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Poesía de Idiel Alberto García Romero

Roberto Manzano, 23 de junio de 2016

Extrayendo jugo y vibración de las sustancias más olvidadas y profundas de nuestra isla, el poeta Idiel Alberto García Romero ha creado ya, a pesar de su juventud, una obra notable, que revela una vocación auténtica y bien dotada que irá sumando cada vez mayor plenitud humana y jerarquía artística.

Sus versos pulsan genuinos, sólidamente plantados en la composición, íntegros en la plasmación de las desgarraduras íntimas, y respirandesde los punzantes pulmones de nuestra época: leyéndole, o escuchándole decir sus poemas, no queda más remedio que admirar su poesía, espejo vivo de su condición humana.

La poesía de Idiel Alberto García Romero no es neocoloquialista ni bukovskiana, ni una energía que anhela agredir: es la comunicación estricta de un destino, el testimonio expresivo de un espíritu, la pizarra íntima donde se balancea la andadura que cree apasionadamente en el verso como el leal compañero del alma.

El lector ávido de verdad y belleza, y no de mera novedad o ultimismo a ultranza, debe leer la poesía de Idiel Alberto García Romero, pues en ella encontrará todas estas virtudes de expresión estética y ética. Sus cuadernos publicados muestran ya a un ser humano que ha definido su pupila y horizonte en el examen del universo.

                                                          Roberto Manzano

 

IDIEL ALBERTO GARCÍA ROMERO (La Criolla, Santo Domingo, Villa Clara, 1980). Poeta, promotor, narrador, crítico. Tiene publicados, entre otros, los siguientes libros de poesía: Los días de mi muerte (2007), El jardín de las delicias (2010), Cementerio de sombras (2013), Manual de las ilusiones (2015)… Aparece en numerosas antologías de poesía joven publicadas dentro y fuera del país. Ha obtenido diversas distinciones en los Encuentros Nacionales de Talleres Literarios, el Premio César Galiano 2011, el Premio Nacional de Reseña Crítica Segur 2012, el Premio Internacional de Poesía Ángel Ganivet 2012, el Premio Fundación de Santa Clara 2014. Miembro de la Asociación Hermanos Saínz. Fue Presidente de la AHS en Villa Clara. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Los textos presentados han sido escogidos de su cuaderno lírico ganador del Premio Fundación de Santa Clara, Manual de las ilusiones.




VIDA


Vivir es apenas poco
cuando el morir es descanso
navegando en el remanso
metafísico del loco.
¿Malvivir con el sofoco
de la llama que se espanta?
A veces la abulia es tanta
que no se puede nombrar
y nos volvemos a ahogar
con el grito en la garganta.



NOSOTROS


Nosotros, los decadentes,
nuevos hijos del despecho
que vamos dándole el pecho
a los dardos, inocentes.
Nosotros, inconsecuentes,
sin saber cómo se aferra
la espada para la guerra
en las márgenes oscuras.

Nosotros, las criaturas
más cobardes de la tierra.



SEGUNDA ILUSIÓN


Yo era niño. Yo era Dios.
Vivir apenas dolía,
pero la negra sequía
zanjó de un tajo mi voz…
Solo me quedó un adiós
lejano, como alarife
bajo la piel del esquife
de Caronte, toqué fondo.
Mi vida, otro pez redondo,
que va a dar al arrecife.



GROTESCO


¿Adónde emigró el auriga
de la espalda de mi padre
que no salió en el encuadre
de este papel con fatiga,
y su mano, dulce ortiga
en mi hombro, y su consejo
escondido en el reflejo
de la navaja del ron?

Mi padre es una invención
degollada en el espejo.



TERCERA ILUSIÓN

                          Para los jóvenes de La Criolla,
                          que ni siquiera tienen un terreno de pelota
                          donde batear sus miserias.



