Apariencias |
  en  
Hoy es miércoles, 4 de diciembre de 2019; 6:04 PM | Actualizado: 04 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 115 | ver otros artículos en esta sección »
Página

¿Qué será, será?

Bruno Henríquez, 15 de septiembre de 2016

En verdad no puedes crecer y desarrollarte si sabes las respuestas antes que las preguntas.
Wayne W. Dyer


Conocer el futuro es una necesidad del ser humano, por eso la mente siempre especula acerca de nuestros próximos pasos ya sea en el próximo minuto o en los años por venir.

Desde épocas históricas han existido personas que han declarado conocer lo que va a pasar, unos con fundamento en sus conocimientos, otros basados en sospechas o sueños y otros en  inspiraciones sobrenaturales.

La esperanza de conocer el futuro se confunde a veces con la credulidad en las formas de suponer lo que va a ocurrir.

En las más variadas culturas humanas el conocimiento o la ignorancia acerca del futuro han sido fuente de inspiración tanto para la creación de  leyendas como para la elaboración de complejas teorías científicas.

En la serie que les presento hoy trataré algunos aspectos comunes en la cultura humana en sus aspiraciones del conocimiento del futuro, entre ellos:

Las profecías, o sea los sucesos anunciados de forma clara u oculta.  Las premoniciones. Las sospechas. Los sueños premonitorios. Las coincidencias y las más diversas artes adivinatorias. Los sueños, los planes. Lo que nos proponemos en nuestra vida diaria. Las contradicciones y coincidencias entre las ilusiones y la realidad. Los pronósticos y el  desarrollo de modelos. Los escenarios posibles y probables. Los límites de los pronósticos y sus aplicaciones en la ciencia, el desarrollo económico y el uso de los recursos. La prospectiva ciencia de prever y planificar el futuro en la sociedad. Cómo ayuda en la toma de decisiones. Las tendencias de los sucesos históricos y la Futurología con sus distintos enfoques y seguidores. Y la ciencia ficción, género que se ha caracterizado entre otras cosas por presentarnos aspectos del futuro y muchas veces hasta preverlo con detalles, o mostrarnos cómo habría sido el futuro si algunas cosas hoy fueran o hubieran sido diferentes.

El conocimiento del futuro implica una concepción del tiempo en la que este se comporta como escenario dinámico en la secuencia de los sucesos. Las ideas acerca del tiempo tanto las científicas como las más fantásticas tienen su base en la interpretación de los sucesos cotidianos obedeciendo unas veces a la imaginación especulativa que alimenta  a la razón y otras a la imaginería que nutre a la fantasía. Al ser ambas comunes a la mente humana no es de extrañar que al sacar conclusiones del mundo que observamos e imaginamos,  la percepción del tiempo, su conocimiento y lo que suponemos que ocurrirá en el futuro, esté matizado tanto de ciencia como de suposiciones fantásticas.

En este y los futuros trabajos de esta serie comentaré acerca de los anteriores aspectos, su influencia en nuestra cultura y las formas en que imaginamos el futuro.

Ante todo, conocer el futuro es algo que está, según nuestras creencias y experiencias, solo en manos de personas con conocimientos muy peculiares, en las cuales podemos confiar o no y cuya opinión estará avalada por su prestigio o el de su profesión o perfil de conocimiento. Así sabemos que en ciertos aspectos nos dirán el futuro confiables o no: profetas, meteorólogos, médicos, cartománticos, hechiceros, economistas o sociólogos. Y creo que solo en este aspecto pueden aparecer tan diversas ocupaciones en la misma lista.

Muchas personalidades de la historia y la cultura se han caracterizado por anticipar ideas de cómo va a ser el mundo, anunciar eventos y catástrofes, advertir de peligros o enunciar normas de comportamiento con vistas al porvenir; algunos son reconocidos como visionarios, profetas o fundadores de movimientos sociales, así podemos citar entre otros a Michel de Nostradamus, Julio Verne, Alvin Toffler, Arthur C. Clarke y Karl Marx. 

Conocemos a muchas personas que preocupadas por su futuro toman decisiones  y se preparan para tener las condiciones que garanticen sus deseos, mientras otras en su indecisión acuden a consultores profesionales o familiares que las aconsejen o ayuden; también hay quien prefiere poner su decisión en manos de la suerte o de adivinos, consultando las cartas, u otras artes adivinatorias, para cada cual su decisión es válida aunque confiar en métodos irracionales, en consultores poco preparados o en la magia no es aconsejable. Un lugar especial lo ocupan los juegos de azar, por la incertidumbre de sus resultados y el impacto sobre quienes son adictos a ellos.

Los profetas, y las profecías en general, anuncian un futuro que conocieron solo ellos de forma misteriosa, mágica o divina y que están obligados a dar a conocer a otras personas que pueden ser reyes, gobernantes, individuos llamados a realizar proezas o actos singulares para evitar o causar que se cumpla la profecía.

Los adivinos, interpretadores de sueños y otros visionarios del futuro contestan a quienes se interesan por su propio futuro a veces de forma directa y otras en cábalas o acertijos. Algunos de ellos son muy  conocidos y han influido en épocas diversas de la historia como el Oráculo de Delfos o Michel de Nostradamus. Un caso particular de la adivinación está presente en la Astrología.

Otros que anuncian el futuro profesionalmente son los pronosticadores de conductas y sucesos de los cuales conocen la evolución natural a partir de sus conocimientos y la observación del entorno, como los médicos que siguen un cuadro clínico, los meteorólogos que consultan los datos sinópticos o los economistas que siguen las variaciones de precios y cambios en el mercado. Es también popular el pronóstico deportivo en cuanto a récords, campeonatos y lugares en los que quedarán los equipos en una serie determinada.

También hay ciencias del comportamiento futuro como la prospectiva o la futurología que siguen las oscilaciones de la moda, las tendencias sociales, las preferencias políticas y otros fenómenos no cuantificables ni representables numéricamente pero de los que se puede estimar cuáles serán las tendencias de las acciones generales a partir de decisiones tomadas en cualquier momento.

Un lugar especial en el conocimiento del futuro lo ocupa la ciencia ficción como manifestación cultural que juega con los futuros posibles y que a veces coincide  con lo que ocurre en el mundo real y ha sido descrito antes en la literatura del género. Estos adelantos de la ciencia ficción pueden estar entre los que ocurren como grandes rasgos o tendencias de la sociedad y el mundo, la creación de nuevas tecnologías o la ocurrencia de sucesos específicos.

Entre las tendencias y rasgos generales se puede mencionar  el surgimiento del fascismo en Europa anticipado por Verne en Un drama en Livonia y Los 500 millones de La Begún. Entre las tecnologías tenemos los satélites de comunicaciones, los robots, los trenes de alta velocidad mencionados en la literatura mucho antes de que existieran en la realidad y como un ejemplo el descubrimiento de  la energía nuclear y el uso de las armas nucleares en Ante la bandera de Verne. Y entre los  sucesos específicos, las coincidencias entre el vuelo de la nave Apolo 8 que circunvoló la Luna y la novela De la Tierra a la Luna también de Verne.

En las próximas secciones de esta serie se discutirán y mostrarán en detalle, con más ejemplos las diferentes vías de conocer el futuro que he mencionado, el primer artículo tratará de un tema muy atractivo del que todos tenemos alguna opinión: las profecías.


Editado por Yaremis Pérez Dueñas