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Los antihéroes del tedio en Todo menos trabajar

Margarita Lozano Parrilla, 14 de septiembre de 2016

Para nosotros, los antihéroes del tedio, la poesía no se reduce a una profesión. De ser así se circunscribiría a ocho horas del día de tortura por ganar unos pesos para garantizarse unas cuatro o tres horas de ser uno mismo. Pero con la poesía se está las veinticuatro horas, con la poesía, informo, se es uno mismo. No es necesario fingir, ni sacrificarse, sale de los mismos velos del corazón, se revela.

Poesía es una sola, pero poetas hay muchos. Algunos pueden desvalijarse de las pompas de oradores y hablar con el corazón del pueblo, que no necesariamen-te es ser popular. La incomprensión antecede a la marginación, por eso la poesía (sobre todo determinada doctrina poética) es marginada. A veces al quitarse el cetro y el manto purpúreo, el hombre común disfruta de lo cotidiano, se regodea desde el hastío.

Todo menos trabajar, libro del mexciano Ricardo Limassol, es un libro artesanal publicado en Juan Malasuerte Editores. Es un libro para el disfrute de unos pocos, ya que no requiere de la pompa de los premios y críticas, sino que está editado entre amigos. Es una propuesta fresca para el fin de semana, que sin carácter de sermón y satírica desde su título, amenaza con quedarse en la mente de los lectores durante días, meses y años. El autor sabe impregnar con su juventud un hálito de esperanza epicúrea en una sociedad saturada de obligaciones.

El estilo coloquialista, la reiteración, la burla, la inquisición que hace de su filo-sofía el paradigma de la duda, caracterizan un libro escrito con puntación y orto-grafías caprichosas, como un concierto de rock o una tarde en el Café Habana. Latino hasta las raíces, rebelde con muchas causas. Su autor ofrece una carcajada a la lágrima de estos tiempos, con una rapidez lingüística muy a tono con la forma de leer de la actualidad.

Temas céntricos pueden ser el económico, la falta de hijos, la desmotivación y abulia que se torna la peor de las cárceles. Alusiones a poetas y escenarios famosos se contraponen con escenas de la cotidianidad.

RAYMOND CARVER PODRÍA DECIRLO MEJOR PERO ESTÁ MUERTO

Murió el día que cumplí un año de nacido
Algo en común
también me gusta hablar de cosas sencillas

Sarcasmo del comienzo, donde se trata de la historia del poeta sin palabras, que duda de su talento y se enfrenta a una mediocridad mundanal contra su pericia la-boral. Sin embargo, está salvado por la intencionalidad sentimental de sus versos.

Escribir sobre gente simple
¿qué le pasó a la chica que llora en la acera de enfrente?
¿a dónde se dirige esa señora con tanta prisa?
Simplemente eso
y nada más.

Se trata de la poesía de la sencillez, hecha para atrapar el instante en su sentido más impresionista, como revela en su poema “Manet son las personas y Monet son los paisajes”. Con la técnica de los pintores impresionistas, Limassol crea manchas de luz, verbos que en su conjunto forman un paisaje y por separado develan rostros vívidos de la ilusión y la desilusión de la búsqueda de sí mismo y la huída del límite que constituyen la tesis de autor.

La infancia idealizada y redentora es tal vez la personificación del hijo no concebido al verse a sí mismo como un niño indefenso en sus emociones que observa el mundo como si lo viese por primera vez y anhela atrapar cada instante.

Mi primer recuerdo de la infancia:
una pelea de gallos
Fui con mi abuelo
su amigo encendió la camioneta con un desarmador
Recorrimos un camino largo
hasta llegar al lugar del encuentro
Pobres gallos pensé
¿para qué los ponen a hacer esto?(…)

                                  “Los cadetes de Linares en la radio”

Escribir parece la única salida para la desmotivación, la sensación de la muerte en vida. Escribir más que un ejercicio mental parece físico, la poesía es la mujer, se personifica, es utilizada a modo de terapia.

