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Poesía de Virgilio López Lemus

Roberto Manzano, 22 de junio de 2015

Poeta de dibujada línea lírica, el verso de Virgilio López Lemus tiene siempre una resonancia colorida, un moverse sonoramente con garbo, una elegancia de conversación entre iguales: es indudable, a pesar de la tonalidad coloquial de muchos de sus giros, su refinada estirpe idiomática profunda.

Del mismo modo, es indudable su fuente lírica, que consiste en filtrar lo vivido, dejar que la vivencia se transparente en el depósito, acristalar lo sufrido, erguir para un tiempo más hermoso cualquier lamentable disolvencia. El poeta trabaja con acumulaciones que se le quintaesencian, y acaban en sortijas familiares, en sentencias íntimas.

Puede que, con frecuencia, por la claridad humana de sus manantiales, el vino de la poesía se torne cantábile en la copa vibrátil: entonces, de la noche antigua, de la vegetación popular, su palabra de fruto distribuido va cayendo en estrofas unánimes, apeldañadas en gradas mayores o en veloces síncopas, como en un trazado ondulante.

A pesar de cualquier burilada ánfora, a través de cualquiera de sus ventanas líricas, a veces talladas como en las casas del cuento folclórico, el drama recóndito del destino apunta con sus cuervos, la esperanza reverente tiende sus torcaces blancas. Hay siempre en todos sus sentimientos un relente natural, una espacialidad criolla reconocible.

El lector debe saber que el poeta brilla en él con luz propia, aunque el reconocimiento público prefiera a veces al crítico, al profesor, al investigador. En esta última zona de su obra hay mucho talento, pero no lo hay menos, ni en un ápice, en su franja lírica, que tiene sonido y sentido en armonía productiva, como sucede en la más depurada poesía.

 


Roberto Manzano

 

Virgilio López Lemus (Fomento, Sancti Spíritus, 1946). Ocupa un destacado lugar entre los mejores ensayistas y poetas cubanos contemporáneos. Ha obtenido premios y distinciones en Cuba, España, Francia, México y Brasil. Textos suyos han sido divulgados y comentados en una veintena de países de Europa y América Latina. Tiene una vasta obra poética y ensayística publicada. Entre sus libros más recientes figuran los poemarios Un leve golpe de aldaba (2006) y El peldaño (2010), y los volúmenes de ensayo El siglo entero. El discurso poético de la nación cubana en el siglo XX (2008) y Métrica, verso libre y poesía experimental de la lengua española (Premio Academia de Ciencias de Cuba, 2009).


 

MUERTE DE MI PADRE

Llegó por fin el ángel de mi padre
con su finísima trompeta imperceptible
y lo llevó con él a Dónde, a Todavía.

Se ha muerto esa mañana de diciembre
como la sombra que era ya su sombra
y sin decirme adiós un beso dio al Destino.
Se consumó, se consumió, salió
tan rápido, que apenas dejó un poco
de su precioso tiempo de dolor
y, plácido, surcó o ancló su cuerpo
en el silencio hondo, incomprensible, ciego.

Mi padre, en el arquero de un sueño,
tensa la cuerda y vibra con el arco
en tanto sale su flecha veloz
hacia el dulce rumor de la Nada...




MUERTE DE MI MADRE

Mi madre quiso sentarse
en la sala, semidormida.
Así, quizás sin ella saberlo,
se abrió el abismo
por donde cupo entera.

Dejó un yo no sé, ¿un grito?

Salió volando como una golondrina
que nunca ha de volver.

Sólo fue un soplo, una nada, un vuelo...

¿No ha quedado todo demasiado oscuro?
¿Y qué hago yo aquí
todavía...?




ADOLESCENTE

Aquel que en mí murió de veinte años
abriendo el corazón a la impureza,
y en tanto llanto y polvo, la vileza
me hundió la garra fiera del engaño.

Aquel que en mí murió de veinte sueños,
con manos sucias, rotas, sin firmeza,
tan débil como inútil su cabeza
¿ahora quiere ser su propio dueño?

Aquel que vive en mí como un cordero
¿querrá salvarse sólo con balidos
o espera que le llegue un buen agüero?

La vida se me va como un madero
que el viento le arrancara estos sonidos:
«De veinte años justos siempre muero».




DILUVIO

Yo soy un aire largo
que se traza nocturno,
que desata la lluvia
y se pierde en lo oscuro.

Yo traigo mi palabra
al vendaval del mundo,
me recorto en misterio:
yo soy mío y soy tuyo.

