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Veladuras para la inocencia

Alina Iglesias Regueyra, 30 de septiembre de 2016

Hemos comentado en esta sección acerca de la imbricación afortunada entre la literatura y la música a través de ejemplares publicados en los últimos años para la niñez, adolescencia y juventud cubanas; como son Lorenna y la fuente, de Maykel Casabuena, y Los botones de la camisa de Tchaikovski, de Arnaldo Muñoz Viquillón, ambos autores nacionales. También La balada del siglo XXI, del catalán Jordi Sierra i Fabra, de no tan reciente creación, pero sí publicación, constituye un tercer ejemplo feliz.

En esta oportunidad les traigo una obra entrañable de la prestigiosa y no por gusto bien reconocida escritora argentina María Teresa Andruetto, que une simbólicamente la literatura a la plástica en su tejido argumental. Se trata de Veladuras, publicada el pasado año 2015 por la editorial Gente Nueva, como parte de la colección Veintiuno, al cuidado de su creador Enrique Pérez Díaz. Cuenta con loables labores de edición y corrección de estilo de Odette González Villaescusa; mientras el diseño, la composición, la cubierta y las ilustraciones pertenecen a Yaimel López Zaldívar, quien logra mediar muy efectivamente entre el mensaje textual y el lector, con sus elocuentes imágenes portadoras de igual simbolismo que la historia, ya sean en vivos y contrastantes matices para la portada, como en una amplia gama de grises simulando xilografías artesanales para el interior.

La novela se centra en Rosa, joven de dieciocho años, quien narra en primera persona su historia, al inicio, muy nebulosa y confusa, velada por capas de protección que vamos descubriendo al interactuar con los médicos que la tratan y a quienes les cuenta los turbios recuerdos que van aflorando poco a poco de su inconsciencia.

Es interesante el proceso a través del cual la autora aguijonea a la protagonista para exponer sus traumas, en el propio lenguaje de la joven, que funciona como una de las partes más esenciales en la construcción del personaje, pues mediante él nos revela su extracción social, su vida cotidiana, sus costumbres, hábitos, tradiciones familiares y maneras de comportarse y de razonar, incluso sus valores humanos y morales, quizás distintos a los de quien lee.

El sistema de personajes en su totalidad es de referencia: todos en boca de la joven que narra, solo los conoceremos a través de su tamiz, con ojos de adolescente que descubre y a la vez trata de explicar el mundo complicado de los adultos que le rodean: su abuela, su hermana y ambos progenitores, además de las vecinas y de Gregoria, la causante de los hechos, pero a quien la unen lazos de comprensión que poco a poco se tornarán más nítidos y explicables mediante el inmenso amor de la niña hacia su padre.

Por momentos nos preguntamos adónde quiere llevarnos Andruetto, en un tránsito intenso a través de los tantos vericuetos expresivos de su heroína. Y con efectivos puntos de giro dramatúrgico extrae nuevos elementos y nos conmina a continuar la lectura, para, tras distintas sospechas terribles, desembocar en la verdad desgarradora del suceso que ha devenido en trauma infantil y que impide a esta pequeña llevar una vida feliz fuera de su arte, que es su terapia.

Especialista en imaginerías, Rosa se dedica a su cuidado y restauración en cuerpo y alma, para sanar también metafóricamente su interior espiritual, en un hermoso paralelo que logra María Teresa Andruetto con una simbología de sutil sensibilidad que solo avezados lectores, no importa su edad, serán capaces de percibir.

La creadora nació en Argentina en 1954 y por tres décadas ha dedicado su quehacer, también como docente y promotora, a los más jóvenes retoños, sus problemas y sus sueños. De ella hemos comentado en esta sección otra de sus obras más singulares y profundas que aborda otro tema: el de los infantes con síndrome de Down en la familia: La niña, el corazón y la casa.

Invitamos a disfrutar de un libro que precisa de meditación y entrega por parte del público, de interés y paciencia para percibir cada detalle de su perfección estilística. Andruetto propone una delicada obra de arte, idéntica a las figuras de la iglesia que la protagonista compone y retoca con finos procederes, descritos tan exhaustiva y justificadamente como merece hacerse la lectura de este texto tan singular.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas