Carmen en la pantalla chica
La novela, escrita por Próspero Merimée (novelista romántico francés) en 1846, está ambientada en una España exótica y romántica. La música para Carmen, elaborada en principio por Georges Bizet y con los arreglos posteriores de Rodion Schedrin, es de profunda condición expresiva y se pone al servicio de la acción dramática, y al inmenso sentimiento humano.
El elenco de esa joya de la danza universal, cuya versión fuera estrenada en 2015 por el Royal Ballet, en la Real Opera House de Londres, lo integraron Gabriela Lugo (Carmen), Enrique Corrales (Don José), Luis Valle (Escamillo), Alejandro Silva (Zúñiga), Carlos Luis Blanco (Destino), el artista hispano, don Rafael Camargo, la cantaora gitana, doña Genara Cortés, y miembros del cuerpo de baile (pueblo donde se desarrolla la trama de la obra).
Ante todo, habría que destacar la excelencia artístico-profesional de la bailarina Gabriela Lugo, quien seduce a don José y al torero Escamillo, a quienes hechiza con la sensualidad y el gracejo que la identifican en el proscenio; traición que la lleva directamente al encuentro con Tanatos (la muerte, en el vocabulario psicoanalítico ortodoxo), a manos del despechado oficial de la guardia civil española.
Enrique Corrales y Luis Valle juegan con la técnica académica, sin transgredirla un ápice, y al mismo tiempo, demuestran que han asimilado e incorporado a su original estilo de danzar los indicadores fundamentales en que se estructura el complejo arte de la interpretación teatral; recursos básicos indispensables que, al igual que Gabriela Lugo, intelectualizan y espiritualizan para ofrecerles a los baletómanos lo mejor de su yo artístico.
Los miembros del cuerpo de baile se adaptan —con gran plasticidad— a las exigencias técnico-interpretativas y estilísticas de la obra llevada a escena por la compañía Acosta Danza.
Por otra parte, el personaje del toro se convierte, por el talento del excepcional bailarín y coreógrafo, en la muerte, la cual acecha a Carmen hasta el momento en que es victimizada por don José, quien se arrepiente, en el acto, de haber ultimado a la mujer que amaba con todas las fuerzas de su ser…, a pesar de todos los pesares.
La versión coreográfica de Carmen, realizada con impecable factura estético-artística por Carlos Acosta, deviene una fusión de ballet clásico, flamenco y danza contemporánea, que acariciara el intelecto y el espíritu de quienes decidieron quedarse en casa un domingo por la noche para ver escenificada en la pequeña pantalla una lección magistral de danza e interpretación teatral (dos caras de la misma moneda).
Editado por Heidy Bolaños