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Los 400 nuevos soles de Cindy Jiménez -Vera

Margarita Lozano Parrilla, 14 de agosto de 2016

La poesía es la reversión de lo que la política, la sociedad, la religión o la tecnología llaman modo de vida. El sentido de la vida no se busca a través de la evasión o el cumplimiento de determinadas normas sociales que parecen un menú servido para equis cantidad de comensales en cada época o país. La poesía, redentora, nos provoca el crecimiento interior, el tiempo que no decrece.

400 nuevos soles, de Cindy Jiménez-Vera, ha sido publicado por Ediciones Aguadulce en el 2013, Ediciones Cartonera en el 2014 y Ediciones Aguadulce nuevamente en el mismo año. Es un libro de corta tirada, realizado de forma artesanal, lo cual es el dato curioso y uno de sus méritos. Cartón grapado y periódicos entintados para grabar imágenes pintorescas que parecen producidas en photoshop han sido los materiales rústicos y a la vez hermosos utilizados para hacer un libro delicioso al tacto, la vista y el oído. Los poemas en prosa de carácter conceptual tienen un sonido apresurado, experimental, como de una banda de heavy-metal o una brisa en el oído apesadumbrado por los ruidos de la ciudad.

Cindy Jiménez-Vera (San Sebastián del Pepino, Puerto Rico, 1978) es poeta. Ha publicado diversos volúmenes de poesía como Tegucigalpa (Ediciones Aguadulce, 2012/Erizo Editorial, 2013), 400 nuevos soles (Ediciones Aguadulce, 2013/Atarraya Cartonera, 2014). Es editora creativa de Ediciones Aguadulce, bibliotecóloga y profesora universitaria. Tiene un blog: apocrifosinfalbles.wordpress.com.

La prosa poética rebelde y desenfadada de Cindy Jiménez no intenta hacer una crítica social, sino más bien adentrarse en los vericuetos psíquicos del ser humano (la mujer) y su deambular en una selva citadina, donde el reloj marca la toma inmediata de decisiones y el concepto de madurez y solvencia rigen el mundo.

400 nuevos soles alude al poema de Vallejo “XLVIII” y a la moneda del Perú, pero se trata de algo más que una crítica a las clases sociales. Es un canje humanitario realizado en una sociedad donde se espera siempre un beneficio a cambio de un favor. El sol es eterno como no lo es la forma del dinero que muta, y muchas veces no es real, pero se hace imprescindible para garantizar esa felicidad tangible que otorgan los objetos que hacen la vida cómoda y alegre, atrae a amantes y amigos y crea ejes de estabilidad como la sucesión a través de los hijos y la seguridad mediante el trabajo. Pero “La seguridad es una ilusión/como los lagos de la isla”, esa ínsula interior, ciudad vertida en la ciudad. El miedo acecha y echa garras al hogar, nido de amor, útero sin hijos, habitáculo ausente de bienes, cada vez más ausente mientras la variabilidad del sol metálico o de papel hace que el riesgo del equilibrista los haga arder en el miedo.


El poema que inicia el libro y le da título, hace un rejuego irónico sobre las noticias de los periódicos y la televisión y cómo engarzan en el alma de una pareja soñadora y desesperada. Escrito en un tono que va de lo impersonal del documento oficial al satírico de la poeta parece estremecer en un su ritmo numerológico, que nos recuerda al tic-tac de un viejo reloj de cu-cú que marca el tiempo de las posibilidades e imposibilidades y adentro apresada el alma de la mujer y su esposo, balsa salvadora en la desgracia.

Un periódico latinoamericano informa que Perú ofrece una bonificación de 400 nuevos soles a los empleados de gobierno que obtienen un grado universitario. Tengo tres de esos.

El dinero repartido entre comida, luz, agua, teléfono, parece una burla, donde el perro se muerde la cola entre comprar, vender, subsistir. Es interesante como subyacente en el discurso lírico el tema de género tratado sin rencor o burla, el hombre y la mujer se hacen un yo sexual-amoroso, donde por momentos se invierten los papeles:

Él, despedido de una compañía que se fue a la quiebra. Yo, con dos trabajos que no suman uno, un vientre despoblado de hijos y algunos poemas con pocas palabras.

El poema es un eje orgánico donde los cuerpos se funden con el elemento natural u objetual, asidero de lo cotidiano. Más adelante cierra el poema:

Los bancos no saben de conversión de monedas. 400 nuevos soles es más de un año de amaneceres.

La poesía y el sexo, hacedores proteccionistas del cuerpo y el alma, son los espejos remunerativos de las desgracias como confirma el poema “Mitopoiesis”:

Aquel día llegó con una carta de desalojo en las manos. Fue así como el horno, las gavetas, las cortinas y los zapatos dejaron de aparecer en esos poemas domésticos.

