Nicolás Guillén le da los Buenos días a Fidel
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La editorial Sensemayá de la Fundación Nicolás Guillén acaban de presentar su segundo título, dedicado en este caso a los 90 años de Fidel Castro. Se trata de una compilación de las referencias al líder revolucionario en el conjunto de la obra del Poeta Nacional.
Se reúnen en Buenos días Fidel treinta y tres textos: diez de ellos son poemas y veintitrés están escritos en prosa, de los que siete solo incluyen los fragmentos en que es mencionado Fidel. Todos fueron publicados entre 1959 y 1984, buena parte en el diario Hoy, tras su reaparición luego de la caída de la tiranía batistiana. De este modo, tenemos ante nosotros no solo al poeta sino también al periodista, zona de la escritura de Guillén a menudo olvidada a pesar de su volumen y de su indudable altura literaria.
Algunas constantes caracterizan las menciones de Guillén a Fidel, varias de ellas propias de su sistemático ejercicio periodístico y también de sus versos.
Quizás la más frecuente de esas características sea la relación con la historia de Cuba. Hechos, problemas y personalidades de nuestra historia son empleadas por Guillén de diferentes modos, siempre con los propósitos de contextualizar sus opiniones y a la vez mostrar la ilación del proceso histórico formador de la nacionalidad. Me atrevería a afirmar que toda su obra es una especie de obsesión por entender la nación cubana, bajo la lente deseosa de que esta ampliara sus matices, con el fin de pelear por el fin de sus atavismos, retrancas e injusticias.
Desde tal punto de vista, es lógico que Fidel aparezca una y otra vez en sus escritos como personalidad esencial de una época de rescate y desarrollo de los valores y los intereses genuinamente nacionales. Así, en el escritor, el dirigente político es fundamentado por la coherencia del decurso histórico.
Por eso es frecuente que ese recurrir a la historia se vuelque casi siempre hacia los héroes de la independencia como ejemplos a seguir y hacia la República inaugurada el 20 de mayo de 1902, tan lejana de las nobles aspiraciones de aquellos. En consecuencia, José Martí aparece a menudo como el guía, mentor de Fidel y del giro histórico ocurrido a partir del 1º de enero de 1959.
En un artículo titulado “En este 26 de julio”, publicado el 25 de julio de 1965, afirma Guillén: “Él, Martí, llena con su espíritu, con su clarividencia nuestra revolución.” Y continúa reconociendo desde esta matriz la originalidad del nuevo líder: “Fidel Castro le comunicará en seguida su personal dinamismo telúrico, elevándola al nivel de nuestro siglo, armándola del marxismo-leninismo, convirtiéndola en fuerza invencible y juvenil". (p. 104)
Claro está que Guillén no pretende entregar un discurso historiográfico. Su deseo no es demostrar mediante el análisis y el examen pormenorizado de hechos, procesos y personalidades, por más que su recurrencia a ellos les dé apoyatura a sus afirmaciones. Por eso, ni su intención ni su lenguaje son académicos, sino que se mueven en el mejor sentido de la imagen literaria, no solo en sus poemas sino también en su periodismo, ambos surcados una y otra vez por el habla popular, destacado rasgo indicador de la original maestría de nuestro autor.
Así lo hace en “Se acabó” (p. 116 y 117), ese poema que comienza con una frase muy repetida, quien sabe si a veces sin conocer de donde se ha tomado: “Te lo prometió Martí/ y Fidel te lo cumplió”. Eficaz síntesis de la íntima relación entre ambos hombres en la historia cubana, completada cuando en otro momento del poema se invierte el orden de los protagonistas y se dice: “—Vino Fidel y cumplió / lo que prometió Martí".
Otro ejemplo del uso inteligente de la historia se trata del artículo “Dos fechas”, publicado en Hoy el 19 de mayo de 1959, donde Guillén pone frente a frente el 19 de mayo de 1895 y el 20 de mayo de 1902: la muerte de Martí por una Cuba libre frente al nacimiento de la República castrada por la Enmienda Platt. Sin dudas es un texto de opinión, de opinión patriótica: el autor quiere demostrarnos su filiación con el primer hecho y su rechazo al segundo. El 20 de mayo, dice, “no es un día auténtico en nuestro almanaque cívico”; el 19 de mayo “sí lo es para el dolor patrio".
Se trata este de un escrito motivado por una reciente comparecencia televisiva de Fidel en que el entonces primer ministro señaló que la fecha que marca la instauración republicana no marcaba, sin embargo, nuestra independencia. Guillén se vale de la comparación con la muerte en combate del Maestro, para apoyar el juicio de Fidel mediante ese contraste, recurso que probablemente no emplearía un historiador, pero indudablemente valedero y convincente por su simbolismo.
Mas, para que no haya dudas de la racionalidad de su postura Guillén dedica un párrafo en que ofrece elementos del análisis histórico caracterizador de la etapa republicana prerrevolucionaria, y que solo cito parcialmente: “el conformismo desolado, la impotencia previa, el fatalismo geográfico ante los Estados Unidos, y por ende nuestra sumisión política y económica a tan poderoso vecino".
