Jorge Fernández, humorista de nuestra Era
No hace mucho conocí a Jorge Fernández Era (1962), siendo él directivo de la Editorial José Martí. Con anterioridad ya me había divertido con sus relatos de humor, y confieso que sentía cierta curiosidad por tropezármelo. Pero jamás esperé identificar a un humorista por su apariencia o talante: Jorge Fernández Era es, en su centro de trabajo, un muy responsable funcionario y un editor sencillamente brillante. Después de todo, lo cortés no quita lo humorístico.
Un vistazo a su bibliografía nos muestra cuán ajustados están, en este hombre, humor y producción literaria: Cincuenta cuentos de nuestro Era (1990), Obra inconclusa (1994), Cada cual a lo mío. Humor en bruto para gente no tan bruta (2013)…, sin contar la inclusión de relatos suyos en varias antologías, algunas de ellas publicadas en el exterior y en otras lenguas.
En Fernández Era, el humor es el resultado de una suspicaz capacidad para escuchar y observar cuanto acontece a su alrededor y, por supuesto, del talento, que después le permite trasladar a la página en blanco lo cotidiano, con el toque de mordacidad y crítica que provoca la sonrisa. Disfrútese este hilarante…
“Método mecánico para limpiar los asientos de las guaguas”
(Utilizable solamente en aquellas con asientos lisos y bien pulidos)
Primer paso: Todos los asientos de la guagua deben ser ocupados, no importa sexo ni edad.
Segundo paso: El chofer aumentará progresivamente la velocidad del ómnibus.
Tercer paso: El chofer dará un frenazo semibrusco, de manera que no sea la quijada, sino todo el cuerpo, el que se deslice por el asiento.
Cuarto y último paso: Se repite varias veces el tercero.
El método es infalible en el 100% de los casos, excepto cuando los viajeros se cagan en la progenitora del chofer.
El mejor elogio a las dotes de Fernández Era proviene del maestro y Premio Nacional de Humorismo Héctor Zumbado cuando años atrás expresó: “Maneja, y maneja bien, la ironía, ese sutil, inteligente y burlón recurso”, al tiempo que le reconocía estar “armado de un corrosivo y agudo sentido del humor, de un buen nivel cultural y de penetración sicológica, tres ingredientes básicos para hacer humorismo”.
Graduado de la licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana en 1991, Fernández Era fue miembro del grupo humorístico Nos y Otros durante una década, hasta su disolución en 1997. Periodista, corrector y editor, cultiva el relato breve y el minirrelato con éxito suficiente para haber ganado el primer Premio del concurso internacional de minicuentos, El Dinosaurio 2006.
“La niña y el periódico”
La niña llegó a la casa muy contenta, porque un periodista la había entrevistado a la salida de la escuela. Por eso la mamá, más contenta todavía, compró el periódico al día siguiente y buscó la primera página.
El pueblo opina. Ana María Valdivieso, alumna de cuarto grado: “Al analizar las profundas raíces en que se sustentan todos los problemas acaecidos en nuestro proceso, tenemos el supremo deber de sintetizar en nuestro subconsciente todo lo que fluye y emana de los valores propios de nuestra masa, avivando la eterna llama de nuestras convicciones”.
Por mucho que la mamá le dice que sí, que era ella, la niña sigue buscando todos los días en el periódico, para ver si algún día, por fin, salen publicadas las palabras que aquella tarde, a la salida de la escuela, dijo al periodista.
A Fernández Era le complace medir fuerzas con sus colegas de las letras y la relación de los premios y menciones alcanzados en concursos literarios prueba que no le ha ido nada mal en estos certámenes: premios en el Concurso 13 de Marzo de la Universidad de La Habana, en el Salón de Humorismo de la Upec, diez premios (cuando menos) de literatura en el Festival Nacional del Humor Aquelarre, en el Concurso de Periodismo de la revista Palabra Nueva del Arzobispado de La Habana, del Concurso de Literatura La Ciudad de las Columnas, Premio de Humor Carballido Rey de la Upec, premio Ceiba de La Habana, de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, entre otros, por no citar las menciones.
“Average”
Mi abuela vive en un tercer piso, segundo para los que no cuentan el de abajo.
Ella está suscrita hace años al periódico Granma, pero no todos los días lo puede leer. Y no es que se olviden a menudo de traérselo, el problema es que al que se encarga de esa labor le molesta mucho subir escaleras, y lo que hace es doblar el periódico sucesivas veces hasta que parezca un huesito. Luego le pone una soguita de lo más chula y lo tira desde la acera.
El balcón de la casa de mi abuela es lateral y se halla como a siete metros de la fachada del edificio y a otros siete metros de altura sobre el nivel de la calle. Si tomamos en cuenta además que el balcón tiene de ancho unos escasos 75 cm, concluiríamos que hay que tener tremendo control para no fallar el lanzamiento.
Es por eso que mi abuela no lee el Granma diariamente, porque el tipo de la distribuidora no es precisamente de los que gozan de buen control.
Y mi abuela me decía el otro día (abuela es una gente con tremenda chispa) que por qué no cogen a esos pitchers que se pasan toda una temporada en el banco y que tanto critican los narradores porque no tienen tenedor en su repertorio (gastronómicos les dice ella), y los ponen a trabajar en Copretel.
Así, alega abuelita, serían menos las veces que tendría que ver, jugando de lo más vivaracho con su periódico, al perrito del pasillo de los bajos.
Los tres relatos que acompañan a estos apuntes, ejemplos de crítica demoledora, confirman que Jorge Fernández es, nada de Era, un humorista de armas tomar.