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Victor Hugo

Lourdes Beatríz Arencibia Rodríguez, 20 de octubre de 2016

En la muy copiosa obra narrativa de Victor Hugo hay dos relatos  no tan conocidos por los lectores hispanohablantes de nuestro continente,  inspirados en hechos reales a juzgar por los datos procesados por su autor tomados de la prensa francesa de la época y de la Gaceta de los Tribunales galos, muy ligados por el tema que tratan: la legitimidad de mantener la pena de muerte en el orden social establecido o la necesidad de suprimirla , y sobre todo destacar  la intención con que su autor decide abordar ese tema desde semejante postura  en la primera mitad del siglo XIX a partir de las visiones  de ese autor de una traductora cubana al español en el continente americano en el siglo XXI.

El tema se debatía con ardores particulares en la primera mitad del decenio de los años 1830, a raíz del debate organizado en 1826 en Ginebra sobre este sensible tema, a pesar de que la pena de muerte había llegado a ser prácticamente una institución en Francia desde muy atrás, como es harto conocido. La cruzada de Hugo se beneficiaba de algunas circunstancias del contexto político: La derrota de los Ultras había erosionado definitivamente el prestigio de quienes hicieron “del Papa y del Cadalso los dos polos del orden social. De suerte que para los franceses, con la ciudadanía recién restaurada  en un marco de legitimidad, la salvaguarda del individuo como tal era la nueva condición sine qua non para la libertad de empresa. La sacralización de la pena capital ya no estaba de moda en un mundo donde el dinero no quería tener ni olor ni absoluto”.     

Destacan con particular relevancia la misión del escritor de temas político sociales y sus posibles influencias en la vida y el pensamiento de su época.  He escogido para ilustrar la narrativa de Hugo dos obras cuyos vínculos son por lo menos curiosos y la vinculación que Hugo establece entre las narraciones completamente original.   Me refiero a El último día de un condenado a muerte y a Claudio Gueux, un relato relativamente corto de una treintena de páginas publicado por la Revue de Paris, de 6 de julio de 1832.  El texto publicado fue cuidadosamente revisado por Hugo, a partir de las pruebas de la copia que Juliette Drouet había hecho del  manuscrito original que había permanecido inédito desde que Hugo lo redactó de su propia mano meses antes.
 

El personaje protagónico Claudio Gueux, alias Lacroix, alias David, es real y estuvo muy lejos de ser el obrero y cabeza de familia honesto, víctima del sistema  y de su mala su mala suerte que Hugo retrata en su noveleta.  Había nacido en Chassagne, un 18 de mayo de 1804, en el seno de una familia donde la delincuencia era un modo de vida. Tras  cumplir varios arrestos y condenas menores y en particular inculpado de un horrible asesinato con alevosía y premeditación perpetrado sin que mediase la menor provocación por parte de la victima (que era el director del establecimiento penal),  por haberle separado de otro convicto con quien mantenía relaciones homosexuales, nombrado en la novela Albin  pero en realidad nombrado Pierre Hébrard; -Gueux finalmente fue decapitado en Troyes un 1ro de junio de 1832 por robo y asesinato. Esta noveleta tiene  el mismo ámbito temático de El último día de un condenado a muerte, el segundo de los relatos de Hugo escogidos para este trabajo que contextualizaremos  también oportunamente.

Victor Hugo es un autor de valores universales -bien controvertido como sabemos- que ha suscitado a la par lo mismo fervorosas adhesiones que criticas acerbas dentro y fuera de Francia. Fue bastante conocido y traducido en Cuba desde épocas muy tempranas incluso por José Martí.  Me ha parecido ilustrativo reproducir una nota de la autoría del propio Hugo que aparece a guisa de proemio de la segunda de las dos obras que me propongo analizar en este trabajo: La primera edición de Le Dernier Jour d’un Condamné à mort tiene fecha de  3 de febrero  de 1829, y se dio a la estampa por quienes también estuvieron a cargo de la segunda edición.  por Gosselin y Bossange . Dice allí Hugo:

“La única información  que aparecía al inicio de las primeras ediciones de esta obra, que se dio a la estampa en principio sin que figurase el nombre del autor, son las líneas que reproduzco a renglón seguido:
“Hay dos maneras de asumir la existencia de este libro. O a partir de un legajo de papeles amarilleados y desiguales en los que hallaremos  registrados , uno por uno, los últimos pensamientos de un miserable; o asumimos la presencia de un hombre, de un  soñador ocupado en observar la naturaleza en beneficio del arte, un filósofo, un poeta ¿qué se yo? ganado o dejándose ganar por una fantasía  de la cual sólo pudo liberarse  cuando la volcó en un libro.
 