Antes de escribir
no tenía propósito en la vida
y por eso me quería morir (…)

                               “Preciosa precisión”

En una sociedad donde todo tiene valor de uso o de cambio la poesía es lo único no intercambiable, también lo único intemporal, revierte los valores de “tiempo es dinero” al detenerse a mirar una estrella o tomar un helado, es el regusto por la vida sin el sentido del éxito, sin el motivo o el por qué, sólo el placer de disfrutar cada instante otorgado.

Son casos raros
pero ocurren
Cuando el joven lame el helado
debe completar un difícil aprendizaje
Aguijonear las mentes
recordar los libros de poesía que están en los estantes
escoger el más oscuro y angosto
Nada mejor que este minuto
--el cambio de una cosa temporal por una espiritual—
cargado de secretos (…)

                        “Siempre que la conversación sea sincera no se puede desaprobar”

El poeta es el raro, el que se empeña en realizar una función a la que no se le ve “productividad”. En estos tiempos de promoción de la lectura y donde los CDs y DVDs sustituyen la palabra impresa, donde el sentido de querer sin esperar re-compensa es tan cuestionado y donde las relaciones sociales ya no son tan huma-nas y se circunscriben más es bueno ver cómo la rebeldía no tiene por qué ser ico-noclasta. Se trata del rebelde con causa, la de edificar, la de convertir desde lo prístino y minimal al hombre nuevo que no es el desarrollado con el avance tec-nológico solamente, sino aquel de las cavernas que construyó poco a poco el uso de los sentimientos y la inteligencia emocional.
La poesía también es vista como trabajo intelectivo para quien se niega a un se-gundo trabajo “monetario” tan exigido por todos.

Presto el mejor de los servicios quedándome en casa
las famosas espinas eran estructuras de queratina
la seguridad externa es una ilusión (…)

                        “No me explico que no haya acabado en prisión”

El título satírico de este poema es ya una explicación a las consecuencias de no seguir el curso de lo superfluo que supone hacernos felices, cuando esa misma normativa no resulta suficiente, es apenas una estructura de papier maché capaz de ser desecha en cualquier momento.
El ser humano, siervo del otro, en desventaja con otro mayor, resultar ser el más servicial cuando se atiende a sí mismo y deja vivir al de al lado. En “Días de vinos y rosas” el poeta coloca desde su óptica el pensamiento ajeno, aquel que lo mutila de la posibilidad de crear vida.

No pienso tener un hijo
no quiero heredarle mi neurosis

El alcohol es opio para evadir la realidad y el poeta inconforme un opionómano. Hay momentos para mirar el resplandor o soñar ser Hemingway, sin desmeritar la poesía creando rencillas con otros poetas.

Me preguntaron
si me creía
mejor
que otro poeta
y contesté:
No voy a entrar en ese juego sucio.
La poesía
no se trata de
ser mejor que los demás.
La poesía
se trata de
ser mejor que uno mismo.

                   “Los fideos se están comportando raro”

La mejor forma de atacar lo ordinario no consiste en no cumplir con la norma, sino contentarse con ella, entrar en la competencia pequeño burguesa de la búsqueda de la felicidad efímera, esa que deja un hálito amargo en la garganta, es aprovechar los pequeños momentos de la vida como si fueran eternos. Por eso Todo menos trabajar es tiempo, un tiempo que puede tomarse, no dejarse ir, acariciarlo, dejarlo libre, pero vivirlo en cada momento, es “Tiempo para golpear el teclado con fuerza/ Tiempo para ser un buen hombre”.

El poeta se declara honesto por naturaleza, y declara esto como condición indis-pensable para ser poeta en un tiempo de crudeza materialista, de egoísmo y máscaras. El lector que guste de aprovechar una tarde de sábado husmeando libros en una biblioteca o encontrando el sabor de los juglares en una tertulia de La Habana Vieja, este libro será un regusto, una novísima forma de atrapar la vida, de cantarle a la musa de todos los tiempos que no morirá jamás.