Largamente me muero
y revivo al segundo,
cada instante soy viento
con mi aliento desnudo.

Soy quimera que anda,
soy el sueño más puro,
soy la oveja en el circo,
soy quien siempre me busco.

En mí labora un mago
y en su crisol me fundo:
soy mi piedra de oro,
soy el oro profundo.

Yo soy liebre asustada
en este bosque absurdo,
me refugio del lobo,
de su diente iracundo.

Soy el león rugiente,
desafiante, al punto,
 con sus rápidas lágrimas
y corazón diminuto.

Sé escuchar en el viento
el mensaje del mundo,
tengo el hambre de todos,
soy Alguien y Ninguno.

Yo soy sólo palabras
y soy pan del ayuno,
lo imposible me puebla,
pecho soy, sin escudo.

Lentamente me salvo
de morir en minutos,
soy la línea rota
trazada entre dos puntos.

Yo soy una pregunta
o un diálogo confuso,
no me habla el aire seco
ni escucha el dios que busco.

Soy semilla confusa,
soy el polvo menudo,
me sepulta una gota:
ella es todo el diluvio.




ME PIDES QUE MARCHE

¿Hacia dónde me pides que marche,
hacia qué Vellocino, hacia cuál Ítaca,
si toda marcha será la de Ícaro
mirado por Narciso en una tarde de lluvia?

¿He de irme hacia dónde, cuál fue el sitio
que me vio partir huyendo de la nada?

Un ángel sólo es nuncio y yo quiero
ser mucho más que un ángel,
que ese ángel mirando al horizonte,
con las manos extendidas en espera de nadie.




UBI SUNT

Dónde están los bosques formidables
habitación de lobos, pero también de flores,
extrañas flores llenas de aromas salvajes.
Dónde están los asientos de cristal
por donde corren aguas más claras que los cielos.
Qué se hicieron los árboles incontaminados
donde solía el cielo demorarse
al pie de una flauta de amor.
Qué se hicieron los lechos naturales
creados para el goce de la pareja eterna
enlazada bajo el ala de un ángel.
Y las aves, dónde están, a qué regiones
del tiempo irreversibles se mudaron.

Naturaleza: lo que fuiste ya es utopía,
lo que serás, no sé. Eterno qué se hicieron,
dónde están...




BEATUS ILLE

Feliz aquel que vive en un país dormido
junto a un lago o junto al mar,
sobre un río quietísimo,
a la vera de un valle
donde no se escucha el trueno de las revoluciones
ni el cántico de la ciudad.
Feliz quien siembra árboles y recoge las frutas,
cultiva tanto la luz como la sombra
y ni se place de sí ni aspira a ser otro
sino sólo a morir tranquilamente...

Vivir en la paz de la Nada. Como si fuera un muerto
que no aguarda retornar.




RECORDANDO A WILLIAM BLAKE

Tigre, tigre:
el poeta está sobre las ramas.
Allí lo veo como un ángel cotidiano.
El poeta vive sobre esas ramas verdes
o está tratando de vivir como quien pone
el pie en la tierra y el otro en lo infinito.

La eternidad, el tiempo todo, eres tú: tigre, tigre.
Dios mismo está en las rayas de tu traje.
Eres fiero como un ángel defendiéndose en el mundo.

El poeta no desciende sino para quedar dormido.
Y cuando duerme,
salta el tigre.

Hay un tigre en las ramas.
Hay un tigre sobre el árbol.
Hay un poeta dispuesto a saltar
hacia la presa,
                   el abismo,
                                la poesía,
                                           el infinito.




ALCIÓN

¿Ser hombre en arte menor
será, Friol, nuestro destino?
¿Alción quemado en el vino
de una llama sin calor?

Y en una llama de amor
—que es otro vino que pasa—
se nos enciende la casa
o este cuerpo se nos fuga
y se nos rompe la oruga
para germinar en flor.

Ser de sí mismo su dueño,
¿quién que ha soñado ese sueño
no sueña en Arte Mayor?




CANTARES DE AMIGO

Como en un cantar de amigo
escribo lo que me dictan
las fábricas y el olivo.

Blas de Otero

I

Me asalta canción antigua
de acento dulce, de queja
de bosques y de maniguas.

Mis ancestros españoles
con lo africano se mezclan
en caracol de canciones.

Y soy como aquel pastor
que en el pastoreo sueña
en convertirse en cantor.

II

Sancho por andar despacio
nunca hallaba su locura
y la tenía en el patio.

