Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 23 de noviembre de 2017; 5:11 PM | Actualizado: 23 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 169 | ver otros artículos en esta sección »
Página

De La alcancía del artesano al Baúl de San Jerónimo*

Lourdes Arencibia, 05 de diciembre de 2014

Este año 2014, la mayoría de nuestras instituciones culturales, y en particular las provincias de Villa Clara y Cienfuegos, están conmemorando el centenario del nacimiento de una de las personalidades más sobresalientes, valiosas y polifacéticas de nuestra cultura: Samuel Feijóo Rodríguez (San Juan de los Yeras, 13 de marzo de 1914– La Habana, 14 de julio de 1992).

Sus más devotos seguidores e investigadores han publicado múltiples artículos en los que auguran formidables y necesarias labores de compilación y divulgación de su bibliografía definitiva, amén de sagaces estudios sobre su extraordinaria labor como editor en el Departamento de Publicaciones y de Relaciones Culturales e Investigaciones sobre el Folklore de la Universidad Central de Las Villas, donde dio vida a una de las más importantes revistas culturales que jamás haya visto la luz en nuestro país: Islas. En suma, se pretende abordar, desde múltiples ángulos, sus polifacéticos aportes a la cultura cubana, como poeta, narrador, novelista, dramaturgo, compilador, investigador, ilustrador, dibujante, pintor, periodista, crítico... y traductor.

A pesar de los modestos estudios sobre la labor de traducción de Feijóo, esa producción fue, sin embargo, compilada en 1984, en vida del traductor, en un conjunto que el autor tituló Festín de poesía, aún a la espera de adecuada divulgación. No perdemos la esperanza de que el centenario sea la ocasión propicia para ello. Por lo pronto, “Tradittore Tradutore” recoge algunos datos sobre su quehacer como mediador interlingüistico e intercultural, aunque no sean los más representativos, con la voluntad de sumarse al homenaje nacional.

Feijóo comenzó a estudiar la lengua inglesa desde su adolescencia, siendo alumno del Colegio Presbiteriano de La Habana. Su primera traducción conocida tiene, justamente, el inglés como lengua de partida, data de 1933 y se titula «El pequeño Lord Fauntleroy».

En 1945, viaja a los Estados Unidos, donde permanece seis meses. Naturalmente, allí perfecciona sus conocimientos del inglés, y traduce a Poe, Lawrence, Eliot y Whitman, quien merecería los siguientes juicios valorativos de su traductor villaclareño: «Walt Whitman es también un poeta hermoso por su fuerza personal que lo quiere andar todo. Esa fuerza es ajena a la belleza, y marcha a otra parte. Sí, no le interesa ser “bella”, y es de tal violencia que apacigua».1

De La alcancía del artesano, este feijooseano cuaderno de apuntes al estilo martiano, hemos extraído algunos ejemplos de desigual importancia que, no obstante, nos permiten asegurar que el dominio del inglés de Feijóo le posibilitaba interpretar perfectamente un mensaje y buscar equivalencias, tanto en una lengua como en la otra:

El temor no es tanto a la fórmula aplicada como al devorante skill fulfillment llevando a su matadero [p. 95].

Lo que ve, en un poema, mi ojo:

1: la libre puerta al poema que está entrando
2: lo oscuro de lo maravilloso

(The obscure of marvelous)

3: angustia joven romanticismo
4: vuelos, que ven porque suenan

Cómo me gustan estos sencillos versos que me escribo en inglés:

Roll out with the
charity of foam

[pp. 36-37].

Igualmente ilustrativo resulta el siguiente apunte:

Bueno es saber muchas lenguas al que tiene una libre.
Leo en el programa de la Universidad de Columbia, New York:

Profesional Writing u53-u54- Workshop for poets. 3 points each Session.
Mrs. Leonora Speyer.
4:35 – 6:15 p.m. Tuesday. Room 310 Business.
A course in the writing of poetry. Emphasis will be put upon the original projects and production of the students. Poems and acknowledged excellence will be examined and criticized with reference to the type and content that demands poetry as its medium of expression and to the technical elements, rhythm, tone, color and imagery.

A la sagacidad de Feijóo no escapa la intención que subyace tras la propuesta y traduce: «Un curso para la escritura de poesía. La profesora pondrá «énfasis sobre los proyectos originales y la producción de los estudiantes». Y comenta: «Hay que meditar todo este anuncio. Es, también, una estafa. Y por último, es lo más fantástico en lo referido al comercio profesoral que he conocido» [p. 133].

Feijóo leía perfectamente y podía traducir también del francés:

Los versos de Supervielle, que muy lentos, entran de la lengua extraña:

…tout neuf tournesol
brillant comme un jeune homme
haché du désespoir.


me han escudado un poco, ahora, en tarde de lecturas, sobre las razones del dolor, de los intranquilos amarillos del hombre desesperado ¿Quién pone ese terrible girasol en qué florero? [p. 132].

En el cuaderno solo hay una leve alusión a un interés de Feijóo por traducir al francés de Paul Valery; allí copia —y, al parecer, traduce—: «“Me habría gustado más haber compuesto una obra mediocre con toda lucidez que una obra maestra con  relámpagos en estado de trance” (Valery)». Sin embargo, hay otros comentarios críticos sobre este autor francés que nos sugieren acercamientos, tanto a la traducción, como únicamente a la lectura, lo cual nos hace pensar en una apropiación del autor, al menos desde un ejercicio de traducción implícita. Me refiero a los párrafos siguientes:

Gran parte de la séptica poesía de Valery me esquiva al rato de leerla, por esa —para mí— lejanía verbal. Reconozco su tremenda magia, su pulida medida, el relumbre escogido, pero su sangre pensada, repreciosa, bate lejos de mi sofocación imaginativa, de mi pulso- tambor, o de mi suave neblina, enmarañada en sus ásperos oros, dispersos por lentos, oros de calmas sombras [p. 130].

