La poesía de Ángel Martínez Niubó
Capa persona que escribe cuenta su propia historia, habla de su propio diálogo con el destino. Ángel Martínez Niubó es un poeta singular, que refleja una manera especial de mirar la circunstancia y el soplo vital de la poesía. Sólo muestra unas cimbreantes sortijas, unos terrones de silencio que preguntan, unas semillas sueltas en la blancura de la página dando cuenta de un temblor inquisitivo.
Pero las preguntas de Ángel Martínez Niubó poseen una extraña sabiduría, están en el centro mismo de todas las preguntas, sólo mencionan ásperas y silentes esencias. Si alguien tiene en la poesía cubana el secreto de preguntar con economía y estremecimiento es el poeta Ángel Martínez Niubó, un expedicionario de la realidad, un argonauta del mundo interior que sólo nos ofrece saturadas astillas del misterio.
ROBERTO MANZANO
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ÁNGEL MARTÍNEZ NIUBÓ (Cuba). Ha publicado El libro de los buenos locos (Editorial Luminaria, 2000), Delirium (Toledo, España, 2002), Todas las muchachas que me amaron (Editorial Luminaria, 2004), Un libro de tanta soledad (Editorial Luminaria, 2007). Ha recibido premios en Cuba y fuera de la isla. Colabora con periódicos y revistas cubanas. En 1999 recibió un Diplomado de Comunicación Social, en la Universidad Pontificia Bolivariana de Santa Fe de Bogotá, Colombia. Su obra ha sido recogida en numerosas antologías.
I
voy a morir, quizás dentro
de un rato, o ahora mismo
digamos que estoy muerto
y escribí estos poemas
hace un siglo
continuamente la sombra
me reúne. yo fui la dispersión y
únicamente me reunió el cansancio
nadie me ha visto. ni yo mismo me vi
tras los espejos
tan sólo me acompaña
el sonido del mar
que llevo dentro.
II
¿quién oscurece el agua?
¿la suplicante
frágil
ligerísima memoria de las aguas?
qué voz
qué desolada voz
qué sombra la codicia
y el agua dando pausas
y límites
y el agua hundiéndose en el agua misma
su poca luz
su húmeda osamenta
IV
¿qué hace un hombre si se sienta a la orilla del mar?
¿qué palabras recibe qué propiedad confiesa?
¿acaso busca o entrega?
los hombres casi siempre buscan pero también entregan
¿qué tiene el mar?
¿qué tienen los hombres cuando buscan el mar?
¿acaso van cuando nadie los oye?
¿y por qué no los oyen?
¿quién debe oír a los hombres?
¿acaso el mar?
V
sueño que vivo dentro de un paréntesis
y lloro
tú y yo viviendo dentro de un
paréntesis
sueño que ordenan abrirlo
o cerrarlo
oscurecerlo o no
tú y yo viviendo dentro de un
paréntesis
llorándonos
VI
¿qué son esas paredes invisibles?
¿cómo llegaron hasta aquí tan altas?
¿qué son esas paredes sin
nostalgia
sin más sombra que un paso no atrevido?
¿qué son esas paredes y otras tantas?
¿cómo es que son redondas
e invisibles?
VII
hay silencio ¿sabe alguien por qué hay
silencio? ¿lo sabe?
¿sabe alguien
mi voz
o su voz?
¿está faltando el aire?
¿saben todos por qué falta el aire?
¿lo saben?
X
¿éste es el cielo?
¿el renombrado
único,
indivisible cielo de mi infancia?
¿éstas son las estrellas
que acompañaron siempre mis conjuros?
¿y mi memoria?
¿qué cielo es éste
que no me nombra
nunca?
XIII
hoy envejezco aceleradamente
tanto
que apenas sigo siendo una espiral
de humos
hoy pierdo la visión
y el tacto
y los colores
hoy envejezco y no es secreto nuestro
ni sueño
ni demencia
hoy envejezco así
sencillamente
ante el perdón de Dios
XV
temo al eco
temo
ser
el eco
(lo escucho)
allá afuera se escucha
y yo no sé quién es el hombre
y quién el eco
tengo miedo
sufro
XVII
¿y por qué mis dos hijas
hacen círculos
sobre el polvo de este patio
inmenso?
inmóviles
a punto de lograr la transparencia
van llenando de círculos
el polvo
y yo que las miro
y yo que las registro
me he entristecido
tanto
XX
he aquí una voz cuidado no fumar cuidado no encender cuidado explosivos cuidado no mirar al horizonte cuidado puede llegar la noche cuidado la sombra es fértil cuidado los almanaques enferman de los nervios (he aquí cómo cada noche un hombre hace un círculo en el día primero otro círculo en el día segundo otro círculo en el día tercero)
y los almanaques van llenándose de círculos todos los almanaques van llenándose de círculos todos
XXI
qué rápido la tarde
en este cuarto
qué rápido silencian sus paredes
y la luz no se filtra
y vienen noches, todas
las noches juntas
y el ahogo
la réplica amarilla del cansancio
y la lámpara duda
tiembla
como si hubiese llorado techo adentro
XXIII
oigo un coro todas las noches oigo un coro y me da frío y te digo cierra bien esas puertas cierra también mi acceso a los pasillos cierra mis ojos mi páncreas mis oídos porque no hay nada más triste ni nada más feliz ni nada más terrible que un gran coro
XXXII
en la palma de tu mano derecha hay un lunar tras el lunar mi sombra la sombra dispersa o perfecciona el rumbo me aíslo en una isla qué es un lunar sino una isla en la palma de tu mano derecha
XXXV sueño unos clavos y una cruz cenizas hojas y árboles que caen tres clavos y una cruz que sangra he soñado tres clavos y una cruz que sangra lloviznas (...) las campanas del templo están llamando
XXXVI
¿con qué sueña el guardafaro del puerto? ¿con los espejos que siembra por la arena? ¿con el azul esférico de otro amanecer? ¿o sólo con el amanecer? ¿con qué sueña el guardafaro del puerto? y si sueña ¿por qué grita? ¿por qué siempre grita o se desvela?
