Poesía de Federico Uhrbach
Si se toma el conjunto de los llamados modernistas cubanos y se extrae de su creación y de sus aspiraciones estéticas una caracterización estilística, se observará que a partir de la gran modelación casaliana intentaron penetrar en predios muy especiales, y que procuraban sumar nuevas zonas de la realidad y la psiquis. Pero la difícil vida cubana y las particularidades de sus destinos truncaron brutalmente esas búsquedas.
Uno de los que más exploraciones tanteó del grupo inicial derivado de la irrupción casaliana, acaso por la misma posibilidad de su talento y sobrevivencia, fue Federico Uhrbach, como podrá ver el lector en algunas de las composiciones presentes en el breve manojo que ofrecemos. Estos creadores finiseculares constituyeron una fase muy interesante, como hornada artística, de nuestro siglo xix. Y la poesía de Federico Uhrbach es parte indispensable de ese caudal imaginativo.
Roberto Manzano
Federico Uhrbach (Matanzas, 1. 10. 1873-La Habana, 31. 7. 1932). Cursó los primeros estudios en Matanzas. Continuó su educación en Estados Unidos, a donde fue en compañía de su hermano Carlos Pío. Siempre con él, regresó a Matanzas y se trasladó después a La Habana. En 1895 se comprometió con Elena Borrero, poetisa como su hermana Juana, la novia de Carlos Pío. Al año siguiente fue a Cayo Hueso, donde contrajo matrimonio con Elena. De nuevo en Cuba, formó parte de la redacción de El Fígaro, tuvo a su cargo secciones fijas en El Heraldo y en La Nación. Su obra Dolorosa, con música de Eduardo Sánchez de Fuentes, fue estrenada en el Teatro Nacional en 1910 y puesta en escena, en 1911, en el Teatro Balbo de Turín. Cesanteado de su cargo de Jefe de Negociado de la Propiedad Intelectual, conoció días de miseria. Ocupó otros cargos burocráticos en la Secretaría de Instrucción Pública. Miembro fundador de la Academia Nacional de Artes y Letras y secretario de su Sección de Literatura. Fue miembro correspondiente de varios congresos internacionales de América Latina. Figuró en la antología Arpas cubanas (1904). El conjunto de poemas bajo el título Flores de hielo fue publicado con las poesías de su hermano Carlos Pío en el tomo Gemelas (A. Miranda, La Habana, 1894). Más tarde recopiló toda la producción de ambos en el tomo de poemas titulado Oro (Imprenta Avisador Comercial, La Habana, 1907), en el que no se hace constar la autoridad de ninguno de los dos sobre los textos.
TRISTEZAS
A la Sra. Aurelia Castillo de González
¡Oh ensueños virginales de la infancia,
que flotabais cual niebla luminosa
en los fríos rincones de mi estancia
y en el boscaje de mi selva hojosa!,
¡oh ensueños virginales de la infancia!
Ya jamás volveréis como otros días
a fascinar mi mente visionaria
con quiméricas, locas fantasías,
para mi alma enferma y solitaria
ya jamás volveréis como otros días.
La nostalgia infinita del deseo
mina las lentas horas de mi vida
como el buitre en la roca a Prometeo;
ya en mi alma soñadora sólo anida
la nostalgia infinita del deseo.
Como pierde su aroma la azucena
tras la primer nevada, ruda y fría,
así mi vida de ilusiones llena
perdió con los ensueños la alegría
como pierde su aroma la azucena.
Cual mariposa negra en azul cielo
se entroniza en mi alma la tristeza
y arroja en ella su enervante velo,
destacando su fúnebre belleza
cual mariposa negra en azul cielo.
Mis ilusiones todas han huido
al triste beso que dejó en mi frente
la pálida sibila del olvido,
como el ave que vuela indiferente
mis ilusiones todas han huido.
BERTICA
A mi hermana muerta
¿Por qué te has ido, lampo de gloria?
¿Por qué en un verde rayo de luna
huyes dejando la blanca historia
de los ensueños sobre tu cuna?
¿Por qué, mi pálida flor de nieve,
buscas los discos de las estrellas?
¿Por qué tu vida pasó tan breve?
¿Sigues de un mago muerto las huellas?
¿Llevas acaso por compañero
de tus coronas de blancos lirios
al dulce y lánguido mensajero
de las nostalgias y los delirios?
¿Será que marchas sobre una nota
de la plegaria que a ti se eleva,
y tu alma errante se mece y flota
tal vez en busca de vida nueva?
¿Un rey fantástico su tesoro
te brinda, acaso, por tus amores,
y en un palacio de ámbar y oro
te narra un cuento de hadas y flores?
¿O es que tu alma ya presentía
todo lo negro que el mundo encierra,
toda la amarga melancolía
que nos persigue sobre la tierra?