Los poemas son domésticos, la fuerza abstraccionista materializa el problema. Así los objetos viejos, rotos, sucios, se hacen queridos por imbricar recuerdos, esfuerzos en común, compañía a través del paso del tiempo. La cotidianidad y el amor decodifican la cosidad que acompaña la crítica a la tecnología, lo que hace que la autora no sea detractora del avance científico-técnico ni desconozca la belleza de lo popular-citadino, sino que aprehenda el placer de lo objetual por su beneficio no por ser portador de un status quo, y lo lleve al enternecimiento de lo propio ganado con el esfuerzo, personificándolo.


                                                         

                                               Ob(soles) cencia programada

Un mes después de vencida la garantía de la computadora, el botón de encender decide hacerme caso omiso. Desisto. No enciende. La llevo al taller de reparación. Arreglarla cuesta más que comprar una nueva. A mis afectos no los desecho como a los viejos amantes. Rehúso dejarme seducir por las ofertas de modelos nuevos. Soy feliz con mi nueva deuda por servicios prestados y con la tranquilidad de seguir manoseando a mi máquina de siempre.

La antítesis entre nuevo—viejo, más dinero—menos dinero, revierte el concepto marxista del dinero circulando y el intercambio de mercancías. Intenta mantener a todo costo la vieja computadora, ya no por la baratura del arreglo, sino por los recuerdos que entraña, más importantes que un viejo amante y la hacen burlarse de una nueva deuda, que parece costumbre. La crítica al concepto de desechar lo viejo por nuevo que se aplica a veces a las personas es utilizado para reivindicar al ser humano a través de un objeto utilitario, poético más por uso que forma, y la necesidad de cambiar el mundo aunque sea con un pequeño gesto de permanencia por aquellas cosas que resultan imprescindibles en un momento, pero son portadoras de lo efímero de la moda y la utilidad.
Lo efímero de la existencia humana y la renovación a través del legado de los hijos es visto muchas veces como una imposición social. Para la autora, sin embargo, es un ente creacionista, una armadura espiritual que puede ser reemplazada por la poesía, el alargamiento del presente mental o pequeños detalles de lo cotidiano, no a veces sin un gesto de dolor. En el poema “Día de las madres” se contempla:

Felicito a todas las compañeras
que no son madres
por elección.

Se puede apreciar el interés de género donde una sociedad considera a la mujer objeto utilitario para la maternidad e incompleta si no cumple con ese dogma. No debe verse como un poema iconoclasta contra el acto de crear un hijo y lo afirma al final al verter el amor que no da al hijo en su propia madre:

Y a mi madre por las habichuelas
con exceso de comino y poca sal.


La cocina, imagen de la vida doméstica, hacedora de sustento y vida, es una metáfora recurrente ante la ausencia de hijos. En el poema “Sunny side up” se observa esa contraposición de planos metafóricos:

Me paro frente a la nevera vacía y oigo anoche soñé que teníamos un bebé (…)

La miseria material forma parte de la incompleta familia, aunque no atraiga a la miseria espiritual y el lamento se conjuga con la angustia del hambre. El vacío del hijo es cubierto por el esposo a través del sexo no fecundo como en el poema ”Al salir de la segunda jornada de trabajo a las nueve de la noche ella le dice al marido”. Entonces hay un tajo temporal, un silencio cargado de significados y empieza la única frase en diferentes tipografías “prende la luz que quiero verte”, frase que se acorta hasta terminar “prende”, donde el eros es el sol de la intimidad, la poética del culto al cuerpo del amado, no enaltecido en bellos parajes, sino como el abrazo redentor luego de un largo día.
Los anuncios de periódicos, pastiches, palabras reiteradas, son collages dentro de la ductilidad textual que utiliza la autora para transmitirnos un grito espiritual estilo Munch en una ciudad de bullicioso silencio. Es un andar sola en medio de muchas personas, la casa es refugio y la metáfora luz-sombra se reitera.
 

 

 

                                          Luz solar

La que queda cuando los interruptores de electricidad
Suben y bajan suben y bajan y bajan y suben y bajan


La poesía es tratada con misticismo metafísico, distinto a la militancia religiosa que también critica. Contrario al opio de los pueblos, ofrece el desayuno lírico en un mundo donde se evade la realidad con audífonos, que alienan de la comunicación con los otros, donde la ternura queda en un cartón de huevos o donde una cena con berenjenas guisadas guarda la sonrisa de ese día.

Los poemas de esta autora a pesar de ser narrativos no buscan contar una historia, sino mover a la sensibilidad. Son inyecciones de risa, angustia, duda. Es un texto raro, psicológico, donde se juega con el lenguaje resaltando palabras, desorganizando los versos a gusto. El lector no puede ser pasivo, muchas veces la imagen mental completa el significado de la palabra. No se trata de un texto fácil para lectores de domingo, sino un ejercicio intelectivo que recuerda lo más vanguardista de la tradición latinoamericana. Es sobre todo una propuesta muy juvenil y necesaria para estos tiempos donde los soles efímeros dejan ver poco al inapresable ni por ábacos, calculadoras o relojes, pero siempre del compañero de los días del hombre y la mujer.