Valery pedía la página gobernada, ¿pero quién gobierna de veras el orden puro del ser? ¿Por qué gobernar sus extrañas estelas? ¿Y cuánto de lo culto certero detrás de la página gobernada, sombreado ruinmente por ella? De cierto que bien gobernar es bueno y hasta bello, pero dar libertad a la página es fidelidad difícil, mantener abertura perenne al pozo misterioso de los sentidos, que nos gobiernan sutiles (Trato de usar dos modos. Porque gobernar da entendimiento: es la fuerza vencida en su lugar que se vence. Y desgobernar es mantener la fuerza virgen, imantada y fascinante). Nada nuevo, pues [p. 81].

No obstante sus constantes y profundas lecturas de autores de todas las latitudes y de sus propias experiencias interculturales, a partir de las múltiples visitas que hizo durante su vida a numerosos países, cuyas incidencias recogió en varios libros de viajes, Feijóo decía:

(…) cada persona tiene su lengua, pero hay que penetrarla, defenderla y entenderla y luego parlarla como sobreabundante pentecostés personal. «El hombre es su lenguaje», escribía Humboldt [p. 112].

Después de leer a Sócrates, a Shelley, a Apolinaire, a los hindúes, a Cristo, a los poetas chinos, a un Góngora, etc., ¿se ve la mata de güira como es, o como era, o como nunca fue? [p. 116].

Jamás deja, entonces, de manifestar su infinito amor por su lengua (la que hablamos los cubanos) y su cultura (de auténtica cubanía). Por eso, casi cierro este trabajo con un párrafo de Feijóo, escrito en un deliciosamente irónico castellano (vosotros, leéis, aprended, cogeréis…):

Un crítico español, rayando letras raposas sobre mis escrituras, en las páginas de una revista de arte gaito dice que es lástima que Feijóo no escriba totalmente en español. Al crítico gaitiño digo que el español por él hablado, o allá hablado, no satisfáceme (óiganme cantar), no me acaba ni me complementa, no sirve a mi ser. Si vosotros leéis los somormujos de Joyce y aprendéis su raro idioma, aprended el mío también, más suelto, serio, humanazo, humado, borbotonero, salistroso, rachante de muchos aires del motín volante, dulzura de jacarismo con y sin cáscara, compañía para lo azul entero entera, con los grises del azul, los profundísimos, los inmensos, y cogeréis, gaitiños míos, las eternas nadas de la belleza, esas nadas mágicas con todos sus deseos abiertos… [p. 141].

De suerte que nos parece que el siguiente párrafo fuera una ampliación del precedente, donde Feijóo expone sus criterios sobre el uso del idioma, la función del escritor, y hasta podría aplicarse a la tarea del traductor:

Como el lenguaje español debe crecer, para eso estamos los antillanos desarrollándolo por su verdadero cogollo. Los españoles en general lo estaban ahogando y estirando en larga palabrería con gorguera. (Menéndez Pidal lo acaba de afirmar en unas declaraciones a la prensa madrileña, lo de la América y lo de la gorguera). No es petulancia. Hablo de necesidades. Rico inglés para un hombre de ideas rico. Hay hombres que con 1,500 palabras escriben lo inmortal, (conocen muchas voces y ese saber les da a escoger los signos juntos). Pero otros necesitan más vocablos para intentarlo, y alguno lo logra, o no, porque al cabo no se escribe lo inmortal ni para ello se escribe. A veces lo que se quiere es el sonido de las palabras, la verdad maestra de esos sonidos. No se trata de muchos vocablos sino de los buenos, variadores, pugnando por dejarse coger las puntas de sus saltantes saetas, para expresar sensaciones, visiones, movimientos, fuerzas, misterios, existencias, que nuestro lenguaje debe siempre ganar (para su florecimiento más grávido, en toda su belleza) [p. 23].

Personalmente, siempre guardaré una profunda nostalgia por no haber sabido aprovechar la oportunidad que me dio el destino de, por lo menos, haber visto personalmente alguna vez a mi vecino Samuel Feijóo. En los dos períodos (1986-1989 y 1990-1992) en que  permaneció en casa de su gran amiga Cleva Solís —quien, además, era por entonces mi compañera de trabajo en la Biblioteca Nacional—, Samuel Feijóo vivió a tres puertas de donde yo resido hace más de sesenta años. Fueron sus últimos años de vida, ya muy enfermo. Esa casa fue prácticamente su último refugio. Desgraciadamente, no recuerdo haberle visto nunca…

 

Notas

* Con el nombre de Baúl de San Jerónimo —San Jerónimo es el patrón de los traductores—, circuló hace algunos años, con vida muy limitada, un boletín generado y difundido cada dos meses por la Sección de Traducción Literaria de la Asociación de Escritores de la Uneac.
1 Samuel Feijóo: «Un solo Martí, un solo Whitman», La alcancía del artesano, Departamento de Relaciones Culturales, Universidad Central de Las Villas, 1958, pp. 78-93. Este cuadernillo conoció una segunda entrega en 1962, con el mismo sello editorial, bajo el título de Segunda alcancía del artesano.

 

Editado por: Nora Lelyen Fernández
Foto tomada de: La Jiribilla