De esos dos enfoques el lector escogerá el que quiera. Como se aprecia, en la época en que ese libro se publicó, el autor no juzgó pertinente decir de pronto todo lo que pensaba. Estimó mejor esperar ser entendido y ver sí lo comprendían. Lo fue. Ahora el autor puede revelar el planteamiento político, social que quiso popularizar bajo esta inocente y candida modalidad literaria. Declara entonces, o más bien confiesa abiertamente que “El último día de un condenado”  no es más que un alegato , directo o indirecto, como se quiera ver, a favor de la abolición de la pena de muerte.” 

De la referencia que aparece en el volumen de Obras Completas de Victor Hugo que he consultado , el protagonista de El último día de un condenado se identifica como Pierre Hébrard, y es Albin en “Claudio Gueux” y su pareja, condenado el 16 de abril de 1831 a los 37 años y ejecutado, según reporta  La Gazette des Tribunaux del 12 de septiembre de 1831, exactamente en las condiciones que describe Hugo. 

Lo primero que me salta a la vista al emprender la traducción a español de estos trozos, - voy a invertir el orden lógico de los análisis iniciándolos con El último día de un condenado a muerte- es la manera en que Hugo asume en los dos relatos la misión del novelista, del cronista  que se compromete con los problemas sociales de su época más allá de la mera descripción de los sucesos. Cabe destacar que en esta obra lo rasgos  psicológicos y los conflictos internos del protagonista están a mi juicio bien trabajados, en tanto que en Claude Gueux priman los detalles contextuales. 
 

La colocación entre admiraciones al principio de determinados párrafos de la frase reiterativa ¡Condenado a muerte! para enfatizar la trascendencia y el dramatismo de la afirmación  es ya de por sí un denuncia que remite al lector de inmediato a la cuantía de la sentencia y de la pena consecuente y están muy bien dosificados en el conjunto de la obra. Veamos los ejemplos en original y en traducción:

Le dernier jour d’un condamné (Hugo)
Condamné à mort!
Voilà cinq semaines que j’ habite avec cette pensée, toujours seul avec elle, toujours glacé de sa présence, toujours courbé sous son poids!.
Autrefois, car  il me semble qu’il y a plutôt des années que des semaines, j’ étais un homme comme un autre homme. Chaque jour, chaque heure, chaque minute avait son idée. Mon esprit, jeune et riche, était plein de fantaisies. Il s’ amusait à me les dérouler les unes après les autres, sans ordre et sans fin, brodant d’inépuisables arabesques cette rude et mince étoffe de la vie. C’ étaient des jeunes filles, de splendides chapes d’évêques, des batailles gagnées, des théâtres pleins de bruit et de lumières, et puis encore des jeunes filles et de sombres promenades la nuit sous les larges bras des  marroniers. C`était toujours fête dans mon imagination. Je pouvais penser à ce que je voulais , j’ètait libre.
Maintenant, je suis captif. Mon corps est aux fers dans un cachot, mon esprit est en prison dans une idée. Une horrible, une sanglante, une implacable idée! Je n`ai plus qu’une pensée, qu`une conviction, qu’une certitude: -condamné à mort!
  p. 431.
Je viens de m`éveiller en sursaut, poursuivi par elle (idea) en me disant_ .Ah!  c’est n’est qu’un rêve!- Eh bien! Avant même que mes yeux lourds aient eu le temps de s’entr’ouvrir assez pour voir cette fatale pensée ècrite dans l’ horrible réalité qui m’entoure , sur la dalle mouillée et suante de ma cellule, dans les rayons pâles de ma lampe de nuit , dans la trame grossière de la toile de mes vêtements , sur la sombre figure du soldat de garde dont la giberne reluit à travers la grille du cachot, il me semble que déjà une voix a murmuré à mon oreille:- Condamné à mort! p. 432.
-Condamné à mort! Dit la foule; et tandis qu’on m’ enmmenait, tout ce peuple se rua sur mes pas avec le fracas d’un édifice qui se démolit. Moi je marchais, ivre et stupéfait. Une révolution venait de se faire en moi. Jusqu’à l’ arrêt de mort, je m`´etait senti respirer, palpiter, vivre dans le même milieu que les autres hommes; maintenant je distinguais clairement comme une clôture entre le monde et moi. Rien ne m’apparaissait plus sous le même aspect qu’auparavent . Ces larges fenêtres lumineuses, ce beau soleil , ce ciel pur, cette jolie fleur, tout cela était blanc et pâle, de la couleur d’un linceul. Ces hommes, ces femmes, ces enfants qui se pressaient sur mon passage, je leur trouvais des airs de fantômes.
Au bas de l’escalier, une noire et sale voiture grillée m’ attendait. Au moment d’y monter , je regardais au hasard dans la place.-Un condamné à mort! criaient les passants en courant vers la voiture
. p. 435.