Vuelve, en tu busca por las regiones
de los ensueños y de las brumas
van desoladas mis ilusiones
como aves tristes de raras plumas.
¿Por qué, mi pálida flor de nieve,
vas a los discos de las estrellas?
¿Por qué tu vida pasó tan breve?
¿Sigues de un mago muerto las huellas?
LOS AGUINALDOS
Al poeta Félix L. Campuzano
Los aguinaldos! Flores de pascua, los aguinaldos
de caprichosas constelaciones visten los prados,
y hay en la nieve de sus guirnaldas tiernos reclamos
como de vírgenes, con sus corolas de tonos cándidos.
Con el encaje maravilloso de sus estrellas
van simulando del azul cielo la comba inmensa
y cada brote traza un remedo de la áurea selva:
toda la Lira, toda la Virgen, todas las Pléyades.
Conquistadores, su escala tienden hasta la cima
de agrestes palmas, donde columpian sus campanillas,
que con sus vuelos breves transforman y glorifican
los viejos troncos en campanario de alma infinita.
En los fugaces deslumbramientos de la mañana,
al desprenderse de las corolas chispas de agua,
sueña el encanto que se desprende de las arcadas
como repiques interminables de alegres dianas.
En el ambiente vago de ensueño con que la tarde
finge a los tristes que la persiguen abandonarse,
los aguinaldos con su perfume llenan el aire
como de un soplo de languideces crepusculares.
En las penumbras embalsamadas de suaves noches,
cuando al silencio sólo el silencio flébil responde,
riman un salmo de opacas notas las blancas flores
como suspiros, como sollozos, como oraciones...
En las laderas reverdecidas de los caminos
o en los remansos llenos de sueños de claros ríos,
mandan sonrisas como de tiernos labios amigos
que tranquilizan las inquietudes del peregrino.
Los aguinaldos con sus risueñas alternativas
de verde y blanco tejen idilios de frescas rimas,
lo verde dice de églogas suaves de griega lírica,
lo blanco dice de madrigales y eucaristías.
Hay en el fondo de cada cáliz todo un poema
de épicas rimas que desconoce la primavera,
y que refiere rudas estrofas de la leyenda
sólo entonadas por los bordones de las abejas.
Cuando la sangre tiñó los campos de hirviente púrpura
y sólo horrores iluminaba la absorta luna,
fue de la abeja murmuradora la ronca música
quien a las flores narró la historia de nuestras luchas;
y compasivos, los aguinaldos, de los reveses
que soportaban heroicamente las fieras huestes,
rindiendo el alma que oculta llevan sus castas nieves,
a nuestras huestes con las abejas mandaron mieles.
En las llanuras que fue sellando la cruda guerra
con rojos signos que tributaban patricias venas
sobre la grana, cada aguinaldo, como una estrella,
copiaba el astro, blasón y orgullo de la bandera.
De la tragedia guardando altivos la hazaña heroica
o en la tragedia simbolizando misericordias,
¡no hay una cumbre donde no canten alguna gloria,
ni hay una breña donde no enfloren alguna fosa!
Los aguinaldos! Flores de pascua, los aguinaldos
de caprichosas constelaciones visten los prados
y no han logrado pasar gloriosos bajo sus arcos
las primaveras, ni los otoños, ni los veranos.
PREVISIÓN
Hijo, de cada instante que pasa presuroso
diafanizar procura la próvida enseñanza,
y si es para tu vida fatal y doloroso
te deje por lo menos un poco de esperanza.
La sucesión efímera de las fugaces horas
transforma en luminosas y sabias experiencias,
para que los silencios de tus indagadoras
concentraciones tengan videntes transparencias.
Así la rauda fuga de los errantes días
traiga a la persistencia de tus melancolías
con el ensueño cándido la persuasión del fuerte:
y salva en la derrota de los esquivos años,
alzando el alma heroica sobre los desengaños,
el corazón sin manchas para afrontar la muerte.
REGRESIONES
A veces una nube que pasa; una imprecisa
voz que suena lejana; la queja de los mares
sobre la arena; un roce del ala de la brisa,
o un lampo deslumbrante de oros crepusculares;
me dicen tantas cosas de mi fugaz pasado,
con tal vigor reaniman la efímera inconciencia
de mi niñez, que dudo si todo lo ambulado
ha sido sólo en sueños o ha sido mi existencia.
Así por una suerte de espiral regreso,
lo efímero que encierra mi corazón opreso
pierde la inconsistencia del tiempo y la distancia
y por la voz, la nube, la brisa y el poniente,
preso de mis recuerdos en el dorado ambiente,
paréceme que vivo la vida de mi infancia.
Editado por: Mayée García