La poesía de Senén Orlando Pupo
Cuántos buenos y diversos poetas tiene nuestra pequeña isla bien amada: en cualquier ángulo terroso de su profundidad o en cualquier nube de su cuantioso éxodo, uno se encuentra, en el largo peregrinaje de vivir, a alguna persona aquí nacida que exhibe verdadero talento para la poesía, arte difícil, que ama lo imposible, como dijo uno de los maestros de nuestra cultura.
Senén Orlando Pupo es un buen poeta casi desconocido, que en medio del polvo holguinero o avileño ha escrito auténticos versos, de los que dan testimonio nítido de haber vivido intensamente. En la presente selección, el lector encontrará algunos de sus textos y podrá valorar por sí mismo la sencillez y honradez con que el poeta da cuentas de su destino o medita sobre las más complejas experiencias.
ROBERTO MANZANO

SENÉN ORLANDO PUPO ROJAS (Fray Benito, Holguín, 1973). Poeta. Graduado de Ingeniero Agrónomo. Obtuvo el Premio Santiago de Poesía en 1997. Ha publicado los libros Poemas descalzos, Ediciones Fidelia, Ciego de Ávila, 1992; Poemas para alcanzar a los halcones, Ediciones Holguín, 1995; Palabras de vidrio, Ediciones Renacimiento-Editorial Oriente, 1999; Sin herir al cordero, Ediciones Ávila, Ciego de Ávila, 2002 y la selección de autores de su municipio Los árboles de la Heredad, Ediciones Holguín, 2004. Su poesía ha sido recogida además en varias antologías entre las que sobresalen Mar por medio, Galicia, 1998; Los parques, Editoriales Reina del Mar y Mecenas, 2000; Moneda nacional, México, 2004 y Puente del tiempo, Ediciones Holguín, 2006.
RE-EXISTIR Y/O RE-ESCRITURAS
El destino me ha llevado a una vida de re-escrituras y a una vida de re-existencias poéticas. Todos estos años me he complacido en re-leer y re-editar mis versos, tal vez intencionado en alcanzar la salvación pero sobre todo alentado a sobrevivir a no extinguirme. Ese es el único miedo de un hombre feliz que ha estado advertido de que es preciso re-nacer.
POLVO
A Javier Piñeiro
Así mismo es el polvo
hombre cavilando
en la rojez
de los paisajes.
Isla en vilo
bajo la gris techumbre
de los años.
Plenitud de signos
que acallan
las esencias.
Así mismo es el polvo
eternidad que muere en un presagio.
OFICIO ROJO
A Raúl Batista Cabrera
Poeta es quien sabe desnudarse,
quien se quita minuciosamente
todo lo ajeno a su talento,
sale a la calle
y es distinto a los otros
en el modo de observar por qué es oscura la sombra.
Poeta es quien despierta
y descubre que no puede escribir un poema,
ha prestado el corazón a un pobre hombre de hojalata.
Es quien besa sin tener a quien besar,
quien no tiene luz ni casa
pero inventa estrellas y ciudades.
CON GASTÓN BAQUERO EN FRAY BENITO MIENTRAS NO LLUEVE
Pero me gustaría que lloviera
pronto alguna vez.
CARL SANDBURG
Los camiones pasan despavoridos
y el polvo permanece en la luz.
Los jóvenes, expectantes del milagro de la lluvia,
dibujan en los vitrales el código de su inocencia.
De mi pueblo se lo han llevado todo,
su mágica realidad de pueblo de provincia ha desaparecido
bajo los presagios de Dios.
Las rústicas postales de César Pérez evocan
los comercios iluminados, el cine, los árboles de la calle real
y el polvo que aún nos queda.
La gente que va de paso
se sienta a esperar en el parque del esclavo,
conversan sobre el pueblo de antes, del parque que no existía,
profanan la escultura ignorando que una vez eso hicieron
los marines yanquis con el Martí del Parque Central de La Habana.
Pero todos van hacia otros pueblos semejantes
y el polvo los ha ido convirtiendo en estatuas móviles
que la muerte destinará a algún parque de humillante soledad.
