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Nicolás Guillén: el humor de un poeta

Leonardo Depestre Catony, 07 de junio de 2016

Que Nicolás Guillén, en su existencia, en su obra y en su anecdotario haya dado muestras de un humor abierto a las diversas situaciones de la vida, un humor en ocasiones sacrílego, de matices irónicos unas veces, de denuncia política en otros, resulta evidente para cuantos se acercan a leer su producción poética.

Pero sucede que son tantos los ejemplos de humor en la poesía de Guillén, que la selección se impone, y como toda selección, en el lector avezado puede dejar algún que otro sinsabor. “¡Ah, pero al periodista se le pasó recoger tales versos, que son muy simpáticos!” El periodista corre pues, el riesgo de no quedar bien con todos y se disculpa si tal sucede. De cualquier modo, les va un muestrario diverso del humor en los versos de Nicolás Guillén, con la certeza de algo: disfrutará la lectura.

Ya Nicolás ha abandonado los estudios de Derecho, regresado a su natal Camagüey y tiene 22 años cuando en la sección "Pisto Manchego", de publicidad comercial del diario El Camagüeyano, en su edición del 3 de agosto de 1924, escribe cuatro líneas plenas de humor acerca de una experiencia que hoy repetimos los cubanos a diario:


El calor las piedras raja,
todo en el trópico arde
y de mañana y de tarde,
suda hasta el que no trabaja.


Apunta el poeta y también camagüeyano Luis Suardíaz, que “sin proponérselo, el tono humorístico empleado aquí para promover el trabajo decoroso de un amigo, le sirve para iniciarse en la crítica social y distanciarse de los severos sonetos y de las elegías amorosas. A partir de ese momento su obra se enriquecerá con la sátira, la ironía, el humor, la malicia, sin que descaezcan o se abandonen los temas capitales de su tiempo”.

En Motivos de son, de 1930, aflora la sonrisa que acompaña a un discurso en el cual se entrelazan elementos del costumbrismo, el folclore, la denuncia social, el lenguaje pintoresco y pícaro. El negro como figura central se descubre también como objeto de discriminación y prejuicio. El poema titulado “Hay que tené boluntá” revela una tristeza apenas arropada por el humor:


Empeña la plancha elétrica,
pa podé sacá mi flu;
buca un reá,
buca un reá,
cómprate un paquete é bela,
poqque a la noche no hay lu.


En West Indies Ltd., de 1934, suerte de libro de transición entre la poesía negra y la social, el elemento popular deviene medio de expresión de crítica y denuncia a través de la ironía humorística. Puede parecer una farsa de la vida cubana, apuntalada por el ritmo inherente al verso guilleniano y la fuerza del vocabulario, en el cual la palabra irrumpe con sencillez implacable, como en este fragmento de agridulce sabor:


Me río de todos: del policía y del borracho,
del padre y de su muchacho,
del presidente y del bombero.
Me río de todos; me río del mundo entero.
Del mundo entero que se emociona frente a cuatro peludos,
erguidos muy orondos detrás de sus chillones escudos,
como cuatro salvajes al pie de un cocotero.


De La rueda dentada, 1972, resaltan algunos epigramas —hay para escoger— hilarantes, como este, en que el autor parece inspirado por una musa burlona:


Vas en mi corazón como un infarto.
Eres la pierna de que estoy cojo.
Eres el guiso de que estoy harto.
Te llevo en la cabeza, pero
como un piojo.
O igualmente este otro, del mismo cuaderno:
Aquel hombre
era Domingo
no solo por el nombre,
sino también porque era
triste, vacío
como todo domingo.
Era un Domingo que tenía
el alma de domingo.

Y como nada humano le es ajeno, Guillén, habitual del viejohabanero restaurante-bar La Bodeguita del Medio y además uno de sus ilustres firmantes en paredes y fotografías, le dedica un divertido soneto:

La Bodeguita es ya la bodegona,
que en triunfo al aire su estandarte agita,
mas sea bodegona o bodeguita
La Habana de ella con razón blasona.
Hártase bien allí quien bien abona
plata, guano, parné, pastora, guita.
Mas si no tiene un kilo y de hambre grita.
No faltara cuidado a su persona.
La copa en alto, mientras Puebla entona
su canción, y Martínez precipita
marejadas de añejo, de otra zona.
Brindo porque la historia se repita,
y porque es ya la bodegona,
nunca deje de ser La bodeguita.


Esta intención de fecundar la sonrisa en los dominios de la poesía y la prosa es una tradición que se remonta a los clásicos de la literatura de habla española, por lo que cuenta ya con varios siglos de existencia. Es también una manera de corroborar cómo el buen humor tiene cabida en las más serias expresiones de la literatura y el pensamiento. En el caso de Nicolás Guillén, autor seleccionado para recibir el primer Premio Nacional de Literatura, conferido en 1983, irriga su destacado quehacer en las diversas manifestaciones de la literatura y el periodismo.