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Las profecías, certezas y fallas

Bruno Henríquez, 14 de octubre de 2016

Hasta la lógica más pura cuando es presentada de un modo exuberante genera suspicacia.
José Adrián Vitier
En Elogio de G.K.Chesterton

Los vaticinios o profecías ya sean maldiciones o buenos augurios, se caracterizan por ser anunciados como algo que va a ocurrir inevitablemente y que no obedecen a una cadena de sucesos que pueda ser deducida a partir de la razón, sino que ocurren por estar predestinados o anunciados de forma misteriosa, divina, sobrenatural.

En general las ansias de conocer lo que puede ocurrir puede llevar a las personas a la desesperación o a la especulación. 

La premonición y en general adivinar el futuro es considerado una imposibilidad real, pero no solo por los escépticos materialistas, sino también en la mayoría de las posiciones filosóficas y las religiones que tratan de entender el mundo.

Sí, no se asombre de que las artes adivinatorias, predicciones por adivinación y otros atisbos premonitorios al futuro, sean consideradas como supersticiones de gente ignorante tanto por científicos objetivos, como por muchos idealistas y seguidores de  las más diversas religiones, además de los sacerdotes de las religiones más extendidas por el mundo, el cristianismo, el islam y el budismo.

Esto es así por las concepciones que se tienen del tiempo, de las posibilidades de obtener conocimiento en condiciones inciertas y por el hecho de que el ser humano pueda tomar sus propias decisiones a pesar de que lo anuncien augurios y profecías, vengan de donde vengan.

Otro aspecto que mencionan quienes desde la posición de algunas religiones rechazan a los adivinadores, pitonisas y falsos profetas es el origen diabólico de esas premoniciones. La causa de esta negación de vaticinar el futuro no es la misma para científicos o sacerdotes, pero ambas están arraigadas en la base de sus concepciones filosóficas aunque estas diverjan en otros aspectos.

Los profetas bíblicos no son en general adivinadores del futuro, sino quienes dan a conocer la palabra de Dios aunque en algunas de las leyendas asociadas a ellos señalen lo que le ocurrirá a su pueblo o a otros relacionados con ellos.

La posición científica que niega la posibilidad de adivinar el futuro está basada en la experiencia de que no fluye información del futuro al pasado y  de que existe la relación causa efecto, o sea, está basada en la causalidad de los sucesos y el aspecto cronológico del tiempo, así como la irreversibilidad de los fenómenos disipativos en la naturaleza. Por otra parte, conocer el futuro podría dejar abierta la oportunidad de cambiarlo, el análisis de todas las posibilidades en cuanto a la visión del futuro o del viaje en el tiempo ha sido discutido por la filosofía y por la ciencia ficción, y se presentará más adelante en esta serie de artículos.

La concepción del tiempo en muchas sociedades no es lineal, sino cíclica, y se supone que las cosas se repiten en ciclos marcados de días, años o épocas según su entender. Cada día puede ser el mismo y el tiempo no es considerado un marco de referencia externo, a la vez que no existe una concepción de linealidad o sucesión como estamos acostumbrados a ver en nuestra civilización, en el imaginario cotidiano con y contra el cual nos desenvolvemos.

Pronosticar el futuro como algo cierto está en contradicción con el libre albedrío del ser humano y contradice  los preceptos tanto de la ciencia como de algunas ideologías idealistas como las de las sectas cristianas, que sin embargo ven en las predicciones de San Juan en el apocalipsis un futuro inevitable.

La concepción lineal del tiempo, por su parte, implica relaciones causa efecto, la sucesión de hechos y el principio y final de todas las cosas.

Los profetas traían la palabra de Dios, los falsos profetas anunciaban desgracias si no se hacía tal o mas cual cosa. A quienes adivinan el futuro las principales tendencias del cristianismo, el budismo y el islam los ven como gente en la que no se puede confiar y algunos los llaman falsos profetas, pues no traen la palabra de Dios, que es el concepto inicial que denota ese vocablo.

