José Antonio Fulgueiras: los ompayas son algo muy serio
Un siglo y un año median entre el libro Mac, el pitcher (1910), de Víctor Muñoz, y Los hombres de negro (2011), de José Antonio Fulgueiras. Ambos, periodistas y amantes del béisbol, con el toque de gracia que los ilumina, convierten sus respectivas narrativas en deleite. Por supuesto que entre uno y otro libro existen grandes diferencias: si el primero es mera ficción, el segundo es toda realidad. De igual manera, se inscriben en la no muy frecuente bibliografía literaria en torno al pasatiempo nacional de los cubanos.
El quehacer periodístico de Fulgueiras es extenso e intenso, incluye coberturas periodísticas en África y América Latina, y como buen periodista, dondequiera que va, escucha, observa y apunta, una secuencia que cuando se realiza con oficio arroja resultados para el enriquecimiento del lector.
En una entrevista ofrecida para el periódico Vanguardia —edición digital del 27 de febrero de 2013— J. A. Fulgueiras le cuenta a Yandrey Lay Fabregat que “uno tiene que tener ojos para ver lo importante en cualquier hecho y suficiente habilidad para contarlo de una manera interesante”.
El autor del extraordinariamente ameno y singular libro Los hombres de negro, otorga a los árbitros, ompayas o umpires —esos “seres” siempre tan criticados y cuestionados— el protagonismo de las historias y nos revela la personalidad de muchos de ellos. Es pues, un acercamiento humano, simpático y necesario a los que suelen asumir el rol de los malos dentro del contexto beisbolero.
Mas no se trata de un libro de humor. Este aparece en viñetas refrescantes, anecdóticas, salpicaduras de agua salada que llegan a la orilla entre el oleaje de testimonios, datos y recuerdos que los entrevistados, árbitros de béisbol, desgranan ante el autor. Aun cuando parezca un caso de pelota surrealista, la historia que viene es cierta, el narrador es Juan el Zurdo, y puede incluirse en el más selecto y simpático anecdotario del béisbol cubano… de manigua, por supuesto:
“Me gustaba cuando arbitraba el teniente de la policía Santos Molina, que era tuerto. El alcalde del pueblo, Julio Fundora, lo contrataba para los juegos decisivos contra Sagua, y le decía: ¡Este hay que ganarlo!
“(…) En un juego que ganaba 1 por 0 en el noveno inning, y ya con 2 outs, se me embasó un sagüero y empezó a adelantar en primera. Me viré, tiré para allí, y Molina le voceó al que bateaba: ¡Estrái tercero y ponchado! Entonces yo me le acerqué y le dije bajito: Coño, Moli, si yo lo que tiré fue para primera. Y él exclamó: ¡No jodas, Juan, yo creo que esta vez sí apreté un poquito!”
Si la pelota es el pasatiempo nacional de los cubanos, en el interior del país es, además, pasión y locura. Nada convoca tanto como un juego entre equipos de localidades vecinas, en que la porfía alcanza matices dramáticos, o más bien tragicómicos, casi increíbles pero ciertos:
“En el poblado de Vueltas vivía el árbitro Gelasio Oliva. En una ocasión arbitró un partido en el caserío de La Quinta, donde se enfrentaba el equipo local con el de Vueltas. Existía una gran rivalidad entre estos dos conjuntos, y ya casi oscureciendo, Vueltas se fue delante en el marcador. Como ya prácticamente no se veía, Gelasio decidió dar el juego por terminado, con la correspondiente victoria de los voltenses. Inmediatamente pidió la pelota. Y cuando ya iba a decretar la victoria para el elenco visitante, un guajiro de La Quinta —que se encontraba detrás del home— , cogió el machete en la mano y le gritó a Gelasio: ¡Ompaya!, ¿qué usted va a hacer? Y ahí mismo Gelasio le contestó: No, no, lo que iba a decir es que hay que seguir jugando, porque todavía está todo clarito y podemos echar dos o tres innings más”.
También poeta, Fulgueiras es un villaclareño muy conocido de sus compatriotas. Su servicio se ha movido entre el ejercicio diario del oficio de escribir y el desempeño de responsabilidades varias, entre ellas las de presidente de la UPEC provincial (de Villa Clara), especialista del Centro Provincial del Libro y la Literatura y un largo desempeño en el periódico Vanguardia. El estilo narrativo y las ocurrencias, tocadas por el guiño de la ocurrencia y el buen decir, le dieron tema para el libro Periodista de provincia, publicado por la villaclareña Editorial Capiro.
En este pasaje el estadio es una olla de grillos exaltados. El corredor corre hacia home en jugada suicida. El árbitro está ante una jugada de vida o muerte, y ocurre lo insólito, lo inesperado y hasta lo increíble: “Ambos bandos y el público, reclaman. El umpire no canta. Mudo, parece que se aleja cada vez más del home. ¡Canta, Virgilio! Nadie imparte justicia, el caos se evidencia, reina la confusión, las pasiones estallan, el desorden comienza a imponerse. Mientras tanto, Virgilio, el árbitro, se aleja del home. Un disparo… La escena transcurre en cuestión de segundos. Todos quedan impávidos por el momento ante el hecho inaudito. De inmediato tratan de alcanzar a Virgilio, quien, a su vez, se ha montado en su bicicleta vieja dispuesto a fugarse. Y al trasponer la puerta del estadio, hace un viraje frente a aquella multitud iracunda, alza el brazo derecho y, con toda la fuerza de su alma resumida en un gesto, cantó: ¡Out!”
La bibliografía del periodista escritor incluye varios títulos: El hombre por dentro, 1994; Con el santo claro, 1995; Gambia: el perfume de las raíces, 2000; El nombre de mis ideas, 2001; Víctor Mesa. El béisbol en vida, 2002; Cerca del Che, 2004; Tal vez pura coincidencia, 2007; El marabuzal, 2009; Un canario junto al Che, 2010… Y si de premios se trata, pues ahí están el Fundación de la Ciudad de Santa Clara; el Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau; la réplica del machete de Máximo Gómez y la medalla Mártires de Barbados, entre otros.
Es evidente que Fulgueiras disfruta lo que hace y que su cuerda del humor está bien tensada. No de otra manera puede ser por lo cuantiosa de su obra y la diversidad de asuntos que le ocupan. En cuanto a la pelota, la vive como un hijo de vecino más. Esta última anécdota la pone en boca del árbitro Alfredo Paz y tiene de coprotagonista al pelotero Pedro Chávez, gloria del deporte cubano:
“(Chávez) siempre ha sido un gran amigo mío, pero tenía la costumbre de que cuando no estaba de acuerdo con un lanzamiento, escarbaba con los spikes y les echaba tierra en los zapatos a los árbitros. Una noche empezó a discutir conmigo un lanzamiento y me echó tierra. Le aclaré: Oye, yo no soy como los demás. Y me volvió a echar tierra: ¡Te vas!, le grité. Pero si no te he dicho nada, me ripostó. Sí, pero los zapatos estos me cuesta mucho trabajo limpiarlos para que tú de gracioso me los vengas a ensuciar. Lo boté como tres o cuatro veces. A la quinta venía y me decía gagueando: Fí-fí, fíjate, yo no voy a e-e, echarte más ti-ti, tierra en los za-za, zapatos”.
Muy bien llega la cucharadita de azúcar cuando acompaña a un tema tan salado como el de los “pobres” árbitros, o para decirlo en términos beisboleros, Fulgueiras la ha botado con las bases llenas.