Yo los veo al pasar hacia mi casa, y recuerdo
palabras escritas en la arena por un inocente
porque yo he escrito palabras en el polvo
qué hacer en este pueblo abandonado sino grabar sobre el sofocante polvo
de sus paredes un poema a la esperanza
y soy inocente,
aún no sé escribir en los piélagos,
la eternidad,
inasibles hojas distintas al vacío.
PÁJAROS CONTRA EL CIELO
Vendrán tiempos en que los pájaros
estarán en contra del cielo…
NIZAR QABBANI
No queremos esa lluvia fingida que nos prohíbe volar abiertamente,
aceptaríamos cualquier aguacero furtivo
si de repente supiéramos que el corazón del cielo es quien sangra.
Sería hermoso mancharse las alas con la sangre de Dios,
hermoso y tibio como una rosa arrancada al paraíso.
No queremos vivir ese dolor ajeno
porque habría que heredarlo para siempre,
conformarse con la paz de una jaula
o la desnudez del amante que rehúsa a morir.
No queremos depender del perdón de los otros
teniendo la magia del arrepentimiento asida a los huesos,
la posibilidad suprema de probar las cerezas del vecino
y regresar a nuestro patio avergonzados.
¿Quién podría evitar tanta libertad retenida,
tan corto espacio para ir y volver?
¿Será posible regresar del cielo entre tantos cuerpos que no existen?
Ojalá esta guerra nuestra contra el infinito
contra el lejano azul y el llanto cósmico
sólo sea posible detenerla
si en el próximo invierno
la ciudad ofrece sus pezones temblorosos
para unidos picotear la victoria.
CON LA MISMA LEY DE QUIEN PINTA UN CUADRO HERMOSO
Yo abro los ojos y descubro el color transparente de lo que existe,
comienzo a indignarme para que me perdonen
y no permitan que siga observando lo que Dios ya hizo sin contar conmigo.
De todas formas yo abro los ojos
escojo el lugar donde izar mi carpa,
donde hay un río que pudo ser menos ingenuo
y el clamor de los días vale la levedad de un abrir y cerrar de ojos,
de un ir y venir del mar anunciando el final de los caminos.
Donde pueda odiar y amar salvando los motivos de quien venga
y los frutos prohibidos no sean siquiera frutos prohibidos
y la balanza no se incline hacia ningún lado heroico.
De todas formas yo abro los ojos
busco entre los árboles la vasta sombra de los días
para causarme el stress que me conduzca
al deseo de continuar siendo uno solo
con la misma ley de quien pinta un cuadro hermoso
para regalárselo al amigo del espejo.
Nadie se cansa de avisar que está lloviendo
cuando en la lluvia vienen las monedas
que alguna vez prometieron los dioses que se duermen,
por eso ahora busco el sitio célibe
donde plantar mis doctrinas y mi casa
sin que una tormenta me sorprenda desnudo
amando una mujer que está en mí mismo.
De todas formas yo abro los ojos
me declaro pintor de la única ilusión del hombre,
dejando que el pincel descubra
toda la magia escondida bajo el color que se extingue,
colocando el lienzo hacia el sol con la certeza
de que habiendo luz habrá un cuadro hermoso.
Me declaro también cocinero, soldado,
capitán de fragata y niño enfermo,
para que el equilibrio no cese
y mi país de un habitante termine siendo progresista,
para que cuando yo abra los ojos y mire, definitivamente,
los árboles sean verdes, pardo el suelo
y eterna la voluntad de Dios.
Ciego de Ávila, 1995
AMANTE
Yo te quiero, Señor, aunque te hagas
el inflexible el cruel Padre de hierro
RAÚL HERNÁNDEZ NOVÁS
Yo te quiero, Señor, aunque tú ansíes
de mí otras cosas que no puedo darte,
de mí un corazón blanco que se parte
ante cualquier muchacha que sonríe.
Yo te quiero, Señor, aunque confíes
vago en mi desnudez como estandarte
y puedas con tu fuerza levantarte
sobre mi piel descalza de alhelíes.
Yo te quiero, Señor, pero quebrado
de amor por una esposa deshojada
que rehúsa a nacer desde mis brazos.
Yo te quiero, es verdad, pero he llegado
al borde de la muerte sin espada,
con ganas de volar en mil pedazos.
