En Worpswede
Estimado poeta Sergio García Zamora:
Las distancias son para mí más prolongadas y advierto que el mundo exterior es cada vez más una especie de vorágine donde no podremos descubrirlo todo. Medito por estos tiempos pues quisiera escribir algunos poemas en torno a las horas. Tomar de estos viajes que estoy realizando lo que me resulte intenso desde esa contemplación es lo que debo explorar. ¿La poesía como prolongación de un tiempo pasado? Dudo y vuelvo a indagar desde ese mundo externo que no logro entender, tal vez no lo entienda nunca.
Recibí por estos días su poemario Perro que aúlla con la dedicatoria “Para Rilke este perro de la poesía y para la poesía…” que me ha emocionado pues en estos trayectos a Worspswede he descubierto muchos en los pequeños poblados y hasta de un modo salvaje. Algo que lamento. Su libro resulta de interés, quizás por el modo en que aborda un tema que pudiera resultar intrascendente. Bien me dice Rodín, un buen libro siempre ofrece nuevas visualidades. Se apega usted a una poética bien explorada por Virgilio Piñera, por lo que utilizar como pórtico sus versos resulta loable. Así se replantea la condición humana desde la perspectiva de un animal.
Perro que aúllas, necesito un esclavo o un redentor.
Concédeme la gracia de serlo para mí.
Aúlla contra la noche, aúlla contra el universo.
Se abre paso a un universo donde el perro es solo un símbolo que replantea la figuración humana, se metamorfosea:
Soy el perro guía del trineo
Sobre la nieve ilusoria.
Los demás son animales de tiro,
Fuertes como yo, pero sin astucia.
Esa transformación se hace en carne y alma, de allí su aullido como catarsis por las circunstancias (sus historias aparentes).
Hay que ser un poeta de raza, un poeta legítimo,
Para que te lleven a pasear a las ferias del mundo,
Para que lagente te luzca y para que la gente te admire,
Pero, sobre todo, para comer un poco mejor.
Esa transformación es también un modo de alienarse ante la propia circunstancia, diría, su realidad. Experimenta estimado Sergio García una necesidad de reconocerse una y otra vez. Petulancias diría, pero la indagación alrededor de esa rabia que sale del animal nos mutila el cuerpo, nos trasmite rabia.
No obstante, agrega usted dos tiempos más dentro de este libro. Me refiero a los poemas que sostiene con el título A mano armada y un conjunto de textos con el título Poemas con neblina, que, si bien no guardan relación alguna con la idea que se concreta en el primer tiempo que le da nombre al poemario, nos resulta peculiar.
También tenga mi abrazo de este otro perro de la poesía, y para la poesía, algo más viejo que usted.
Rainer María Rilke