Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 12:06 AM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 218 | ver otros artículos en esta sección »
Página

San Jerónimo entrevista a Miguel de Cervantes

Lourdes Beatriz Arencibia Rodriguez, 15 de diciembre de 2015

Traduttore Traditore ofrece en exclusiva una supuesta entrevista que el Patrón de los traductores, Eusebio, Hierónimo de Estridón, (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre, 420.), más conocido por San Jerónimo, bien pudo haber concedido a la figura cimera de la literatura española, Don Miguel de Cervantes y Saavedra, (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547- Madrid, 22 de abril de 1616), no sólo para rendirle cumplido homenaje por haber escrito una de las obras cumbres de la literatura universal y el libro más editado y traducido de la historia -superado tal vez únicamente por la Biblia-, sino y sobre todo  porque Cervantes, sirviéndose de una poderosa ficción, presentó además su historia como si hubiese sido resultado de un ejercicio de traducción hecho por su personaje principal, Don Alonso Quijano, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera Parte

San Jerónimo (en lo adelante, SJ) : Don Miguel, es cierto que Ud. a través de Alonso Quijano, presenta su célebre relato  El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha a partir de una supuesta traducción ?

Miguel de Cervantes : (en lo adelante MC) : Por supuesto que sí. Y me interesa insistir en ello; lo calzo prolijamente en las múltiples  citas que aparecen con el crédito de quien presento como  el verdadero autor de la historia que traduzco y no sólo que me inspira : el árabe Cide Hamete Benengeli. No son pocos los lugares de mi historia en que así lo declaro con la mayor naturalidad.  El Cap. XXVIII incluso se titula : “De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, si las lee con atención”. Pero, hay mucho más.

SJ :  A ver, cómo presenta Ud. esa ficción a sus  lectores.

MC: Pues verá. En el Capítulo II, de la “Segunda parte de las hazañas de Don Quijote de la Mancha”,  ya yo había narrado a los lectores por boca de Sancho, las circunstancias que pondrían en manos de mi protagonista los escritos de un tal Cide Hamete, que una vez traducidos y reinventados por Alonso Quijano, darían vida a mi Quijote. Allí, Sancho cuenta que una noche había llegado  « el hijo de Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller, y yéndole yo a dar la bienvenida, andaba ya en libros la historia de vuesa merced, con nombre de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha; y dice que me mientan a mí en ella con mi mesmo nombre de Sancho Panza, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos nosotros a solas, que me hice cruces de espantado cómo las pudo saber el historiador que las escribió » Dice entonces Quijano  a Sancho: “debe de ser algún sabio encantador el autor de nuestra historia, que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escribir » -Y ¡cómo –replica entonces Sancho- ·si era sabio y encantador, pues (según dice el bachiller Sansón Carrasco, que así se llama el que dicho tengo) que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena! » « Ese nombre es de moro -respondió mi Quijote ».
Entonces, titulé el Capítulo LIX de esa segunda parte:
“Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote », y allí cuento el siguiente pasaje: : -« Créanme vuesas mercedes -dijo Sancho- que el Sancho y el don Quijote desa historia deben de ser otros que los que andan en aquella que compuso Cide Hamete Benengeli, que somos nosotros: mi amo, valiente, discreto y enamorado; y yo, simple gracioso, y no comedor ni borracho-.
-Yo así lo creo -dijo don Juan-; y si fuera posible, se había de mandar que ninguno fuera osado a tratar de las cosas del gran don Quijote, si no fuese Cide Hamete su primer autor ».

Ya antes, en el Capitulo III, el bachiller Sanson, quien como hemos visto, fuera en mi historia el descubridor del supuesto original que traduzco, había declarado:”“Bien haya Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras grandezas dejó escrita, y rebién haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de arábigo en nuestro vulgar castellano, para universal entretenimiento de las gentes. A lo cual, respondo yo:”-Desa manera, ¿verdad es que hay historia mía, y que fue moro y sabio el que la compuso?” Y  Sansón reitera: « Es tan verdad, señor que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de doce mil libros de la tal historia; si no, dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca.” Consecuentemente, en el Capítulo XXIV,  donde cuento mil zarandajas, no encuentro reparos en hacer que uno mis personajes declare sin ambajes: “el que tradujo esta grande historia del original, de la que escribió su primer autor Cide Hamete Benengeli, que llegando al capítulo de la aventura de la cueva de Montesinos, en el margen dél estaban escritas de mano del mesmo Hamete estas mismas razones.
 
En suma, asumida con creces ya la autoría del presunto original árabe y la no  menos ficticia traducción de Quijano, en el Capítulo L pongo y cito: “Dice Cide Hamete, puntualísimo escudriñador de los átomos desta verdadera historia” y en el Cap LII: “Cuenta Cide Hamete que estando ya don Quijote sano de sus aruños, le pareció que la vida que en aquel castillo tenía era contra toda la orden de caballería que profesaba” Y por si necesario fuera a estas alturas de la entrevista, abundo que en el Capítulo LXX se lee: “en este tiempo quiso escribir y dar cuenta Cide Hamete, autor desta grande historia (…) Y dice más Cide Hamete… » No creo que a estas alturas hace falta decirle que el tal Cide Hamete es una creación mía.

