La última rumba de Papá Montero
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La última rumba de Papá Montero es el título del docudrama de Antonio Arroyo, estrenado por la Compañía de Danzas Tradicionales de Cuba JJ, dirigida por el primer bailarín y coreógrafo Johannes García, en el capitalino Centro Cultural Bertolt Brecht.
Tony Arroyo (su nombre artístico) es escritor, actor y locutor. Residió durante varios años en la República Argentina, donde perfeccionó el conocimiento que poseía acerca de las bases conceptuales, teórico-metodológicas y prácticas que rigen el ejercicio profesional en los campos de la actuación, locución y la conducción de programas radiales y televisivos.
Miembro de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ha incursionado en los más disímiles medios de comunicación, donde se ha desempeñado como actor o presentador en espacios dramatizados, musicales y de participación: Dando vueltas, Lucas, Todo con Tony, Los pequeños fugitivos (aventura) Añorado encuentro y Aquí estamos (telenovelas).
Un homenaje al ilustre cineasta Octavio Cortázar (1935-2008) dejó una impronta en el yo artístico de este creador; huella que lo marcaría para siempre, porque no solo le facilitó poder departir profesionalmente con Johannes García , sino también porque le permitió establecer contacto con el docudrama La última rumba de Papá Montero.
De aquel filme, narrado en dos tempos cinematográficos, lo embrujaron la música y la trama que en él se desarrolla, y a partir de ese momento, comenzaron a aguijonearle la mente y el alma, ya que se trataba de una historia que lo iba envolviendo poco a poco, a la vez que lo persuadía de que debía ser llevada al ruedo, y en consecuencia, devino un musical…, pero desde la óptica del más auténtico folclore cubano.
Esa es, en síntesis, el origen de La última rumba de Papá Montero, de la cual Tony retomó parte del argumento escrito por Cortázar y le adicionó personajes, subtramas, así como algunos números del repertorio tradicional o contemporáneo: rumba, guaguancó, bolero, balada, rap, entre otros géneros musicales.
Por otra parte, el objetivo fundamental de ese drama musicalizado y danzado es rendir cálido tributo a la rumba (género músical y danzario, convertido en Patrimonio Cultural de la nación cubana), a los tambores, a lo genuinamente insular, a lo que muestra la personalidad básica de ese mestizo único e irrepetible, que vive, ama, crea y sueña en la mayor isla de las Antillas.
La trama de dicha obra gira alrededor del desenlace que tendrá lugar durante el enfrentamiento entre dos guapos del barrio de Cayo Hueso: Papá Montero y Cheo Malanga, interpretados por los primeros actores y bailarines Oddebí García y Joan Morell, integrantes del emblemático Ballet Lizt Alfonso, quienes se disputan los favores eróticos de Gabriela, a quien la versátil actriz y bailarina Danay Méndez le presta la sensualidad y el sabor especial que distinguen a la mujer cubana en este tipo de géneros artísticos.
Completan el elenco: Yunier García Hernández (Rica Ricarda), Edgar Medina (Rafael), Rigoberto Rufín (Michel Dellano), Winter Walker (Cobrador) y Carlos Pérez (Peki), caracterizados —básicamente— por la integralidad (actúan, bailan y cantan), así como Samari Simpson (Fina), quien desempeña el papel de la mujer de Papá Montero, un personaje creado por la fértil imaginación del autor, pero que, al interpretarlo una actriz tan carismática, fue creciendo «como los pinos […], como las palmas», en la misma medida en que lo hacía la opera prima de Tony Arroyo.
Según mi apreciación, faltó muy poco para que el público se liberara de los convencionalismos impuestos por el superyó (código ético-moral que mediatiza el comportamiento psicosocial de los humanos), y comenzara a bailar o cantar al compás de los pegajosos números interpretados en ese contexto dramatúrgico y músico-danzario sui generis, mientras intuía el final del encuentro que se produciría entre esos dos hombres, quienes representan a los «guapos» habaneros de la presente centuria, por compartir los placeres con la atractiva Gabriela.
Editado por: Dino Allende