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Carta de Rilke a Carlos Pintado

 , 29 de abril de 2015

Nota del compilador:
Estas cartas fueron encontradas en el metro de París por una anciana de la que se me negó su nombre. Se dice que estaban en un cofrecito de ébano y marfil, unidas por una cinta de color rosa, y que la nieve había borrado todo vestigio de quién las había escrito. Por mis investigaciones pude esclarecer que fueron vendidas en subasta, a un precio casi insignificante, por un comerciante a un turista, el cual las trajo en un viaje a Cuba y se las entregó a un escritor de provincia, cuyo nombre quiero conservar en el anonimato, quien las tradujo al reconocer la firma de Rainer Maria Rilke. Pero era muy difícil augurar si se trataba de sólo diez cartas o si existían más; por las investigaciones que realicé, opino que eran un muestrario del tractus poético de la Isla, que el autor de las cartas de Franz Xaver Kappus había destinado a unos escritores cubanos; pero el poseedor de las mismas, después de traducidas, las había distribuido entre amigos y poetas, quienes las conservaron hasta el día de hoy. Mi intención fue buscar todas las cartas, volver a colocarlas en el cofrecito de ébano y marfil, descifrar si ciertamente era Rilke su autor, y dar fe de todo ello, a destiempo, en esa apuesta por la poesía y los poetas de hoy.


 

Bremen, 1905

Estimado Carlos Pintado:


Hace unos días recibí una carta del amigo Rodin, pues quedamos en vernos después de este largo invierno que parece no acabar. Junto a la carta había recibido tu poemario Taubenschlag1, que me ha motivado en la búsqueda incansable de las imágenes. Raro divertimento este para quien descubre por la ventanilla de la habitación que todo va quedando como si el tiempo no pasara, así he leído tu libro. Con un té de jazmín llevo horas leyendo, releyendo sus poemas.

Me percato que hay una imagen recurrente en los escritores de la Isla, incluso en los que como usted ya no residen en ella, que es el tema del viaje. Razón para enfrentar estos textos con la imagen de un viandante  obcecado por un mundo mayor, como si no terminara la faena, al estilo de  historias que como naderías adquieren un gran significado, por lo menos para uno. Hay estructuras diversas, que me hacen presumir que estoy ante un escritor conocedor de los recursos estilísticos. ¡Qué para bien sea…!

El viaje aquí se hace alrededor de un punto que pudiera ser la gran nostalgia del tiempo, visto como Platón, desde la belleza de las cosas. La asunción de cada poema nos hace presagiar un final del viaje que no llega nunca:

… en Ostende, algún lugar
Que recuerde que aquí pintó sus cuadros,
Que aquí sufrió, usted, su pesadilla.

El naufragio ante la constante de asumir esos derroteros nos advierten una alienación que pudiera tocar no sólo al receptor de estos poemas, sino al propio creador. La hermenéutica de estos mapas está en dibujar los mares como superposición de esas otras distancias que hace el hombre para salvarse y va fisgoneando así el sujeto lírico otros Estados:

Si yo pudiera, semejante al día,
Despertar y morir entre tus brazos,
Gritar mi nombre al cielo que me olvida
Y que también yo olvido vanamente.

El amor, visto desde la perspectiva homoerótica, se acentúa en el espacio de la nostalgia y nos asevera que la imagen se hace a lo eterno como esa belleza que nos impone de otros viajes, quizás visitaciones estas que nos calan, en medio de una abalanza donde el dolor es parte de la imagen inicial. Así también he indagado alrededor de unos textos que escribí, el tema de la imagen acentuada, visto desde el dolor que fustiga la inicial imagen, como herida que no cicatriza, gélido tiempo este para los que no creen en que todo tiene un primer día. Hedonismos. Sí. Hedonismos. Taubenschlag, es un poemario que tiende a dejarnos sin fronteras, que nos enfrenta a poemas escritos con la mordedura de esos animales que residen dentro de uno y que nos acompañan, como dicen algunos, en esa gran fiesta que hace la soledad. Textos emotivos estos que se suceden, desde la indagación que se hace de uno mismo:

Solo y desnudo, busco: nunca encuentro:
No me mata la muerte, ni la vida.
Me mata solo el sueño, el breve sueño
Que al despertarme ya me deja adentro
La horrible sensación de lo pequeño.

Aunque infiero nunca estás sólo, Carlos mío, esos poemas te acompañarán siempre como árboles en una pradera, como ese tiempo redimido, pequeño y personal que hace las cosas en nuestras magras existencias. Así te felicito, yo que no tiendo mucho  a ello, en esta otra soledad de inviernos interminables, y palabras por decir.
 

Suyo,

 

Nota:

1. Editorial Capiro, 2014

Editado por: Patricia M. Peña