Pedro Santacilia, su hacer en las letras y la historia
En mayo de 1863, el santiaguero Pedro Santacilia casó con Manuela Juárez, hija mayor de Don Benito Juárez. Del afecto recíproco surgido entre ambos hombres da cuenta la extensa correspondencia y la comunicación constante en que se mantuvieron. A Santacilia contaba Juárez sus infortunios y anhelos, sus planes y triunfos. Las cartas de Santa—como Juárez lo llamó con cariño— proporcionaban al prócer mexicano el sosiego espiritual necesario para conducir los destinos de la nación azteca.
“Ya sabe usted que en mí tiene usted otro padre que lo ama a usted y que mientras viva yo lo veré con la misma tierna solicitud con que lo veía y atendía el que le dio el ser”, escribe Juárez con fecha 23 de febrero de 1865.
Además de amigo entrañable, Santacilia fue secretario particular del presidente mexicano hasta su fallecimiento y con posterioridad, albacea de la cuantiosa correspondencia y papelería juarista.
Separatista con larga trayectoria de servicio a Cuba y nacido el 24 de junio de 1826, Pedro Santacilia fundó en Santiago de Cuba, en 1846, junto a otros intelectuales, la publicación Ensayos Literarios, colaboró en El Redactor, El Orden, Semanario Cubano, Revista de Cuba, El Colibrí, El Almendares, El Artista, La Semana Literaria… hasta que su participación en las actividades contra España lo llevó a presidio y la deportación.
También en la emigración colaboró en la prensa, por lo que fue considerable su presencia en las páginas de los periódicos de Norteamérica y México, y sus poesías patrióticas fueron incluidas en el volumen El laúd del desterrado. Formó parte de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico y diputado al Congreso mexicano en varias ocasiones.
De sus octavillas tituladas “A una nube” reproducimos las primeras líneas:
Vaporosa hija del éter,
que en alas del blando viento
recorres el firmamento
cual rápida exhalación,
detén, por Dios, un instante
tu precipitado vuelo
sobre el pedazo de cielo
que descubro en mi prisión.
Varios fueron los libros que Santacilia publicó, entre ellos, El arpa del proscrito (Nueva York, 1856); El genio del mal (México, 1861); La clave del indio (Leyenda cubana) (México, 1862); Apólogos (México, 1867); Del movimiento literario en México, 1868…
Al irrumpir la guerra de 1895, Santacilia tenía casi 70 años, pero ni aún así se mantuvo al margen de los acontecimientos en su patria, a la cual sirvió en su condición de agente del Gobierno en Armas en México. En ese país murió, el 2 de marzo de 1910. Hoy día, tanto en Cuba como en México se le honra.
Editado por: Dino Allende