Últimos días en La Habana o Chupa Pirulí
Fernando Pérez es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de La Habana y miembro ilustre de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Desde muy joven, mostró marcado interés por el séptimo arte, y consecuentemente, comenzó a trabajar en el ICAIC, donde desempeñara las más disímiles funciones hasta que, por fin, tuvo la oportunidad de dirigir, que era —y es— su más caro anhelo, hecho realidad para beneplácito de la cinematografía insular y de otras latitudes geográfico-culturales.
El Rey Midas del cine cubano actual es el director de las películas Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana, El ojo del canario,1 y La Pared de las Palabras.2 Según varios críticos (entre los que se encuentra el autor de esta crónica), Fernando Pérez deja hondas huellas en la mente y en el alma de los amantes del séptimo arte con la mayoría de sus creaciones audiovisuales, y es —hoy por hoy— el cineasta caribeño vivo más relevante.
Últimos días en La Habana… se estuvo filmando durante seis semanas en el barrio Los Sitios, enclavado en el corazón del municipio de Centro Habana, como principal escenario que le sirve de trasfondo a ese largometraje, signado —fundamentalmente— por su impecable factura estético-artística.
Ese drama, con pinceladas humorísticas, relata la historia de dos vecinos y amigos, Diego y Miguel, interpretados por los actores Jorge Martínez (La bella de la Alhambra, Alicia en el pueblo Maravillas), y Patricio Wood (El Brigadista, Guardafronteras, La Emboscada3), respectivamente. A esos dos grandes artistas los identifica la excelencia artístico-profesional con que enfrentan cualquier reto, tanto en la pantalla chica, como en el séptimo arte.
El elenco actoral lo integran, además, Coralia Veloz, Ana Gloria Buduen y Jorge Molina, quienes se caracterizan por la calidad técnico-interpretativa que los distingue en cualquier medio donde se desenvuelvan, mientras al frente de la dirección de fotografía aparece — ¿quién si no?— Raúl Pérez Ureta, Premio Nacional de Cine
Últimos días en La Habana… desarrolla la relación afectivo-emocional que establece con el entorno y sus familiares, Diego, un gay que se encuentra en la etapa terminal de la vida, como consecuencia de una infección letal por VIH/SIDA.
Más allá de la tristeza que genera en el público por el desgarrador tema humano que trata, la película narra vivencias relacionadas con la amistad, las aspiraciones y los sueños de los vecinos que viven, aman, crean y sueñan en un popular barrio habanero, donde —por derecho propio— el cubano de estos tiempos deviene el verdadero protagonista.
Editado por Heidy Bolaños
Notas
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