Los bufos: un teatro con humor de diversas aristas
El teatro bufo ocupa por sí solo un capítulo extenso e importante dentro de la historia de las artes escénicas en Cuba a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Tuvo una existencia prolongada, se movió entre diversas cuerdas afines, como la sátira, el burlesco, lo musical (vodevil), la parodia, y transitó por épocas que corrieron desde la colonia, la guerra independentista, la intervención norteamericana y los años primeros de la república. Su profusa historia contiene paletadas de arena y de cal, según las circunstancias, intereses y momentos de la vida nacional.
La palabra bufo (proveniente del francés) ofrece multitud de matices: el de la sátira, la crítica, la burla de las costumbres, el tono subido, el desparpajo y el doble sentido… y todos ellos tuvieron cabida en el teatro bufo cubano, junto con el baile, el dicharacho y la gracia —aun en medio de los más difíciles contextos.
Pero hay algo más: el público acudía a los teatros para divertirse y aprovechar lo que se escuchaba sobre el escenario para interpretarlo como una alusión a la situación cubana, mensaje que se “envolvía” con una cucharada de humor que mitigara en algo el sabor amargo de la realidad.
Los bufos no centraron sus funciones en la capital, llevaron sus obras a las ciudades y pueblos del interior, y con ello alcanzaron una popularidad no conseguida por otras manifestaciones escénicas, al punto que incentivaron el gusto por el teatro entre sectores diversos de la población, por lo que en modo alguno puede ser menospreciada su presencia. Todo lo contrario, impactaron en el desarrollo de la cultura popular y crearon personajes arquetípicos, como el negrito, la mulata, el gallego y el guajiro, complementado el asunto con algo de drama, mucho de sainete y la musicalidad de una guaracha.
Disfrútese este fragmento de Los negros catedráticos que parodia los conocidos versos de José Zorrilla en su muy llevado y traído (y trajinado) Don Juan Tenorio:
¿No es verdad, ángel de amor,
que ha venido de perilla
jugarle esta manganilla
a tu viejo profesor?
Dime: ¿no es cosa más buena
gozar de los resplandores
de los ojos matadores
de esta linda nacarena?
Los labios de esta morena
haciéndote pucheritos
y estos pícaros ojitos
que arman a cualquiera un lío,
no dicen, chiquito mío,
¿te gustan los merenguitos?
De la misma fuente y el mismo tenor son estos otros versos paródicos:
Muertos a quienes maté,
ya podéis sin vacilar,
al punto resucitar.
(Y todos responden a coro: Muchas gracias.)
El teatro bufo es, en su momento, un valladar, una respuesta a la presencia de las compañías extranjeras que hacían su turné por la Isla. Sin embargo, se les ha criticado que durante los años de la guerra independentista y en particular a partir de los trágicos sucesos del teatro de Villanueva en enero de 1869, provocados por el Cuerpo de Voluntarios en represalia por unos vivas independentistas, los bufos (o al menos algunos de ellos) adoptaran una posición pro españolizante, seguramente por razones de conveniencia política y oportunismo, que mermó el contenido de las obras.
Bajo las circunstancias de la segunda intervención norteamericana en 1906, se percibe la posición del teatro bufo, contraria a la presencia norteamericana pero con cierta añoranza o defensa del elemento español. Con indudable ingenio los autores exprimen una sonrisa a partir de la dramática situación cubana:
Desde que a Cuba ha venido
la segunda intervención
lleva el cubano afligido
el luto en el corazón.
La vaca del presupuesto
no vuelve más a engordar
pues secaron sus tetas
de tanto y tanto chupar.
Recuérdese la profusión de teatros que abren en la capital y el país todo. En La Habana coexisten los teatros Tacón, Payret, Irijoa, Albisu, Cervantes, de Verano, Torrecillas y el teatro chino de Zanja, entre otros. En 1890 abre el Alhambra, supuestamente solo para hombres. En el interior del país esplenden por su arquitectura y por sus puestas, los teatros Terry, de Cienfuegos; La Caridad, de Santa Clara; y Sauto, de Matanzas.
Las salas se llenan y existe un público que sigue los nuevos estrenos. Enjuiciar desde la óptica actual la calidad de los repertorios es asunto que debe manejarse con sumo cuidado y respeto. De los artistas, vale decir que alcanzaron popularidad y que el histrionismo de varios de ellos ha quedado fuera de duda por los testimonios llegados a nuestros tiempos y las notas elogiosas de la crítica y la prensa. Con todo, a lo largo de los años la producción del teatro bufo muestra períodos de declive y otros de alza.
Los bufos son parte imprescindible de la memoria del teatro cubano y representativos de un toque de gracia que aún hoy nos dibuja una sonrisa. Y como de algún modo debe cerrar esta entrega, hagámoslo con esta cuarteta de El doctor Machete, obra estrenada en 1888, del autor Ignacio Sarachaga (1855-1900), uno de los más notables del género:
Público ten compasión
yo sé que estos disparates
merecen que, en profusión,
nos tires ¡hasta aguacates!
Editado por: Maytée García