¡El último día de un condenado! Trad. de Arencibia:
¡Condenado a muerte!
¡Hace ya cinco semanas que vivo con ese pensamiento, siempre  a solas con él, siempre helado por su presencia, siempre doblado bajo su peso!
Tiempo atrás, porque me parece que más bien hace años y no  semanas , yo era un hombre como cualquier otro hombre. Cada día, cada hora, cada minuto, tenía su idea. Mi mente, joven y rica, se llenaba de fantasías. Se divertía desplegándolas unas tras otras sin orden ni fin , bordando con interminables arabescos este basto y frágil tejido de la vida. Estaban las muchachas , espléndidas capas de obispos, batallas ganadas, teatros llenos de ruido y de luces, y más muchachas y oscuros paseos nocturnos bajo las amplias ramas de los castaños. Mi imaginación siempre estaba de fiesta. Podía pensar en lo que quisiera , era libre.
Ahora estoy preso. Mi cuerpo encadenado en un calabozo, mi mente prisionera de una idea. ¡Una idea horrible, sanguinaria, implacable! Sólo pienso en una cosa,  tengo una sola convicción, una certeza; ¡estoy condenado a muerte!
Acabo de despertarme sobresaltado perseguido por ella (por la idea) y me dije. ¡Ah! ¡es solo un sueño! –¡Pues bien! Incluso antes de que mis pesados párpados tengan tiempo de entreabrirse lo suficiente para ver ese pensamiento fatal escrito en la horrible realidad que me rodea, en el pavimento mojado y grasiento de mi celda, en los débiles fulgores de mi lámpara de noche, en la burda trama del tejido de mis ropas, en la sombría cara del soldado de guardia cuya giberne reluce a través de la reja del calabozo, me parece que ya hay una voz que murmura en mi oído: -¡Condenado a muerte! P. 432
-¡Condenado a muerte! Dijo la multitud; y cuando me llevaron, toda aquella gente me siguió detrás con el estruendo de un edificio que se viniera abajo. Yo caminaba ebrio y estupefacto.
Sentí en ese momento como una revolución por dentro. Hasta conocer la sentencia de muerte, me había sentido respirar, palpitar, vivir en el mismo ambiente que los demás hombres; pero ahora distinguía claramente que había un muro entre el mundo y yo. Nada me parecía tener el mismo aspecto de antes. Aquellas anchas ventanas luminosas, el deslumbrante sol, el cielo puro, la hermosa flor, todo era blanco y pálido del color de un lince. Aquellos hombres y mujeres que apuraban el paso cuando se cruzaban conmigo , parecían fantasmas.
Al pie de la escalera, me esperaba una furgoneta negra,  sucia y enrejada. En el momento de abordarla miré distraídamente hacia la plaza. ¡un condenado a muerte! gritaban los transeúntes corriendo hacia el vehículo.

En textos como los que nos ocupan, uno de los mayores escollos del traspaso de sentidos a través de la mediación intercultural implícita en el acto de traducción se refiere a los llamados realia con una presencia mucho mayor en “Claudio Gueux” que en “Un condenado a muerte”  Las dificultades que plantea la búsqueda y el  hallazgo de equivalencias satisfactorias para esas aproximaciones nos demuestra que para traducir no basta con conocer los idiomas, sino que es preciso conocer los usos, las costumbres , la civilización de los interlocutores en la comunicación. Los siguientes segmentos son suficientemente ilustrativos del alto nivel de dificultad para la traducción:

