también está presente el sexo femenino: …verde pelambre/ socavando corazones/ si fuera Leonardo de Gamboa /bien plantado suvenir de la colonia/ te propondría un cambio: a Cecilia la pondría en tu piel/propiciando festín a tus embrujos. Es un breve trozo del poema “Ciudad Embrujada”: hembra, y para mí muy femenina. La mirada de mis temas revela que una mujer está detrás de un postigo, con un discurso que no escapa a la femineidad.  ...duerme tus sueños/hoy sin pensar en la muerte/ como el límite de una nueva era/ fabricada en amores    /mujer inquieta.

Por otro lado, la ciudad ante mí, no se yergue todo el tiempo, sino que, en ocasiones, también está como derrotada, como pasa con todas las ciudades, con los hijos, con los amores. Todo amor tiene sus contradicciones. Además, la visión de la ciudad depende del estado espiritual del autor, que a veces amanece contrariado y recuerda todo lo malo que le ha ocurrido: los tropiezos que ha tenido, la lata con la que tropezó y entonces se levanta contra ella, la ciudad. Pero este estado es igualmente válido.

 

En tus cuentos, habitualmente, nos encontramos con el más crudo y violento realismo, mientras que tu poesía nos lleva por caminos más oníricos. ¿Esta demarcación entre ambos géneros y temáticas es algo intencional?

La poesía de mis comienzos era melosa. Con los años se fue curtiendo. En mi más reciente poemario, Armisticio, se puede ver una cercanía a las nuevas tendencias. Hay realismo crudo en este, por ejemplo: wait saca tu pie fuera de mi reja/ tu trampa para ratones/ muerte  éter/ abril cruel / petardo /sobre mis vísceras / dormidas /petardo wait. Si logro encontrar la síntesis perfecta entre ambos, habré encontrado lo más grande que puede anhelar un autor: su propio estilo, aunque por momentos se pierda y divague entre géneros y fórmulas. Al final, ese “perderse” es también positivo pues es parte del camino hacia la superación, hacia, precisamente esa búsqueda final.

 

¿Cómo penetra la pintura en tu obra literaria y viceversa?

Llega como una gran carga de inspiración: a veces agolpadas emociones pugnan por salir y luego se escurren en forma de obra plástica, o también escribo con la misma efervescencia. Puede que luego cree una obra con el tema. Arte es todo, y se perfilan estructuras novedosas para lograrlo. Creo que mi gran reto será lograr, como ya te comenté, un estilo propio en ambas tendencias. Si llegara a lograrlo, sería muy feliz.

     

¿Cómo recibe tu  público esta confluencia de manifestaciones artísticas que encontramos en ti?

Muy bien. Mi pintura respira imaginación y atrae a personas muy soñadoras. Ya en mis primeras exposiciones combiné las dos tendencias: la pintura y la escritura y el público, concurrente a las salas expositivas, quiso tener mis libros de poemas.

 

¿Algún otro dato para todos nosotros?

¿Datos para todos? Ah, que la realidad no abrume los sueños, que la palabra amor deje de ser abstracta, que la fuerza se convierta en inspiración, y sobre todo, que los planes para el futuro sean ley. Finalmente, lean siempre, o escriban. Harán un pacto a la longevidad y a la vida.

 

Editado por: Diana Fernández Fernández

 

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