Quijano, siempre de prisa,
nunca hallaba su amargura
y la tenía en la risa.

III

Instante de Salomón:
pare castigo la culpa
si no es que alumbra perdón.

IV

Sermón de las siete voces:
una que todo lo dice
y seis que todo lo oyen.

V

Consejo de Gulliver:
ser pequeño o ser gigante
importa saberlo ser.

VI

Entre el objeto y mis ojos
rompe la luz sus perfiles
y oscuro se queda todo.

Entre la noche y la vista
hay misterios de candiles
y sombras que se asimilan.

Claridad y oscuridad
sólo es un cambio de alfiles:
los reyes están detrás.




EL POETA

Yo soy el jorobado,
me retuerzo en la sábana nocturna
soñándome atleta.
                           Y soy el paralítico
en una silla dura y giradora,
la muchacha fea, el pederasta
cuando escupe la sal,
el corredor caído que gime
y se levanta y sobre todo
se siente triunfador del mundo.

Soy la asesinada de aquel día
en el primer dolor de la cuchilla,
y el sacerdote muerto
que ya no encuentra a Dios.

Abro los ojos de recién nacido
y lloro por la luz,
                       la bella luz
que arde como un fuego,
yo soy la anciana con temor del tiempo
y el muchacho con miedo de la vida.

A todos,
          yo los prohijo
                          y los abrazo:
hermanos,
la tanta luz confunde mis tinieblas.




VERSOS LLANOS


I

Ara, arador, con tu arado,
ara en torno de tu casa.
Así tocarás la masa
de tu sueño: lo sembrado.

II

¿Soy yo mismo tanta piel
con huesos, sangre, cabello,
tanto material destello
hecho de acíbar y miel?

¿Será mío aquel papel
que destruyó mi camino?
¿Una piedra es el destino
que me arrastrará con él?

III

Bruma soy. Hermosa bruma:
sueño que alguien me sueña
y creo ver una Enseña
hecha de luz y de espuma.

Rara luz la del soñar:
se forma una nube densa
entre la verdad inmensa
y el eterno desear.

IV

Breve fue tu amor, muy breve:
cinco años no son mucho,
eres el viento que escucho
y el agua que no se bebe.

V

¿El tiempo? Todo presente,
coda de literatura...
El tiempo es la ligadura
de dos puntos con la mente.

VI

Todo el futuro es fortuna
de la flor. Es natural.
Todas las flores son una,
lo singular es plural.




A LA MUERTE

Señora, blanca Señora,
la de faz como de bruma,
Señora, la de la espuma
de la mar, la de la aurora.
Señora, la de mi Hora
de la luz, en quien confío.
Señora, la de mi río
oscuro, la de mi Abrazo,
dígame dónde, en qué paso
se unirá su Nombre al mío.




LA CREACIÓN

¿Puede? ¿Se puede? ¿Puedo
conmover al mundo desde un poema?
¿Se puede, puedo, acaso yo podría
decir una palabra para siempre...?
¿Una palabra sola,
como un arrullo del sol al planeta, una
palabra que tuviese la energía
de mil explosiones, la energía total
de una galaxia, la energía de un verso?

El Verbo sobrevuela al lago.
Una imagen se proyecta y el agua
tiembla, tiembla, el agua tiembla
y es un temblor fecundo.
De la imagen nace una flor
que copula con los aires
feroces de la tarde, con la luminiscencia
de un sol mágico, amoroso.
Del titánico huevo se van formando
un hombre, una mujer, una fruta que rueda
y trae a su vera una palabra.

Del fondo de la imagen brota la sorpresa,
tan sólo la esperanza queda a mano
y el hombre brilla, anda, siente el ruido del bosque,
la fronda lo saluda,
se estira el Horizonte,
el mundo aparece completo en su memoria.

¿Puedo? ¿Puedes? ¿Tienes la fuerza
de un joven Dios creando un universo?
¿Acaso la palabra puede fecundar al lago?
¿Podría un titán romper toda atadura
y alzar su sueño cósmico como una cordillera?

La vida es hermosa.
La palabra sea dicha.

Si la poesía no transforma al mundo,
si la poesía no cambia siquiera sea al Universo,
si la poesía no es quien puede hacer todo milagro,
la creación, la vida, el sueño de la vida...
poco sería de Dios usando su palabra,
el verbo único y sonoro,
el verso creativo de luz y de existencia...

Creado fue el lenguaje, deleite de poesía.
La palabra nos devuelve el Paraíso.