SJ : ¿Cuán novedosa resulta en una obra la introducción de lo que los estudiosos llaman pseudotraducción ? ¿Es acaso una innovación cervantina ?

MC: En lo absoluto. Al parecer, la creación por un autor de un texto suyo presentado como traducción estuvo muy de moda en el siglo XVIII y aunque la lista de sus cultivadores es larga, cito aquí el clásico ejemplo de Las Cartas persas de Montesquieu. Sobresale una definición que se aproxima a lo que yo he hecho. Su autor es L. Venuti y afirma que se trata de una composición original que el autor ha decidido presentar como si se tratase de un texto traducido. The Scandals of Translation:Towards an Ethics of Difference Londres, Nueva York: Routlegde 1998,  p. 33.  ”.

---------------------Fin de la Primera Parte----------------------------

Segunda Parte.

SJ: ¡Para mís traductores ésta será probablemente una incitación  que les atañe muy directamente y para los escritores, una novísima forma de creación para la novela moderna ; mucho le agradecería entonces Don Miguel,  que no escatimara ejemplos ni comentarios!

MC: No me faltaron tampoco reflexiones filosóficas que supuestamente traduje de boca de Benengeli; en el Cap LIII digo: “sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten». Generosamente paso el crédito a su supuesto autor y concluyo : « Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético »
A renglón seguido, saco de dudas a cualquier lector que tenga a la vista el Cap XLIV mi capacidad como único autor real de autojuzgar mi obra, mi propuesta  y mis personajes.
“Dicen que en el propio original desta historia se lee que llegando Cide Hamete a escribir este capítulo, no le tradujo su intérprete como él le había escrito, que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo, por haber tomado entre manos una historia tan seca y tan limitada como esta de don Quijote, por parecerle que siempre había de hablar dél y de Sancho, sin osar extenderse a otras digresiones y episodios más graves y más entretenidos; y decía que el ir siempre atenido el entendimiento, la mano y la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas personas era un trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaba en el de su autor”,

SJ: ¿En alguna parte del libro, Ud. pone en boca de sus personajes sus propias ideas sobre la traducción?

MC: Por supuesto, y es uno de los segmentos de mi obra que más se ha citado y comentado en el ámbito del gremio. Como han sido muy estudiados e interpretados durante siglos, por razones de espacio dejo esta tarea a mis lectores, pero para facilitar su localizaciíon les diré que aparecen en el Capítulo LXII y cito: “Pero, con todo esto, me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés; que aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada, ni el que copia un papel de otro papel. Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir; porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le trajesen”.

SJ: ¿Qué otras experiencias podrían sacar los traductores de la manera en que Ud.abordó la traducción del supuesto texto de Benengeli?

MC: Bueno, por ejemplo, cito algunas puntuales. En el propio Capítulo LXII, elogio los resultados de dos traductores: Cristobal Suárez de Figueroa, quien trabajó en 1602 y 1609, la muy popular comedia pastoril El  Pastor Fido de Battista Guarini, y Juan de Jáuregui, quien tradujo en verso blanco Aminta, de Torcuato Tasso en 1607 y a mi juicio, lo hicieron tan bien, que es difícil saber cuál es el original y cuál la traducción. Pero, en el Capítulo LII, confieso haber modificado el nombre de una dueña que aparece en el relato como doña Rodriguez, si bien, al describirla como dolorida o angustiada, rechazo implícitamente la práctica de modificar injustificadamente los datos del original, máxime si denotan rasgos caracteriales del personaje.  En  el Capitulo LIV, se destaca la incomunicabilidad que acompaña la súbita presencia de lenguas desconocidasen el diálogo oral, resuelta por Cidi Hamete recurriendo al lenguaje gestual como portador de sentidos. Examínese la escena: “comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue una palabra que claramente pronunciaba: limosna, por donde entendió que era limosna la que en su canto pedían; y como él, según dice Cide Hamete, era caritativo además, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy buena gana, y dijeron:-¡Guelte! ¡Guelte!
No entiendo -respondió Sancho- qué es lo que me pedís, buena gente. Entonces uno de ellos sacó una bolsa del seno y mostrósela a Sancho, por donde entendió que le pedían dineros;
MC: Me gustaría que me permitiera Ud. terminar esta entrevista, citando el segmento final de mi obra, en el cual autor/traductor y autor/original siguen de la mano y se vuelven uno solo.
Capítulo LXXIV: De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.

«(...)Ítem, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe; porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.
Viendo lo cual el Cura, pidió al escribano le diese por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida, y muerto naturalmente; y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente, y hiciese inacabables historias de sus hazañas. Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero (…).Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma: «Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir, y decirles en el mejor modo que pudieres:



¡Tate, tate, folloncicos!
De ninguno sea tocada;
Porque esta impresa, buen rey,
Para mí estaba guardada.



Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros, ni asunto de su resfriado ingenio; a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote,
Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.”
 Muchas gracias.

Editado por Heidy Bolaños