Soy un animal sediento
dentro de un vaso de alcohol,
y voy, como un caracol
que se arrastra sobre el viento;
apenas salir intento
de la jaula de los dones,
me encuentro con las razones
de ser un hombre suicida,
atrapado sin salida
en un mundo de ilusiones.



RETRATO


Mi madre siempre cansada
de la ebriedad, de la noche,
y el mal soñado reproche
de otra serpiente emplumada.
Con un hilo en la mirada
mi madre buscaba un luar
para después escapar
al huracán de la espera.
Mi madre, frágil quimera,
jugaba con el azar.

El hombro carmín vertía
en la piel casi abismal,
y el corazón: un cristal
sediento de algarabía,
y su mano: piedra umbría
que lanzaba la deshora
de los años a la aurora,
y su voz: extraño rezo
dramático. Como un preso,
mi madre, cansada, llora.



MONÓLOGO DE HAMLET FRENTE A LA SOLEDAD


¿Quién soy o seré: la inmunda
involución de un mal simio?
¿Por qué razón soy el nimio
que inventa tierra fecunda,
y una tristeza, rotunda,
en mi noción del ayer?
Soy un muerto que al volver
de su estado primigenio
apareció en un milenio
sin poderlo comprender.
¿Por qué recuerdo lo ido:
un padre que fue de arena,
y una mujer, luna llena
apagada en el oído?
Soy un animal de olvido,
de quiebros perniquebrado.
¿Quién soy ahora? ¿Ha llegado
el sueño del paraíso,
o voy, pez escurridizo,
a olvidarme en el pasado?
¿Quién soy sino vil reflejo
del que no será mañana?
¿Quién me empuja tras la vana
cicatriz en el espejo?

¿Fui o seré? Ya el otro es viejo.
¿Fue o será? ¿No hay una clave
o antes de que todo acabe
de acontecer lo sabré?
¿Quiénes somos? ¿Y por qué?
¿Y dónde? ¿Y cómo? ¿Y quién sabe?



HOMBRE


Hombre, vanidad con forma
de suicida, mal Narciso,
un ave del paraíso
que el paraíso deforma.
Preso por su misma norma
se cree, vanidoso, dios.
Ángel caído y con tos
en el alma. Ángel futuro
penetrando en el oscuro
laberinto del adiós.



CUARTA ILUSIÓN


Encerrado en el averno
como Buda en el nirvana,
convivo con el mañana
y anhelo alcanzar lo eterno.
A las puertas del infierno
viendo la nieve caer
converso con Lucifer
que dentro de mí se esconde,
sin saber cómo ni dónde,
cuándo ni por qué volver.



QUINTA ILUSIÓN


Sobre mi casa hay un muerto,
es negro mi muerto, lloro,
me refugio en el azoro
de fundar otro desierto.
Temo haberme descubierto
sobre mi casa. Otro abismo
hijo del romanticismo.
Otro muerto que mal muere.
La vida solo nos hiere:
yo soy mi propio espejismo.



SEXTA ILUSIÓN


Pasa mi sombra vestida
de esplendor y decadencia
rumiando la consistencia
incorpórea del suicida.
Así se va, malherida
por la muerte que viví,
presa del mar del aquí
mi sombra se va hacia Dios.
y escucho, mientras, mi voz
despidiéndose de mí.



SÉPTIMA ILUSIÓN


Alzo mi voz sobre el mundo
como el que espera un milagro
y levito sobre un magro
camino de sangre, hundo
mi voz en un sueño inmundo:
la promesa de lo escrito.
Alzar la voz es delito
en un tiempo de muñecos.
Converso con hombres huecos
tan vacíos de infinito…



OTOÑO


El bosque parece enfermo
en medio de la marea
que lo acosa
/y lo golpea
/y lo encierra
/y lo hace yermo.

El bosque es un paquidermo
con todas las ramas cojas.

Se van las hojas, las hojas
huyen del tronco podrido:
se van, como el ciervo herido
que teme a las fauces. Rojas.