UTOPÍA
Jamás habrá en los mares un naufragio
ni horizontes rompiéndose en la orilla
cuando vuelen palomas en bandadas
y a lo lejos se escuche un himno leve.
Jamás junto a la espuma vendrá el polvo
o delfines cansados de estar vivos
mientras cante al paisaje la llovizna
su miedo de ser sólo agua regada.
Nunca llegará el tiempo en que las islas
dejen de ser lugares perdurables,
zonas de fuego y tierra prisionera.
Nunca llegará el tiempo en que los días
dejen de ser el puente a una muchacha
o la posesión única del hombre.
POSIBILIDADES
Todo es posible menos el silencio,
el peso largo del país desnudo
avisado en el fuego de las calles,
en la preñez del polvo y de la sombra.
Todo es posible menos la ceniza,
la celda abierta al paso de la noche
asida la constancia de un naufragio,
a la semblanza sórdida del humo.
Todo es posible menos la tormenta,
una palabra oscura sin zapatos
refugiada en los labios de la cárcel.
Todo es posible menos el oprobio,
el choque hondo del agua con el cuerpo
vagabundo de Dios bajo la lluvia.
VENADO
Carmen Hernández Peña
Helado está mi pecho, Isla de escarcha,
y en el rostro de Dios no cabe un beso
para ir por las monedas y el hoy preso
que ayer hurtó la luz que se nos marcha.
De tus costas he vuelto destrozado
por los peces que inhiben la otra orilla
distintamente al plato y a la silla
que nos diste al nacer. No se ha acabado
la fría oscuridad en tu despensa,
el hombre que desnudo sólo piensa
comerse su pedazo de agonía.
Helado está mi pecho ante el arquero
ingenuo de la luz y el aguacero,
venado de la Patria todavía.
EL PERSEGUIDO
A Raúl Hernández Novás, in memorian
Nunca iré desprovisto de mi sombra
a los sitios sagrados de la vida
por donde pasa el tiempo y no me nombra
como si fuera yo un vulgar suicida.
A nadie le daré razones puras
para creerme un hombre sin amigos
pero al viento reclamaré testigos
visionarios de mis verdades duras.
Cada día estaré prendido al verso
junto al agua en la piel del universo
conquistando las alas del paisaje.
Yo jamás temeré a que me castiguen
porque en el fondo sé que me persiguen
como un ciego juglar sin homenaje.
LA GRAN MARCHA
A Ronel González
Por el viejo camino que va al cielo
todos quieren seguir y nadie sabe
que lo ha cegado el polvo con la suave
eternidad ubicua de su velo.
Por el nuevo camino sin recelo
sólo va Dios perenne hasta que acabe
el polvo su agresión, pero la llave
es una cruz hiriente como el hielo.
Por el viejo camino cada tarde
la multitud de pobres almas arde
en las llamas terribles de la historia.
Por el nuevo camino día a día
Jesús encaramado a su alta gloria
lamenta qué verdad y qué agonía.
ABSOLUTEZ
Estamos muy enfermos
el agua viene y se nos queda envuelta
lame los costados hasta erosionarnos.
Perdemos la fineza de los gustos
vamos siendo menos verdes
a través de un tiempo muy verde
muy verde como la lejanía.
El conjunto de piezas que mueve nuestra sombra
desuelda sus cabos
hace añicos el reverso de un hombre
disuelve la mirada a lo vacío.
Así quemarse es absoluto
afecta la justicia de entendernos
y a veces devuelve algo de vida.
Se nos dijo al nacer:
Vivid en paz, tomad lo creado para el bien
deshaced el sepulcro a lo infinito.
Se nos dijo al vivir:
Ser o no ser.
Se nos dice hoy:
Descansad en paz
porque habéis sido buenos.
Ciego de Ávila, 1993
YO ZARPÉ MUCHAS VECES HACIA LAS COSTAS SOÑADAS (CRISTÓFORO COLOMBO)
Yo zarpé muchas veces hacia el mismo puerto
en el mismo velero lamentable y dócil a las olas punzantes de la historia.
Nadie me tendió su blanda mano
cuando la tormenta arreció contra los maderos de mi nave.
¿Quién reveló en mí tanto desastre y levedad?
Mi lugar estaba entre los límpidos señores de la corte
almorzándome faisanes y bebiendo buen vino.