Es importante que se destaque, antes de empezar a hablar acerca de los profetas como adivinadores de lo que está por suceder, las posiciones acerca del significado de la palabra en las distintas civilizaciones y en el mundo contemporáneo, y de cómo enfocan el fenómeno de conocer el futuro, porque le ha llegado de forma divina o al menos extraña a la naturaleza, lo que hoy se llama paranormal.

Las profecías además de considerarse por muchas personas como reales en la vida cotidiana se han reflejado en la literatura y las leyendas.

Una vez aclarado que hay muchos enfoques del tema, pasamos a ver lo que popularmente se conoce por profetas, a los adivinadores que actúan  de buena o mala fe, quienes suponen tener un conocimiento cierto, una inspiración divina o una posibilidad de engaño, burla o estafa ante un público crédulo o susceptible de ser convencido o engañado.

La manera de cómo los videntes del futuro llegan a la información ha ocurrido a través de los años por las más diferentes vías. A algunos se les atribuyen poderes especiales desde su nacimiento, otros son escogidos y entrenados por sectas determinadas, otros a partir de un día en que le ocurre algo extraordinario tienen visiones o sueños en los que se les manifiesta el futuro.

En algunas ocasiones el vidente entra en un trance a partir de la ingestión de drogas o la realización de ciertos ritos, aunque  en muchos casos solo son timadores que a partir de engaños les hacen creer a las personas que tendrán en el futuro lo que tanto anhelan.

Cuando la profecía falla

El futuro no se puede conocer pero se puede inferir, al menos de forma general, eso le da la ventaja al pronóstico, pero también da pie a la creencia en que de alguna forma mágica o mística también se puede llegar a saber lo que va a pasar.

Las leyendas acerca de profecías y adivinación certera de lo que iba a ocurrir son anecdóticas y muchas veces se reconstruyen con el tiempo, dándole credibilidad por una manipulación de la información.

La profecía o premonición aparece como un saber dado, es la narración exacta de un hecho que va a ocurrir o es una predicción ambigua que permite más de una interpretación. En ambos casos son producto de la fe que se tiene en que lo anunciado es cierto y el profeta, oráculo o método de predicción, es certero e infalible.

En caso de no ocurrir lo profetizado, contrario a lo esperado, ni el profeta ni su cuerpo de creencias es abandonado por los creyentes, que simplemente lo olvidan o dicen que hubo una pequeña omisión, recayendo la culpa en quienes difundieron la noticia y no en su falsedad.

Recordemos las múltiples ocasiones en que se ha avisado o profetizado el fin del mundo, al que se dedicará un capítulo de esta serie, y el impacto que ha tenido sobre los medios y la opinión pública, que permanecen en vilo hasta que pasa la fecha anunciada sin que ocurra nada. Llegándo incluso, a no dar un desmentido en los medios oficiales, por parte de instituciones científicas o responsables.

Muchas veces se declara que es precisamente el organismo científico quien vaticina el suceso casi siempre catastrófico, como el mencionado fin del mundo; recordemos si no las tantas veces que se anuncian catástrofes cósmicas, días de oscuridad, inversión de los polos magnéticos avaladas por supuestas declaraciones de la NASA.

Hay una diferencia muy marcada entre la profecía y el pronóstico.

El público en general tiene formaciones muy variadas y una parte de él es escéptica ante la fantasía profética, mientras otra es crédula y admite la profecía como verdad aunque falle, y duda de la ciencia y sus pronósticos de los que hace mofa, teniendo, en su pensamiento más íntimo, fe en que exista algo sobrenatural que escape al ojo penetrante de la ciencia.

Así una parte del público se burla del pronóstico meteorológico, por su incertidumbre declarada desde el principio, sin percibir que por esa misma incertidumbre se hace más confiable, ya que brinda intervalos de certeza y nos previene sobre qué esperar, mientras nos enseña cómo actuar y prepararnos.

