Franciso Garzón Céspedes y el suave humor de algunas situaciones
Muchos lo conocimos años atrás como poeta, y algo después como una de las voces más autorizadas de Hispanoamérica en el contexto del teatro y la narración oral escénica. Francisco Garzón Céspedes (1947), de quien se trata, fundador —en 1989— y director de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), que realiza sistemáticamente sus eventos en Cuba, España y otros países, es también un hombre de humor. Así lo atestiguan varias de sus narraciones breves, recogidas en una antología titulada Una bocanada de humor publicada en el ya lejano año de 1981.
Estamos llegando. Mi nerviosismo aumenta por minutos, tengo un tic nervioso en un labio… Llegamos… después de entrar, atravesamos varios pasillos… Trato de sobornar a mis acompañantes. Si volvemos les regalaré esto… o lo otro. ¡No me hacen caso! Saben, están llenos de un gran sentido del deber. Porque para ellos es un deber traerme a este sitio.
Nos detenemos delante de una blanca puerta. Aquí es. Me niego a entrar, mas siento dos manos en mis brazos, que me empujan suavemente…
Ya tengo el tic nervioso en los dos labios.
Ellos hablan con los que están aquí dentro. Veo que uno de aquellos se acerca a mí… Intento irme… me sujetan entre varios, me sientan, después… un dolor profundo en uno de mis brazos.
-¡Esto ha sido contra mi voluntad!—exclamo furioso.
-Pero abuelo —dice uno de mis nietos—, ¿será posible que te pongas así nada más que porque te sacaron un poco de sangre… para un análisis? (“Me obligan a ir”).
Graduado de licenciado en Periodismo de la Universidad de La Habana y comunicólogo, calificativo que muy ajustado lo tiene, Garzón Céspedes incursionó en la actuación, en la docencia, en la dirección, en la divulgación y lógicamente, en el quehacer periodístico; sin embargo, tal vez como más se recuerde es en su condición de miembro fundador, años atrás, del colectivo Los Juglares en la peña literaria del Parque Lenin y también, por su labor dentro del movimiento de narración oral, para muchos un “descubrimiento” que los subyugó con la magia de su arte.
¡Que no y que no! Si fuera un león o un elefante, un tigre y hasta un caballo, por supuesto que sí, sería como andar, como andar por el fuego, como andar por el fuego que es de uno, dijo el domador enfurecido, pero amaestrar una gaviota, eso sí que no. (“De amor, donde sorprenden gaviotas”).
Francisco Garzón Céspedes fue miembro del consejo de redacción de El Caimán Barbudo en la década del setenta del pasado siglo, colaboró con los diarios El Mundo, Revolución, Granma; con las revistas cubanas Unión, Bohemia, Verde Olivo, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Islas, Signos… Es autor de los poemarios Desde los órganos de puntería, Cantos a la revolución, al pueblo y al amor y otros varios libros de poesía experimental, investigación teatral, testimonio y narrativa. Conferencista, jurado, director de escena, el diapasón literario de Garzón Céspedes es amplio y ramifica en otras partes del mundo.
En cuanto a su humorismo, tiene un toque suave, humano, a veces conmovedor. No pretende la carcajada, tan solo una sonrisa balsámica protectora contra el estrés cotidiano y el ritmo vertiginoso de la vida. Compruébese si no:
Que una anciana, cada día de cada año, aun en las épocas de mayor escasez, consiga maíz para, en los escalones que son puente de la universidad, tirarlo a la palomas, muy bien, eso es posible. Que un viejo jubilado, tarde tras tarde, como si buscara la harina de trigo en su pecho, corte pedazos de su ración de pan para en la azotea darle de comer a los gorriones, perfecto, eso ocurre. Pero lo que es extraordinario, lo que de verdad resulta asombroso, es que un pescador, de tantas arrugas como algas en el mar, pesque horas y horas, para en cada amanecer, desde el muro de todos los salitres, alimentar con esos peces, nada más y nada menos que a una bandada de gaviotas.
("Nada más y nada menos”).