Yo quería ser grande una vez,
partir sólo una vez hacia otras costas
sin que luego me cobrasen con islas detenidas
al centro exacto de la mar sangrante.
No imploré el perdón de los supremos
ni hice mantos de seda a los guardianes.
Nadie me advirtió de la rojez del horizonte
y jamás me educaron en el deber de ir por los trillos menos transitados.
¿Quién vio desde tan lejos esas cosas que yo quise y luché y no tuve?
El fruto es este puerto recurrente
y esta rara libertad de ser un hombre.
DISCURSO DE ARENA
I am tired with own life and the lives of those after me,
I am dying in my own death and the deaths of those after me.
THOMAS STEARNS ELIOT
Mi mano izquierda regala una flor a la derecha
y así comienzo a vivir
semejante a la lluvia contra el polvo,
atado al aroma de la flor
como un gusano infeliz mordido por las aves de su isla.
Soy el que pone al aire las palabras
y a veces teme quedarse mudo
o ser un simple hombre del desierto
acomodado a la sombra del vacío.
Pero nada presupone que mi voz se apague
si sentado en todas las esquinas me cuento un viaje a lo eterno,
y no hay por qué temer al aguacero
aunque montado en el agua el regreso se humedezca
y haya que tenderlo al sol durante siglos
corriendo el riesgo de que la arena termine.
Ahora es importante ahorrar los ojos
no dejarlos abiertos a orillas del mar
y así habrá qué arena hablar mañana
a qué origen volver sin ocultar el corazón
y sus mínimos caminos de piedra roja.
Soy quien inicia este discurso de arena
trepado a lo alto de la noche
para no confundirse con la mutable redondez de los astros.
Cansado de vivir mi vida y la vida de los demás
de morir mi muerte y la muerte de los otros.
Un reguero de inocencia retumba en mis oídos,
nadie sabe apagar la luz de mis palabras.
ALGUNA VEZ
Mi país alguna vez me suplicó que lo habitara,
no lo abandonase en medio del invierno
privándolo de mi calor inocente.
El mar alguna vez deseó mi cuerpo sumergido
entre sus pálidas paredes perpetuas.
El viento alguna vez lamentó no llevarme
hacia su podio de silbidos y desastres.
La noche alguna vez entró desnuda a mi lecho
y prendiendo la luna me invitó al amanecer.
Así todos alguna vez pretendieron mi compañía,
y es por eso que advierto,
no vayan a pensar que yo estoy solo,
no vayan a creer rotundamente
que yo voy sin mí a esos lugares innombrables
que Dios ha creado para que yo no esté solo.
ROBINSON CRUSSOE
Yo vine a esta isla en brazos de Dios,
sujeto a una endeble tabla de mi barco después de la tormenta.
Arribé a la arena de la playa entre conchas y crustáceos muertos.
Era hermosa la vegetación y triste
aquella tanta soledad para mí sólo.
Por todas partes un ruido inmenso de olas estrellándose
me prohibían el canto de los pájaros.
La más perfecta libertad del mundo brillaba ante mis ojos
húmedos de mar y miedo todavía.
Eduqué animales y creció mi cabello.
Entonces Dios quiso que no fuera
aquel hombre que esperaba una mínima gota humana
para esparcir mis sentimientos,
y entre los dos salvamos las palabras
de un hombre puesto al fuego por los hombres.
Yo iba creando bienes y ya tenía una hacienda poderosa
pero seguía siendo un hombre solo, sin país,
en una isla amarrada al fondo del océano.
Fray Benito, 1996
EL HOMBRE QUE LLOVIZNA TENAZMENTE
A Ciego de Ávila y sus poetas
Lloviznaré tenazmente, Señor,
Padre mío que estás en todas partes,
hasta vencer al polvo y refrendarte
en los montes, la mañana y el amor.
Desde la sombra aguardo tu mensaje,
ubicua bendición de luz plagada.
¿A dónde te condenó la vedada
verdad de tu palabra y tu linaje?
¿Como Novás, también yo me iré pronto
afligido por el augurio tonto
de mi propia palabra temerosa?
Me quedaré, señor, en la terrosa
patria de los mortales esperando,
otra vez, tenazmente lloviznando.