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Evocación audiovisual al cumpleaños 55 de la UNEAC

Jesús Dueñas Becerra, 10 de noviembre de 2016

Ciro Bianchi Ross (La Habana, 1948) es un excelente narrador, que ha publicado varios libros, y es —junto a los multilaureados escritores Senel Paz y Leonardo Padura— uno de los artífices del periodismo literario en la mayor isla de las Antillas y fuera de nuestras fronteras geográficas. Colabora, además, con varios medios locales de prensa y tiene una columna semanal en el diario Juventud Rebelde, donde cuenta con gran número de fieles seguidores, quienes han aprendido a conocer los secretos que guarda La Habana, Ciudad Maravilla, y la historia de Cuba, a través de la lectura de las chispeantes y originales crónicas que publica en la edición dominical del periódico de la juventud cubana.     

Bianchi Ross es miembro ilustre de la UNEAC y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), mientras que, por sus valiosos aportes a la cultura insular, ha recibido disímiles premios y reconocimientos.  

Nombre común Nicolás es una producción de la Casa de Documentales Octavio Cortázar de la UNEAC, junto al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y Cubavisión Internacional.

En el desarrollo de ese audiovisual se relata que, en Buenos Aires, una adivina leyó su mano y le auguró dicha para el porvenir. Y así fue, ya que, tiempo después, Nicolás Cristóbal Guillén Batista (1902-1989), se convirtió —por derecho propio— en el Poeta Nacional y en el presidente fundador de la UNEAC.

Entre otros datos de interés, el auditorio pudo conocer que el hombre que le dio voz al negro en los poemas que escribiera vio la luz de la bóveda celeste en Camagüey, en el seno de una familia humilde, pero con un elevado nivel cultural. Por otra parte, la Ciudad de los Tinajones devino leitmotiv en su prolífica producción poético-literaria y periodística.

De acuerdo con valiosos testimonios aportados por personalidades de la cultura cubana, Guillén rescata la cultura africana, y percibe —desde muy temprano— el mestizaje y el proceso de transculturación prevaleciente en Cuba; fenómenos etnográficos y antropogénicos que calificara con el sugestivo título de color cubano.

Según el criterio sustentado por el doctor Roberto Méndez Martínez, en la poética guilleniana se encuentran respuestas a infinidad de interrogantes; respuestas que incluyen el planteamiento de problemas de carácter socio-político y humano que signaran el período histórico que le tocara vivir, tanto en la ciudad agramontina, como en la capital del país.

En los versos, que se le escapaban del alma al bardo camagüeyano, la nación desempeña una función clave, el palpitar de una cultura que se nutre de las más diversas fuentes. Tanto fue así, que, en 1930, dio a la estampa el poemario Motivos de son, que tuvo gran acogida popular y fue musicalizado por compositores de la talla excepcional de Alejandro García Caturla e integrantes de la familia del maestro Eliseo Grenet.

La poetisa y escritora Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura, afirmó que esos versos devinieron un verdadero escándalo para la época en que vieron la luz de la publicidad.

El escritor Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura, lo caracteriza como «un poeta lleno de sorpresas», porque el lector siempre encuentra, al revisitar la prosa de Guillén, algún mensaje expresado entre líneas.

En relación con lo que significara para el vate caribeño el viaje a España, realizado en 1937, y donde conociera a los intelectuales Antonio Machado (1875-1939), Pablo Neruda (1904-1973), Rafael Alberti (1902-1999), César Vallejo (1892-1938), Octavio Paz (1914-1998), entre otras figuras prominentes de la cultura iberoamericana y universal, e ingresara a las filas del Partido Comunista— el titular de Cultura declaró que en la península radicalizó su posición política, a favor de los pobres del mundo, con quienes su suerte quiso echar.

Según refirió la poetisa, crítica y periodista, Aitana Alberti, la amistad de su progenitor con el autor de Elegía a Jesús Menéndez se consolidó en la República Argentina cuando padecían los rigores del exilio político, donde se tornó evidente, a través de la carismática personalidad de Nicolás, el gran sentido del humor que lo identificara.

Al triunfar las armas rebeldes, se encontraba en Buenos Aires, y de inmediato, regresó a Cuba, donde fue electo, en 1961, presidente de la UNEAC. Los entrevistados coinciden en señalar que nunca fue un jefe autoritario, siempre puntual y responsable, aunque conservaba la gracia y la dulzura que irradiaba el yo niño, al que jamás renunció o eclipsó.

Era muy serio y celoso con su trabajo y tenía como regla de oro «la obligación de escribir bien», acotó Nancy Morejón.

Sin duda alguna, otro de sus aportes fundamentales al desarrollo de la cultura cubana fue el rescate de la poesía en su expresión oral, la cual llevara implícita mensajes contra el racismo, en cualesquiera de sus manifestaciones, y a favor de la total emancipación del ser humano.

«Nicolás fue para nosotros lo que Neruda […] para Chile», comentó Méndez Martínez.

No es necesario tristezas, ya que cada vez que los tambores se escuchan en el espacio sonoro caribeño, reviven —como por arte de magia— los Motivos de son, los Poemas mulatos o el Negro Bembón. Nicolás Guillén era —es— una figura trascendental para nuestra cultura.

Los versos del poeta, escritor y etnólogo Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, así lo confirman:

«Si no hubieras existido te hubiéramos traído de las olas/, te hubiéramos inventado […]».

Editado por Heidy Bolaños


 

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