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Los pequeños fugitivos

Jesús Dueñas Becerra, 22 de diciembre de 2016

 

                                                                                                                                                                                               A la memoria de Manolo Melián

Pedro Urbezo, miembro ilustre de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es el autor de varias radionovelas, telenovelas y teleseries, transmitidas por Radio Progreso, la Onda de la Alegría, y por la televisión nacional.

Labora en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) desde hace más de cinco décadas, y ha publicado los libros El Teatro América y El Teatro América y su entorno mágico, editados en Cuba y Colombia, respectivamente. Por la calidad estético-artística de su obra literaria, tanto en la radio como en la televisión, ha sido objeto de disímiles reconocimientos y distinciones.

La trama de Los pequeños fugitivos gira alrededor de dos príncipes enanos: Tony (Ernesto del Cañal) y Felito (Henry Betancourt), procedentes, el primero, de una familia con muy buen nivel socio-económico, y el segundo, de una familia que vive prácticamente en la miseria y el abandono.

Por casualidades de la vida, Tony y Felito son testigos oculares de un horrendo crimen cometido por el esbirro de la dictadura batistiana, Ernesto Quiroga (Frank González), contra un indefenso vendedor de billetes de la extinguida Lotería Nacional, con la intención de robarle los ahorros que había logrado reunir a través de su azarosa existencia, y que guardaba en una alcancía en forma de Buda.

La alcancía —como por arte de magia— va a parar a manos de los dos chicos; y desde ese momento, comienza una cacería implacable por parte de Quiroga, quien «contrata» a Bandurria (Kike Quiñones) para que lo ayudara a recuperar lo que, según su lógica retorcida, era propiedad de él.

Ante todo, habría que destacar —con letras indelebles— las magistrales actuaciones de Frank González, quien interpretara a un sujeto fría y emocionalmente encallecido que, por obtener dinero, es capaz de abrir la Caja de Pandora, oculta en las regiones más primitivas del psiquismo humano para que saliera a la superficie la «basura» almacenada en el componente instintivo del inconsciente freudiano; y de Kike Quiñones, quien le presta piel y alma a un joven con cierto déficit intelectual, condicionado —probablemente— por un medio cultural y educacional muy poco o nada satisfactorio, lo cual lo convierte en un muchacho manipulable, que le sirve de marioneta a un asesino a sueldo del régimen de facto.

A los dos adolescentes no les queda otra opción que tratar de escapar de la persecución sin tregua desatada contra ellos por Quiroga y Bandurria; en su afán de huir de tan siniestros personajes, encuentran en su deambular a Malvino (Jorge L. Espinosa), quien se une a ellos, entre otras cosas, porque es otro desheredado de la Fortuna (no obstante ser ese su apellido paterno).

Detrás de los personajes principales de esa aventura, hay un elenco actoral de lujo (algunos, lamentablemente desaparecidos, y otros, alejados de las cámaras por diferentes razones), que con su indiscutible excelencia artístico-profesional calzan las actuaciones de Tony, Felito y Malvino, quienes se caracterizan —desde la vertiente personográfica— por el candor, la ternura, la naturalidad y la gracia innata que Madre Natura les confiere a esas criaturas encantadoras que le son tan necesarias a la familia humana como el agua a los peces, el aire a las aves y la luz a las plantas.

En su incansable peregrinar, esos tres chicos recorrieron el archipiélago cubano desde el occidente hasta el oriente del país, y al mismo tiempo, conocieron la bondad de los campesinos y de las clases pobres que subsistían en la Cuba republicana, así como la maldad que distingue a aquellos seres sin escrúpulo alguno que viven del sudor ajeno y la explotación despiadada al otro.

Por otra parte, descubrieron las bellezas naturales que le otorgan un sello distintivo a nuestra plataforma insular, y que devienen un personaje más en esa teleserie, donde se mezclan todos y cada uno de los recursos e ingredientes esenciales para echar a volar la imaginación y la fantasía de los televidentes (sin importar el rango de edades a que pertenezcan), pero sin apelar —nada más lejos de la realidad ni de la verdadera intención del guionista y el equipo de realización— a la violencia por la violencia, a la grosería, a la chabacanería, a la vulgaridad, que —lamentablemente— prevalecen en algunos espacios dramatizados de nuestra pantalla chica.

En conversación con Pedro Urbezo, inquirimos sobre dos de los protagonistas de Los pequeños fugitivos. Al respecto, el prolífico escritor nos dijo: «Ernesto del Cañal abandonó la actuación y se dedicó a la música […] pero Henry Betancourt estudió artes escénicas, y actualmente, integra el elenco de una agrupación teatral […]».

Desde el Portal CubaLiteraria felicitamos a la Televisión Cubana por obsequiarnos —como parte de la programación estival— una teleserie filmada hace cinco lustros, pero que aún mantiene intactas la frescura y la lozanía de esa época privilegiada del ciclo vital humano: la infancia y la adolescencia.

Editado por Heidy Bolaños         
 

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