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Carta a Yanier H. Palao

 , 22 de junio de 2015

Nota del compilador:
Estas cartas fueron encontradas en el metro de París por una anciana de la que se me negó su nombre. Se dice que estaban en un cofrecito de ébano y marfil, unidas por una cinta de color rosa, y que la nieve había borrado todo vestigio de quién las había escrito. Por mis investigaciones pude esclarecer que fueron vendidas en subasta, a un precio casi insignificante, por un comerciante a un turista, el cual las trajo en un viaje a Cuba y se las entregó a un escritor de provincia, cuyo nombre quiero conservar en el anonimato, quien las tradujo al reconocer la firma de Rainer Maria Rilke. Pero era muy difícil augurar si se trataba de sólo diez cartas o si existían más; por las investigaciones que realicé, opino que eran un muestrario del tractus poético de la Isla, que el autor de las cartas de Franz Xaver Kappus había destinado a unos escritores cubanos; pero el poseedor de las mismas, después de traducidas, las había distribuido entre amigos y poetas, quienes las conservaron hasta el día de hoy. Mi intención fue buscar todas las cartas, volver a colocarlas en el cofrecito de ébano y marfil, descifrar si ciertamente era Rilke su autor, y dar fe de todo ello, a destiempo, en esa apuesta por la poesía y los poetas de hoy.


Bremen, 1905

Querido poeta Yanier H. Palao:

Recibo con satisfacción su poemario Esteros1, que siempre agradezco con estas palabras y la ocasión para comentarle sobre su libro. Definitivamente con textos como este cualquier escritor pudiera arribar a la mayoría de edad, siempre le comento al amigo Rodin, que un libro debe desvestir el tiempo real que nos circunda, y no otra cosa.

En esas faenas, anda usted en estas páginas, de algún modo lo percibo. Lo imagino dibujando a esa niña que es una especie de sujeto lírico de usted mismo o de su infancia. Así también lo pregona uno de los integrantes del jurado que validó el Premio Calendario, en esa nota de contracubierta:  “Así opone su fe ante la quebradura de la existencia, en un libro regresivo, donde el lector acompañará, a través de la reconstrucción de los recuerdos, la vida de una niña que apedreaba las aguas pantanosas de los esteros”. La levitación es aquí un golpe a contracorriente, la búsqueda de la belleza queda relegada a planos donde la sonoridad gana mayor espacio:

“Lo veo entre otros campesinos, a mí vienen nombres,

lugares que oí en su voz.  Dumoy, Lengua de tierra, Loma

roja. Lugares fuertes de terrenos agrietados; muy

salobres, sin embargo, poblados de caña de azúcar”


El imaginario sostiene cada poema como embarcación necesaria con esa –otra- fuerza de recuperar la memoria.  El poema como sustancia de esa salvación:

“Le taparon el rostro como se tapa al horror, la velaron

poco. Los peces que muchas veces lo alimentaron, habían

desfigurado su rostro, nadie lloraba.”


El referente a la Virgen de la Caridad del Cobre es un arquetipo espacial pero que se desplaza para marcar lo temporal. La muerte del niño es un pretexto para agujerear la magra realidad.  Cada poema funciona como drama y cada verso fustiga el escenario, como un hilo conductual algunos textos no tienen títulos. Poeta Yanier H. Palao, la sonoridad es aquí un ejercicio de liturgia. Los esteros son pequeños tiempos, historias que se hacen más real al dibujar ciertas desgarraduras:


Si por lo menos alguna mano se apoyara en mi hombro,

si mis pies percibieran el fresco de un piso propio.

Si hubiera cimiento, base.


El modo de dividir el poemario es un estigma.  Descensos, túneles y otros descensos marcan cada herida, como poemas que necesitan su propia existencia. Un libro, como le comentaba H. Palao, para la mayoría de edad, algo que sucede una sola vez quizás para reconocernos a nosotros mismos.
 

Aquí va mi abrazo,

 

1. Premio Calendario 2013, Casa Editorial Abril, 2013.

Editado por: Patricia M. Peña