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Eladio Secades: entre el humor y la reflexión crítica

Leonardo Depestre Catony, 05 de diciembre de 2016

Aunque pasaron años y años en que apenas se le mencionaba en “los medios”, a Eladio Secades nunca se le olvidó. Imposible sería olvidarlo, además de enormemente injusto. La historia del costumbrismo literario cubano del siglo XX no puede escribirse sin dedicarle un capítulo, tampoco la del periodismo, ni la del comentario deportivo. Y hasta el honroso (por el nombre que llevó y por quienes lo merecieron) Premio Justo de Lara ganó en 1942, en esa ocasión presidido el jurado por Jorge Mañach. De manera que hay huellas profundas de Eladio Secades en diversos terrenos del quehacer intelectual cubano.

En 2004 publicó Ediciones Unión una selección de sus Estampas, y así se tituló el libro. El prólogo, además de la propia selección, corrió a cargo de Laidi Fernández de Juan, y si vale la pena leer las estampas igualmente vale la pena leer a  Laidi: "Aunque a ratos nos hacen sonreír, reír o incluso nos obligan a la carcajada, las estampas se convierten, sin proponérselo su autor o sin poder evitarlo, en puntos de referencia, algunos de los cuales resultan tristes, dolorosos”.

Los inicios de Secades en el periodismo se remontan a la década del 20  de la pasada centuria, en el periódico La Lucha. Años después pasó al diario El Mundo, aunque también se le encuentra en otras publicaciones cubanas como Alerta, Zig-Zag, El Heraldo, Diario de la Marina… Dirigió el muy leído suplemento deportivo de la revista Bohemia. El alcance tan vasto de sus trabajos lo convirtió en uno de los más conocidos (y reconocidos) periodistas cubanos. Quizá alguien no lo leyera, pero aún así identificaba cuánto representaba en la prensa su nombre.

Secades publicó tres tomos de Estampas de la época, en los años 1941, 1943 y 1958. El muestrario de personalidades, situaciones, apreciaciones, comentarios y lugares que desfilan por las estampas del costumbrista ilustra acerca de cuan penetrante fue el ojo de este periodista.

Rodeaba al recitador una corte de víctimas que para halagarle, ensayaba dramáticos gestos, ora de aprobación, ora de asombro. El recitador con los dos puños se golpeó el pecho, abrió los brazos y mientras se incorporaba, iba diciendo muy despacio:

Contra mí ceñida toda, muda y pálida…
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de las fibras se agitara…

De uno de los ángulos del salón brotó un ruido áspero, prolongado, escalofriante. Como el que se produce al arrastrar una silla en el silencio de la noche. O al abrirse la puerta de un escaparate nuevo.
(…) Fue esa la primera trompetilla que se tiró en Panamá.

                                          (Estampa titulada “La trompetilla”)

Cuando en 1945 se creó la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, Secades recibió el certificado de aptitud periodística e ingresó en el Colegio Nacional de Periodistas. Era ya un escritor consagrado por su trabajo en la prensa y aprobado por el visto bueno de los lectores. Vivió en México, Estados Unidos y Venezuela, donde falleció en 1976. Fuera de Cuba, donde se estableció al triunfar la Revolución, publicó nuevas estampas.

Alrededor de 150 estampas, además de una apreciable cantidad de cuentos, avalan el quehacer de un intelectual con el oído siempre receptivo al comentario popular.

La suegra es un motivo de odio y de hostilidad permanentes. La pobre suegra es una institución presentada como el eclipse total de la felicidad de los hogares. En serio y en broma, se le ha combatido siempre. Por sistema. Como por sistema combatimos a los judíos, que se diferencian de los cristianos en la forma de la nariz. Y que se parecen a los cristianos en el amor que le tienen al dinero. Quizá las suegras no sean tan malas; y suceda que los yernos son seres vulgares que no tienen el ingenio que se necesita para trocar de vez en cuando el odio en simpatía. Aunque solo sea por originalidad. Los hombres originales quieren a sus suegras. (Estampa titulada “Las suegras”).

Eladio Secades alcanzó prestigio en su doble condición de periodista deportivo y costumbrista, y en cuanto a su estilo incisivo, crítico, ameno, testimonial, valiente, subyace en lo mejor del periodismo que aborda con humor las realidades sociales de cualquier tiempo. Como autor, tuvo el mérito de escribir no solo para los lectores de su tiempo, también para los de estos.

El amigo y también escritor humorístico Jorge Tomás Teijeiro apunta que “Eladio Secades entrampilló  «montón, pila, burujón, puñao» de expresiones de su época. Tienen aquí los filólogos, los lingüistas,  fuente para el estudio de nuestra habla popular, usada en la esquina, en el solar, en el banquete y, asombrosamente, hasta en medios profesionales, que eso sí «le ronca el clarinete»”.

El mérito, en verdad, debe reconocérsele.

Al llegar el entierro al cementerio, al que fue por cumplir, le asaltan dos dudas: ¿Le cantarán responso? ¿Despedirán el duelo? El responso lo canta un barítono que parado junto al órgano todavía no ha podido reponerse de la pena que le dio haber fracasado en la zarzuela. Él está allí, soplando un latín que no entiende. Pero soñó con los aplausos y las exclamaciones de ¡bravo! (Estampa “Los entierros”).

Ciertamente tragicómico es el humor en varias de las estampas de Eladio Secades. No por gusto algunos afirman que el cubano saca lasca hasta de los momentos más serios. Probablemente el maestro Eladio Secades fuera en ello uno de los precursores. Vale la pena leerlo.