Raíces en el fango

Raíces en el fango, novela original del escritor Iván Pérez Ramírez, Premio Nacional de Radio, con la dirección general de la primera actriz Carmen Solar, Premio Nacional de Radio, y la asesoría de Raquel Rosales, ocupó el espacio Tu novela de amor, que sale al aire, de lunes a viernes, en el horario de 10:45-11:10 a.m., por las ondas nacionales de Radio Progreso, la Onda de la Alegría, y audio real en Internet.
A principios de la década de los 90 del pasado siglo, Pérez Ramírez escribió la radionovela Amor, amor, para el espacio La Novela de las 2, y de inmediato, Surge Belice. Después, han sido varias: Los señores de la guerra y los hombres del maíz; adaptaciones como ese clásico del cine universal Lo que el viento se llevó; Scarlet; Acusada de asesinato; La dramática vida de Rubén Darío, perteneciente al género histórico; Nace la ópera; y Jean François Mollet, el pintor de los humildes.
Raíces en el fango, estructurada en 105 capítulos, incluyó en su elenco a los actores Ángel Luis Martínez, Vicky Suárez,1 Aimé Despaigne, Vivian Suárez, Antonio Arroyo, Maricela Herrera, Maricela Rodríguez y José Raúl Espinosa, quienes les insuflaron vida en el estudio de grabación a lo que soñara el laureado autor de ese dramatizado.
Por otra parte, es necesario destacar la narración del experimentado locutor Marlon Alarcón Santana, cuya participación en el equipo de realización constituye un requisito sine qua non para llevar a la cima de la tensión emocional la acción dramática desarrollada en ese contexto radiofónico.
La trama gira alrededor de un hecho de sangre: en una noche tormentosa de 1940, una mujer está de parto. Mientras una vecina la asiste como comadrona, el esposo salió a buscar al único médico que ejercía la profesión en la localidad rural donde residían. Entre las penumbras y la terrible lluvia que caía copiosamente, el hombre fue víctima de un asesinato.
Entre intrigas, secretos, misterios, traiciones y pasiones ocultas, transcurrió esa obra, signada por el intelecto, el espíritu y la ferviente imaginación de Pérez Ramírez, quien —por primera vez— escribiera para ese popular espacio de la Emisora de la Familia Cubana, no sin antes desempolvar una antigua idea que se hallaba muy bien oculta en las regiones más ignotas de la psiquis, y finalmente, decidió traerla a la conciencia y transformarla en obra de arte.
La historia que se narra tiene lugar en nuestra geografía insular, durante la década de los años 40 del pasado siglo XX, en el supuesto poblado de San José de Concuní, nombre de la finca donde vivieran los abuelos paternos del escritor, en el antiguo término municipal de San Antonio de las Cabezas.
Con posterioridad, surgieron los argumentos. Hilvanar, tejer una controversial historia, que ha devenido todo un reto para Pérez Ramírez, pero —a la vez— ha generado una suave caricia a la mente y el alma del infatigable creador.
Esa novela se estructuró sobre la base de las herramientas, visión y admiración que siente Iván Pérez Ramírez hacia uno de los grandes de la novelística cubana contemporánea: Félix B. Caignet (1892-1976). Homenaje digno y más que merecido al ilustre orfebre de El derecho de nacer, convertido —por derecho propio— en figura paradigmática de la radio cubana de todos los tiempos.
Estoy seguro de que los oyentes la supieron apreciar, igual que el equipo de realización disfrutó llevándola a la radio para que el público tuviera la oportunidad única e irrepetible de desentrañar historias que brotaron como raíces en el fango.
La radionovela no ha perdido —ni perderá— esa magia que la envuelve y hechiza a sus fieles seguidores, porque el principal «secreto» consiste en que las emociones y los sentimientos que los actores y actrices le trasladan al radioyente para hacerlo vibrar al compás de la acción dramática que la sustenta, lo consiguen fundamentalmente a través de la voz, ese eficaz medio de comunicación humana que jamás podrá ser sustituido por la tecnología digital más avanzada. Y que conste, no estoy —en modo alguno— en contra del desarrollo científico-tecnológico. Todo lo contrario, soy uno de sus más fervientes admiradores…, pero a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César.
Nota
1-Entrevistada en esta sección.
Editado por: Dino Allende