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Día de las Escritoras. ¿A cuántas hemos leído?

Mariola Díaz-Cano Arévalo, 18 de octubre de 2016

El 17 de octubre, se celebró el Día de las Escritoras, aunque se podría celebrar a diario porque siempre hay motivo para leer a una de ellas. Son tantas para destacar, reseñar o recomendar que no acabaríamos nunca. Así que echo un vistazo rápido a las que más han podido gustarme, influirme e inspirarme. Quizá compartamos los gustos.

Desde Safo o la japonesa Murasaki Shikibu hasta la reciente ganadora del Planeta, Dolores Redondo, ha llovido bastante. Ahora, el puñado de poetisas, escritoras, guionistas, periodistas extraordinarias y con éxito es ya un montón sin número. Aunque siempre queda la eterna pregunta de si se lee más a ellos a que a ellas. Que cada cual se dé su respuesta. Empecemos.

Creo que todos en nuestra infancia, o por lo menos todas, hemos leído los cuentos de hadas de Sofía Fiódorovna Rostopchina, la Condesa de Ségur. Y un poco más mayorcitos seguro que no nos dejamos ninguna aventura de Los Cinco. Las niñas en especial estudiamos no solo en nuestros colegios, sino también en Santa Clara y Torres de Malory, con las muchas compañeras que creó la prolífica escritora inglesa Enyd Blyton.

Y no nos vamos de la Gran Bretaña porque en esa adolescencia de instituto más de una descubrimos al rico y elegante señor Darcy, al desabrido y atormentado pero paradigma del romántico más victoriano que es el señor Rochester. O al valiente y discreto coronel Brandon pretendiendo a la soñadora Marianne Dashwood. Todos salidos de la mente de Jane Austen y Charlotte Brontë, como bien me apuntan, que entre estas hermanas y la Austen y tantos maravillosos personajes como idearon, ya puedo mezclar al Heatcliff de Emily con Emma en la misma historia.

Pudimos disfrutar igual de la naturaleza y el amor más inocente y puro entre dos hermanos inolvidables, los que creó Emilia Pardo Bazán en su tan gallega Los Pazos de Ulloa. Yo me aficioné al género que más me gusta gracias a la reina del misterio, el suspense y el crimen, Agatha Christie. Nadie puede negar que en su casa no haya una estantería con los libros de esa colección.

No me dejo un libro que me gustó mucho, pese a que la literatura fantástica no es santo de mi devoción. El Olvidado Rey Gudú, de Ana María Matute tiene un lugar privilegiado en mi memoria.

Luego vas descubriendo y leyendo historias de forma más “adulta”. De esas destaco Amado amo, de Rosa Montero, a quien sigo mucho en su faceta de articulista. Ella y Soledad Puértolas conforman una de mis parejas preferidas de escritoras.

Lamentablemente mi relación no es tan estrecha con escritoras más, digamos, mediáticas o superventas. He de confesar que no caí en los trucos mágicos del Harry Potter de J.K. Rowling, ni me dio la fiebre vampírica de los descafeinados chupasangres de Stephanie Meyer (tampoco en los más oscuros de Ann Rice). Tampoco soy de las sombras de E. L. James. Pero me lo achaco a mi cierta edad y la poca afición por esos géneros. No obstante, me quito el sombrero ante su trabajo y éxitos conseguidos.

Igual que me lo quito ante la pléyade de autoras de novela negra que se han abierto paso en este difícil género. Por citar a unas cuantas, las nórdicas Camilla Läckberg, Mari Jungstedt o Åsa Larsson; la francesa Fred Vargas, cuyo comisario Adamsberg es uno de mis favoritos; la británica Mo Hayder (imprescindible descubrir a su detective Jack Caffery) o la alemana Nele Neuhaus se han hecho un hueco importante y merecido en un panorama negro que copan, o quieren copar, sus colegas masculinos. Aquí, por supuesto, tenemos a Dolores Redondo, que con su trilogía de Batzán y su reciente Planeta sobresale merecidamente.

Me dejo para el final una escritora que me inspiró mucho al escribir una de mis novelas. Le tengo un cariño muy particular porque recuerdo ver sus libros en las estanterías de mi casa desde que tengo uso de razón. Leí algunos siendo pequeña y los he releído no hace mucho. Se trata de Pearl S. Buck, la escritora, periodista, activista y guionista norteamericana que pasó cuarenta años en China. Ganó un Pulizter en 1932 y fue premio Nobel de Literatura en 1938.

En fin, podría seguir y seguir pero ellas (nosotras) nos merecemos más de un especial, ¿verdad?

Tomado de Actualidad Literaria

Editado por Heidy Bolaños