Las profecías, los profetas y  las artes adivinatorias

Según las leyendas y creencias, conocer el futuro está en poder de la magia. Han existido desde siempre y mezcladas en nuestra cultura las llamadas artes adivinatorias, desde la astrología, la quiromancia y la cartomancia y el ansia y temor de los humanos de conocer que les va a pasar. Han existido personas capaces de orientar a su pueblo, advertirles de los sucesos de importancia a ocurrir y predecir los sucesos. También se han hecho populares profetas, no en el sentido bíblico, sino adivinadores del futuro, que han vaticinado cosas que luego se han interpretado como sucesos ciertos.

Cuando una profecía se ha considerado que se ha realizado, como en el caso de algunas de las cuartetas de Nostradamus, esta levanta grupos de seguidores que esperan que todas las demás declaraciones del profeta sean ciertas, otros ven el poder mágico de ver el futuro y muchos lo interpretan como señales traídas por viajeros en el tiempo.

Entre los profetas famosos se puede mencionar a Michel de Nostradamus, Edgar Cayce, Benjamin Solari Parravicini, Baba Vanga y San Malaquías, y también a los profetas bíblicos desde Josué hasta San Juan, que nos dejó el Apocalipsis.

También el arte de conocer el futuro estuvo en manos de sacerdotes o sacerdotisas a los que se les podía consultar, como el famoso Oráculo de Delfos. Más tarde esos mismos deseos de conocer el futuro podían ser satisfechos por consultas un poco más mundanas, con menos prestigio y más al alcance de la mano como las cartománticas o quirománticas y a través de los practicantes de las más variadas artes adivinatorias.

En un principio los oráculos y adivinos en general servían a los reyes y personas con gran poder político. El horóscopo y las adivinaciones a través de la astrología también eran dedicadas a personas con poder pues se asimilaban al sol en su recorrido por el firmamento. Con el tiempo también los simples mortales se vieron representados en el cielo y su futuro podía ser leído por los dominadores de las técnicas para interpretar el firmamento y echar una ojeada al futuro de quien se lo pidiera.

Muchos astrónomos famosos de los siglos XV, XVI y XVII, siendo incrédulos, confeccionaban horóscopos y cartas astrales para los miembros de la corte y con ello podían sufragar los gastos de sus investigaciones astronómicas, como en los casos de Tycho Brahe y Johannes Kepler.

También existen las llamadas artes adivinatorias, presentes en casi todas las culturas del mundo y que acuden a la interpretación de alguna configuración que puede ser originada de forma natural (como la de los astros en el cielo en el caso de la astrología, las marcas en la palma de las manos en la quiromancia) o totalmente casual, (como las cartas, los caracoles, el dibujo de la borra del café o del té u otras).

Entre las llamadas disciplinas de la Nueva Era en la que se mezcla lo mágico con lo contemporáneo, se le ha dado por llamar futurología no solo al enfoque científico de la investigación del futuro sino también al conjunto de las artes adivinatorias que no tienen basamento científico, pero que se les considera como tal al usar las técnicas computacionales e informáticas. Así, en una búsqueda sobre futurología, podemos encontrar tanto artículos que traten de la prospectiva que es una ciencia, como a todas las artes adivinatorias de tipo mágico, tan de moda actualmente.

La mayor parte de quienes pronostican o predicen el futuro se equivocan en la mayoría de las ocasiones pero quienes creen no tienen en cuenta los fallos sino solamente los aciertos. Y aunque no tienen una base científica y muchas veces no se cumplen, tienen un gran arraigo en la sociedad y son una parte importante de nuestra cultura, donde a la par del desarrollo tecnológico existe un retroceso en la percepción de la ciencia.

En la próxima entrega les traeré algunas historias y comentarios sobre profetas famosos.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas