Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 1:34 AM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 271 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Sr. Mermelada. Mi amigo imaginario

Jesús Dueñas Becerra, 29 de mayo de 2015

Sr. Mermelada. Mi amigo imaginario fue la versión que de la obra teatral Mr. Marmalade, del escritor y dramaturgo  estadounidense, Noah Haidle, la novel agrupación Extravagante Teatro de Sandra Lorenzo, llevó en calidad de reposición a las tablas de la capitalina sala El Sótano.

Haidle ha escrito para la pantalla grande los guiones de los filmes El último vuelo del Arca de Noé (1980, aventuras); El principio del Arca de Noé (1984, ciencia ficción); El arca de Noé (1999, drama histórico); La apacible vida de Noah Dearborn (1999, drama); Tipos legales (2012, acción), donde las experiencias de los personajes no tienen nada que ver con las vivencias de Noah, lo cual deviene una prueba fehaciente de su talento e imaginación; y Noé (2014, drama histórico). 
 

Lorenzo ha dirigido, además, las puestas en escena: el unipersonal María Magdalena (2004), versión del relato corto de Margarite Yourcenar (1903-1987); el unipersonal Carmen (2008), basado en la novela de Prosper Merimeé (1803-1870); Un tranvía llamado deseo (2011), versión de la obra de Tennessee Williams (1911-1983); y Weekend en Bahía, versión de la obra homónima de Alberto Pedro (1954-2005).

El elenco de Sr. Mermelada… estuvo integrado por actores y actrices, caracterizados —básicamente— por su formación integral, ya que además de actuar, con indiscutible rigor artístico-profesional, bailan y entonan canciones infantiles para evocar la memoria de los maestros Teresita Fernández (1930-2013) y Julio C. Suárez Gutiérrez:

Isabella Lorenzo González (niña de 10 años de edad, que sueña despierta); Joelvis Lobaina Cobas (amigo imaginario de Lucy), Raúl Ernesto González (Larry, niño de 10 años de edad), Fanny Rojas Pérez (Sookie, madre de Lucy), Carlos Ernesto Estévez (Brandon, asistente del Sr. Mermelada y artista con gran talento), Ana Esperanza Jiménez (Yemil 1, niñera de Lucy), Mariana Valdés (Yemil 2), y Reynier García (Jorge, novio de la niñera, aficionado al fisiculturismo y algo narcisista).

Ante todo, habría que destacar la natural y espontánea actuación de los niños Isabella y Raúl Ernesto, quienes interpretaron —con el candor propio de la pubertad— los papeles de Lucy y Larry, cuyo comportamiento estaba signado por la soledad (la chica) y la angustia existencial (el chico).

La trama gira alrededor de Lucy, una encantadora, pero soñadora adolescente, que echa a volar imaginación y fantasía para escapar de la incomunicación afectiva en que se encontraba sumida; y en esa búsqueda desesperada de un amigo, le insufla "vida" al Sr. Mermelada, que al final la defrauda, porque le hacía promesas que no podía cumplir, profería palabras "mal sonantes" que —a mi juicio— no se justificaban en el guión, y padecía de toxicomanía alcohólica (¿acaso sería una proyección de la niña en relación con la figura paterna, ausente física, emocional y espiritualmente del medio familiar, donde convivía con Sookie, la progenitora, quien valoraba a los hombres más por lo que tenían que por sus valores como seres humanos?).

Desilusionada con el Sr. Mermelada, el ¿azar? le coloca delante al adolescente Larry, con quien establece una amistad, como suelen hacerlo los muchachos que atraviesan ese ciclo vital, único e irrepetible, y emprenden juntos una aventura lúdica, que —al parecer— la mediatiza un contenido erótico.

Sin embargo, Larry había hecho un frustrado intento suicida (se cortó las venas), porque —según le explicó a Lucy— estaba aburrido, asqueado, de la "vida miserable" que llevaba en compañía de su padre, la madrastra y el hermanastro, quienes en apariencia no le profesaban cariño ni afecto.

Por otra parte, habría que señalar el hecho de que ese bisoño actor caracterizó —con puntual precisión— un cuadro depresivo que, en la praxis clínico-psicológica y psiquiátrica, puede presentar un pre-adolescente o adolescente con algún problema familiar, docente o de otra índole, capaz de desempeñar la función de agente catalizador.

En un principio, Lucy y Larry, quizás a imagen y semejanza de los progenitores, también riñeron, se insultaron mutuamente y Lucy rompió la amistad con él, lo cual —se supone— fue la causa de un nuevo intento suicida (esta vez por ahorcamiento) que afortunadamente, Jorge, el hermanastro, abortó justo a tiempo. Entonces, y solo entonces, el jovencito comprendió el valor de la existencia terrenal, aun en medio de las condiciones más adversas u hostiles, y reanudó su relación afectivo-espiritual con Lucy, después de que esta sellara definitivamente el vínculo establecido con el amigo imaginario, quien ¿desesperado?, ¿arrepentido?, o quizás, como consecuencia de una crisis etílica acabó quitándose la vida, mientras Brandon, a solicitud de Lucy, encontró alojamiento (y quizás algo más), en la casa de la señora Sookie.

De acuerdo con la directora general de Extravagante Teatro…, esa obra podría clasificarse como una “tragicomedia musical cruel dedicada a los adultos, [pero acerca] de los niños […]”, procedentes de familias disfuncionales o fracturadas.

Soy del criterio que se debía evitar —siempre y cuando fuese posible— subir al escenario temas relacionados con el suicidio en niños y adolescentes, por las implicaciones emocionales que ello podría traer para la salud mental y espiritual de los "pequeños príncipes", quienes —al decir del Apóstol José Martí— “saben más de lo que parece”.

Sr. Mermelada… puede tener disímiles lecturas, pero, en mi opinión, les envía a los amantes del arte de las tablas y a los colegas de la prensa especializada dos mensajes de carácter ético-humanista y un aldabonazo de alerta: los niños tienen derecho a vivir en paz y armonía con su yo infantil, el prójimo, así como también con el entorno socio-natural que los rodea; a las personas que cometen algún error —de manera consciente o inconsciente— debe darse una segunda oportunidad; y el consumo excesivo de alcohol (u otra droga lícita o ilícita), lanza al individuo a los brazos de la muerte.

Si bien fue una función dominical «accidentada» (hubo dos apagones durante la hora y media que duró la representación), y no obstante los señalamientos críticos que este cronista le señalara, los actores y actrices que integran el colectivo de Extravagante Teatro…  acariciaron el intelecto y alimentaron el espíritu de los espectadores, quienes les tributaron una cerrada ovación…, en medio de la oscuridad de la sala, solo iluminada por el haz de luz que irradiara el alma de los artistas.

 

Editado por: Dino Allende    

Jesús Dueñas Becerra, 2017-09-07
Jesús Dueñas Becerra  , 2017-08-24
Jesús Dueñas Becerra  , 2017-08-17
Jesús Dueñas Becerra, 2017-08-10
Jesús Dueñas Becerra, 2017-08-03
Jesús Dueñas Becerra, 2017-07-28