Disfrutar de la historia con Will Cuppy
En la Colección Huracán de la Editorial Arte y Literatura apareció en el año 2009 el curioso título Decadencia y caída de casi todo el mundo, de la autoría del periodista, caricaturista y crítico literario estadounidense William Jacob Cuppy. Es este un libro de historia muy diferente de otros, por su enfoque original y desenfadado al tratar temas tradicionalmente graves que podrían llevar al tedio en la lectura.
Anteriormente, el libro había sido motivo de tres ediciones cubanas previas en los años 1971, 1980 y 2009, por su alta demanda en el público lector de todas las edades, pues su consumo es ideal para estudiantes a partir del nivel secundario, cuando ya comienzan a poseer conocimientos que les permiten comprender a fondo los recursos literarios empleados, como son la ironía, la hipérbole, la imagen, la metáfora, los juegos semánticos y el abierto humor intelectual que se respira en todo el texto.
Tales recursos estilísticos están dedicados a poner en tela de juicio las más cacareadas aseveraciones que han hecho de asesinos explícitos, líderes poderosos reconocidos mundialmente; como es el caso de ciertos faraones egipcios, emperadores romanos y reyes medievales, entre otros. Pues el autor no solo cuestiona la historia como hilo del tiempo humano, sino a otros autores y otras bibliografías que ha tenido a la mano para la consulta y el contraste de fuentes. El mismo título del volumen constituye una parodia de otras investigaciones, al aludir directamente a la obra pomposamente titulada La decadencia y caída del Imperio Romano, de Gibbon, autor que cita o refiere frecuentemente.
Will Cuppy nació en 1884 en Auburn, y falleció en New York en 1949. Graduado de literatura inglesa en la universidad de Chicago trabajó como reportero para los diarios Daily News y Record Herald. Durante la Primera Guerra Mundial colaboró con el New York Herald Tribune y luego del conflicto, continuó su trabajo en este medio por 23 años más, también con críticas de arte y caricaturas.
En 1910 publicó su primer libro, Historias de Maroony, en 1929 apareció Cómo ser un ermitaño, su segunda obra, que fue editada seis veces en cuatro meses, lo que habla de su popularidad. En 1931 apareció otra sátira: Cómo distinguir a tus amigos de los simios, y en 1941, Cómo comenzar a extinguirse. Su último libro, Cómo atraer al wombat, apareció en 1949, dos meses después de su muerte.
Cuppy inició la escritura del texto que les comento en 1933, labor que por desgracia no llegó a finalizar al momento de su fallecimiento. Gracias a un amigo que se ocupó de su rescate y revisión, pudo publicarse un año más tarde. Al terminar el libro, imaginamos todo lo que pudo haber logrado, de completarlo con nuevas figuras merecedoras de su original visión y de su profundo trabajo investigativo.
Veinte personalidades comparten el volumen, iniciado por los faraones Keops o Khufú, Hatshetsup y Tutmosis, y finalizado por Catalina la Grande y Madame du Barry. De esta manera, el autor muestra una interpretación de la historia a través de ciertas vidas que marcaron hitos en el devenir humano, con énfasis en su actuar legado a la posteridad, pero desde un enfoque racional y sarcástico, para nada emotivo, al que justifica con causas risibles, algunas de ellas reales, para asombro de los lectores.
En este sentido, cobran mucha fuerza las notas al pie de página que el propio escritor suma a la lectura, muchas de las cuales son motivo de profunda hilaridad, completando con un toque de clímax o una verdad de perogrullo el acontecimiento que se narra o describe en el cuerpo principal. Frases deliciosas aparecen en las notas referidas a los egipcios, con quienes se ensaña de la mejor manera, al enunciar:
• La mayor ambición de todo egipcio era llegar a convertirse en momia, pero únicamente los ricos podían conseguirlo. Más tarde las personas con ciertos recursos también pudieron llegar a ser momias.
• Los egiptólogos que examinaron la momia de Tutmosis II después de 3 500 años de su muerte opinan que no era un hombre normal. Tenía un aspecto feísimo.
• Los faraones llevaban barbas artificiales que simbolizaban la sabiduría artificial.
Otro ejemplo lo tenemos en el breve acápite dedicado a Guillermo el Conquistador, cuando expresa:
Como duque de Normandía, Guillermo volvió a establecer el orden, obligando al cumplimiento de la Tregua de Dios, bajo la cual todo acto de violencia quedaba terminantemente prohibido los lunes, martes, jueves y viernes.
Y con nota al pie añade: “Todos los crímenes debían ser cometidos los miércoles, sábados y domingos”.
Con este proceder mordaz que llega al cinismo desmonta de raíz las supuestas hazañas de otros tantos supuestos héroes y heroínas, y vuelve de cabeza, tal como refiere la imagen explícita en la cubierta del libro –una columnata jónica con el capitel a sus pies, rodeado de nubes-, concepciones asentadas por maestros y profesores durante los distintos niveles académicos, y por los medios masivos de comunicación a través de documentales y superproducciones fílmicas, sobre personajes, fechas y hechos que construyeron una imagen de falsa gloria para sus respectivos países y para la civilización occidental.
Invitamos a disfrutar de esta nueva edición de Decadencia y caída de casi todo el mundo, con excelente edición y corrección de estilo de María Guadalupe Rouco Núñez y composición computarizada y diseño de cubierta de Alejandro Greenidge Clark, para conocer nuevas visiones de la historia de la humanidad, magistralmente recreada por Will Cuppy a través de su sagaz mirada.
Editado por Yaremis Pérez Dueñas