XXXVIII
la luz de la vela tiembla qué triste su temblor y qué distante qué lentísima muerte va dictando y la luz qué reciente y la luz qué imposible y la luz ¿sabes tú por qué tiembla?
XL tú y yo mirando al mar vemos a Dios y tú preguntas y tú preguntas por la humedad y el polvo de las rocas y yo no sé ni sé del horizonte ni de la blanca terquedad de las arenas tú y yo mirando al mar vemos a Dios con eso basta
XLI hay un vaso de agua encima de la mesa hay más hay un vaso de agua en cada puerta hay más hay un vaso de agua y otro vaso de agua y más vasos de agua
he ahí mis únicos adornos
XLII me escondo en el milagro
de una mujer que cura
mis designios
he perdido la voz
hablo a través de los desmanes plácidos
del agua
llueve
nadie toca a la puerta
hay tantas cosas que no puedo predecir
y eso me duele
XLIII nadie escucha cómo el girasol suspira nadie ve su develada muerte su fijación vacía su agudeza pero ahí está cayendo el girasol en medio del silencio de la ausencia de la liviandad de todos
XLIV oh Dios ¿por qué estas raíces y esta sombra? ¿por qué esta sombra y estas hojas que inician el invierno? ¿es el viento absoluto? ¿soy un árbol y una raíz me lleva hasta la muerte? ¿soy un árbol? ¿entonces oh Dios mío estaré muerto?
XLV mi cuerpo ha salido de casa esta mañana se fue no dijo adonde iba porque mi cuerpo no dice nunca adónde va pero vuelve mi cuerpo siempre vuelve y me aconseja me ve flotando en esta casa azul mi cuerpo odia el azul yo en cambio lo prefiero
XLIX
y ahora se escucha
el sonido de unas hojas secas
y las hojas crujen
y los pasos
crecen
y yo no sé si los pasos se alejan
o regresan
se alejan
—dice una voz—
regresan
—dice otra—
pero en realidad los pasos
permanecen
todo el tiempo
toda la noche
del tiempo
su sonido
L
mi cadáver y yo somos amigos
todo nos pertenece cuando hablamos
él descifra los nudos de garganta
me acompaña a no sentirme intacto
mi cadáver y yo damos paseos
deseamos muchachas y regresos
desde luego que a veces discutimos
él nunca ha perdonado que me llame ángel
yo tampoco que él se llame cadáver
LI
no de blanco de azul
no de azul de gris
no de gris de verde
el verde
el azul
el gris
el blanco se sienta a llorar mira a un reloj
y dice palabras como tiempo ciudad futuro
o como pureza
el blanco tan gris
LII
A Eritia
éste será un día difícil
frío
desdeñado
ni el aire
ni el aplauso
ni los lirios azules en las espaldas tristes
del viajante
hoy será viernes, como ayer
y mi padre mecerá su taza en los intercalados grises
del café
silencio
llovizna
estrellas sucesivas en la vejez de un cielo
que se parte
nadie preguntará por ti, por mí
nadie
LIV
y ahora
sueño que hago el amor
por última vez
siempre sueño que hago
el amor por última
vez
siempre lo sueño
siempre
LVI
alguien toca a la puerta
tres golpes lentos
vacíos
desiguales
he puesto quizás una
esperanza
una mínima flor
sobre la mesa intacta
pero son golpes ásperos
impares
LVII
no he ido a la guerra
no tengo cicatrices ni marcas circulares
en mi sombra
no he sangrado ante Dios
ni ante la nada
ninguno de mis huesos ha procurado el polvo
pero estoy muy herido
grave
LVIII
a Salma
lo único real
es el río:
ese extraño desprendimiento tentativo
y tus ojos
lo único real
son tus ojos
fijos
en el río
LIX
yo viviré en el faro
estos últimos días
tendré ojos azules
y el recuerdo de Salma
en mis pupilas
el mar podrá decir de mi añoranza
de mis largos silencios desvirtuados
y moriré en el faro
yo moriré en el faro
hermoso lugar
para morir
LX
debo mirar al mar
todas las tardes
fijar la vista
en el reposo azul
de tanta espuma
debo mirar
la eternidad
su milenario amparo
su profundo esplendor casi
dormido
debo sentarme allí
en solitario
junto a los bordes inciertos de mi sombra
LXI
a esta hora todos estamos frente al mar
(sentados y en silencio
sobre la soledad engañosa de la roca)
he aquí el agua nos tiende su temblorosa voz
todos mojamos nuestros pies
para que el frío
desdibuje el rostro
que con pesar habita
nuestros cuerpos
el mar también nos mira
la isla, desierta
exhibe su sed
como una cicatriz sobre las aguas
LXIII
la sombra se repite
como la noche
y como la noche la sombra tiene espejos
y polvos
y antifaces
pero estrellas no
sólo el cielo y la noche las consiguen
LXVII
qué bueno oler a tigre
qué bueno ser un tigre en ciertas madrugadas
cuando todo es silencio
y los tejados sueñan que las estrellas romperán el equilibrio
qué bueno romper el equilibrio
ser un tigre
librarse a ciertas horas del silencio
de la enfermera gris
de la ventana reservada a los más tristes
LXIX
yo soy hijo de Dios
yo y Cristo
somos
hijos de Dios
a Cristo lo crucificaron
¿y a mí?