Ese artículo es una muestra más de otra de las características de la práctica del diarismo por Guillén: tratar lo inmediato, el tema del día. Guillén se pasea por el suceso menor y también por el gran acontecimiento, por cierto, siempre opinando y sin hacer concesión alguna de su calificado estilo propio.
Entre los grandes acontecimientos, menciono algunos en que Fidel fue protagonista directo o cuya acción es destacada por el periodista. El viaje de Fidel a Argentina en 1959, la entrega del antiguo cuartel Moncada convertido en Ciudad Escolar 26 de Julio en 1960, la explosión por un sabotaje del barco La Coubre en el puerto de La Habana, la nacionalización de la petrolera Texaco y el viaje de Fidel a la ONU ese mismo año, la entrega del Premio Lenin de la Paz a Fidel en 1961, la Segunda Declaración de La Habana en 1962 y el viaje de Fidel a la URSS en 1963.
Leer los artículos acerca de hechos ocurridos hace ya muchos años nos revela hoy su valor como crónicas, de indudable utilidad para la comprensión de la época en que ocurrieron.
Debo insistir en la unidad y la calidad estilística de Guillén, apreciable sin duda alguna cuando se hace una lectura continuada lo mismo de sus poemas que de su periodismo. En este último caso, a menudo se justifican desde la información y la apreciación erradas, y hasta el error gramatical o la pobreza de la lengua y sus recursos, por la necesidad inexcusable de la prensa y de cualquier medio de periodicidad diaria de partir del suceso o del asunto de cada día. Sin embargo, tal característica no se encuentra en los textos de Guillén, quien, con clara conciencia de su obligación de comunicar y de opinar con inmediatez y para un público lo más extenso posible.
Copio, a guisa de ejemplos, dos momentos en que su prosa va más allá del lenguaje directo para codearse con la más rica imagen literaria. En un artículo en que aprecia con singular tino la novedad del estilo político de Fidel, afirma: “Marx hubiera aplaudido hasta hacerse sangre en las manos” (p. 63). Y cuando comenta el discurso de Fidel en la ONU señala que durante cuatro horas y media estuvo “mandarreando sobre la cabeza del imperialismo” (p. 65). En la primera frase, un giro —“hacerse sangre”— del más puro clasicismo de la lengua castellana; en la segunda el gerundio que nos suena a expresión callejera eficazmente asumida por el escritor.
¿Están lejanos estos ejemplos de la imagen algo surrealista en el poema titulado “Tierra en la sierra y el llano”?. Allí dice: “Con Fidel que me acompaña/ con Fidel verde y florido".
Hay un tercer elemento que da continuidad al pensamiento de Guillén: algunos de los grandes temas de su obra toda aparecen relacionados con sus referencias a Fidel. Destaco varios de ellos, reiterados en varios de los escritos incluidos en este libro.
Su concepto de mestizaje, clave en Guillén para afrontar en su real naturaleza el problema racial que ha divido a la sociedad insular desde los tiempos de la esclavitud.
Al comentar las ideas expresadas por Fidel en 1959 ante la televisión en cuanto a la discriminación laboral hacia el negro, Guillén defiende el mestizaje como resultado no solo de una mezcla física sino, y sobre todo, de los aportes culturales de todas las fuentes que han formado el país. Y concluye así: “Por eso en Cuba es mestizo el blanco, es mestizo el negro y es mestizo… el mestizo” (p. 23).
Su comprensión, muy de avanzada entonces de la significación económica de la cultura artística y literaria que lo conduce a adscribirse a los criterios en tal sentido manifestados por Fidel en una comparecencia en el programa televisivo Universidad Popular.
Su perspicaz señalamiento de la capacidad de Fidel por innovar en la política cubana en su enfrentamiento al imperialismo estadounidense: “La técnica política yanqui es una antigualla venerable, una pieza de museo, frente a los métodos de Fidel, que nacen de la propia vida” (p. 63).
Su espíritu patriótico, que lo hace sentirse orgulloso de las palabras de Fidel en las Naciones Unidas, voz que estremeció la época por su antimperialismo: “Había un hombre allí, expresándose al fin en nuestro mismo lenguaje popular, y lo hacía con plena independencia. (p. 65)
Su singular concepto de la poesía, reiterado en varios de los textos seleccionados, concepto que no encierra él, tan alto poeta, en los márgenes de las letras, sino que los extiende a la propia vida, para de ese modo calificar de poesía a la obra revolucionaria encabezada por Fidel.
“Es posible que Fidel Castro no haya escrito nunca un poema, pero nadie osaría negar la grandeza épica y la ternura lírica de toda su obra revolucionaria, que es una vasta epopeya, como ningún poeta ha escrito en Cuba jamás hasta hoy ".
Finalmente, las 125 páginas de Buenos días Fidel complementan muy adecuadamente los textos de Guillén con trece fotos, más la de la cubierta, muy bien seleccionadas que recogen momentos claves de la vida de Fidel Castro, incluidos algunos de sus muchos encuentros con el escritor.
Buenos días Fidel, ese saludo mañanero que Guillén diera al líder de la Revolución cubana en el mismo año de 1959, es indudablemente el “libro útil” que Nicolás Hernández Guillén, el presidente de la Fundación dedicada al escritor, prometiera desde sus palabras en la Introducción del libro.
Editado por: Dino Allende