Claude Gueux (Victor Hugo)
 “ils m`apprennent à parler argot, à rouscailler bigorne, comme ils disent. C’est toute une langue entée sur la langue générale comme une espèce d’excroissance hideuse, comme une verrue. Quelquefois une énergie singulière, une pittoresque effrayant: il y a du résiné sur le trimar ( du sang sur le chemin), épouser la  veuve (être pendu) , comme si la corde du gibet était veuve de tous les pendus.  La tête d’un voleur a deux noms; la sorbonne, quand elle médite, raisonne et conseille le crime; la tronche, quand le bourreau la coupe. Quelquefois de l’ esprit de vaudeville; un cachemire d’osier (une hotte de chiffonier), la menteuse (la langue) ; et puis, partout, à chaque instant , des mots bizarres, mystérieux, laids et sordides, Venus on ne sait d’où: le taule ( le bourreau) , la cône (la mort), la placarde (la place des exécutions). On dirait des crapauds et des araignées. Quand on entend parler cette langue, cela fait  l’ effet de quelque chose de sale et de poudreux, d’une liasse de haillons que l’on secouerait devant vous.”

Claudio Gueux (Trad. de Arencibia) “me enseñan a hablar su jerga, una media lengua chapoteada , como ellos dicen. Es todo un idiolecto desgajado de la lengua general como una especie de excrecencia asquerosa, una verruga. A veces transmite una singular energía, un lado pintoresco que asusta : hay peste en el guayabal (hay sangre de por medio) empatarse con la viuda  (ser ahorcado)  como si cada vez que le cuelgan a uno, la soga con que le ahorcan se quedase viuda. A la cabeza de un ladrón le dan dos nombres: cuando parece que medita, razona, y aconseja el crimen la tildan de sabichosa; cuando el verdugo la corta se la llevan en la golilla. A veces, prima el espíritu de vodevil ; “envuelto como un  tamal” equivale a decir que cantó el manisero; “la engañadora” es la lengua ;, “la pelona”:(la muerte),  “el último cuplet”• (el lugar de las ejecuciones). Se diría que van “echando sapos y culebras”. Cuando uno los oye hablar así, suena como algo sucio y polvoriento, un montón de harapos que sacudieran frente a nuestros ojos.

No menos necesaria se hace para el traductor una investigación de las locaciones que cita Hugo ya que son lugares emblemáticos y referenciales de Paris . Bicêtre es un edificio que se construyó en la Ciudad Luz  en 1632 para que funcionase como hospital militar. En la época en que se escribió la novela de Hugo, se había transformado en prisión   y posteriormente  se convirtió en lugar  de reclusión para enfermos mentales.
Clarivaux es el establecimiento penitenciario central. La ejecución aquí se realiza en la plaza pública, en la plaza de Grève. En la novela Nuestra Señora de Paris, Hugo ya había hecho una descripción de esta plaza sabedor de  que en la época en que escribió el relato no quedaba  más que un  vestigio de lo que una vez  había sido aquel lugar.  Y haciendo memoria sobre lo que fueron antaño los lugares donde se ejecutaban a los prisioneros sentenciados a muerte , califica de consolador que no haya más “en nuestro inmenso Paris que un rincón deshonrado de la Grève; una miserable guillotina, furtiva, inquieta, vergonzante, que siempre parece temerosa de que la pillen en flagrante delito, a juzgar por lo rápido que desaparece luego de haber asestado el golpe!” p. 536.

Cerramos con “mi traducción de Claudio Gueux cuya personalidad  parece bien distinta a la de Pierre Hébrard pese a que ambos fueron finalmente ejecutados:
 
“Al cabo de pocos meses Claudio se aclimató al aire de la prisión (…) y más o menos ese mismo tiempo le tomó adquirir un singular ascendiente sobre todos sus compañeros. Como por una suerte de convención tácita y sin que nadie supiera la razón, ni siquiera él, todos aquellos hombres le consultaban, le escuchaban , le admiraban y le imitaban. Poner a un hombre que tiene ideas con hombres que carecen de ellas al cabo del tiempo y por una ley de atracción irresistible , todos los cerebros tenebrosos gravitarán humildemente y con adoración alrededor del cerebro deslumbrante. Hay hombres que son de hierro y otros que son imanes. Claude Gueux era imán.
En menos de tres meses se convirtió en el alma , la ley y el orden del establecimiento penal.  Todas esas agujas giraron en su cuadrante . Por momentos, él mismo debíó dudar si era rey o reo. Una especie de Papa cautivo con sus cardenales…” 

Editado por Heidy Bolaños