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F. Mond: cuando el humor cruza las fronteras del tiempo real 

Leonardo Depestre Catony, 05 de enero de 2017

Primeramente digamos que F. Mond es un excelente narrador (novelista y cuentista), también es un conocedor de la historia y del idioma, lo cual le permite jugar con las palabras y hacerlo bien… Después, es un autor cuyos libros descubren un muy trabajado humor, aunque tal vez para F. Mond resulte ya, por su profesionalidad en el oficio, menos “trabajoso”.

Con una abundante producción literaria, Félix Mondéjar comenzó temprano, a la manera de un tímido buscador de temas donde poner a prueba su ingenio. Y hoy sucede que varios de sus libros iniciales no se encuentran ya ni en las librerías de viejos o de segunda mano, y en ocasiones ni en las bibliotecas.

F. Mond ha tenido el privilegio de disfrutar la “desaparición” de sus libros como por arte de la ciencia ficción… tal vez para recolocarlos en las estanterías de un siglo ya pasado o porvenir. En cualquiera de los casos, eso le garantizará una eternidad autoral que muchos escritores más traídos y llevados por los premios quisieran asegurarse y, ciertamente, dudan poder conseguirlo.

A F. Mond se le reconoce como representante por excelencia de la novela de ciencia ficción con toques de humor, en la literatura cubana.  Y su humor tiene mucho de una parodia histórica de la que no escapan ni las Sagradas Escrituras, si bien lo logra de un modo tal que el lector se recrea y sonríe:

Herodes hubiera preferido poner cara de regocijo cuando vio a los tres reyes persas entrar en la gran sala del palacio. Pero no le salió bien. Sus dolores arreciaban, ya era una pústula vestida con túnica romana.
(…) Varias noches después, al dejar la ciudad de Belén, los monarcas recordaban el encuentro.
-Vaya tío ese Herodes, ¿verdad, Melchor? —comentó el más joven de los tres.—. No lo creo capaz de reverenciar ni a la madre que lo parió.
-Tiene miedo, un miedo atroz a que peligre su gobierno; por eso la historia del Esperado no le gusta ni un poquito —dijo Baltasar—. No sé por qué se preocupa tanto, ya no le quedan ni tres afeitadas, está hecho un asco.
El rey negro se acomodó en el lomo del camello. Instintivamente miró al cielo y se fijó en la estrella.
-Brilla mucho más esta noche, ¿no es así, amigo Melchor?
(…)
-A instancias de Gaspar, también hemos bebido a la salud de los taberneros y las prostitutas de Rai. En mi vida me había divertido tanto. ¿Te das cuenta, Baltasar? Tres soberanos haciendo libaciones en honor de taberneros y rameras. ¡Si mi mujer se entera!...
(Pasaje de Vida, pasión y suerte, 1998)

En libro anterior, ¿Dónde está mi Habana? (1985), F. Mond utiliza igualmente su capacidad para imbricar la historia, la ciencia ficción y la más fértil imaginación, con el humor como elemento  aglutinador. Aquí el pasaje incorpora un toque metafórico (no exento de lirismo) antes de provocar la sonrisa:

El Atlántico Mar lava las costas de dos continentes. Las lava y las enjabona formando montañas de espuma. Y cuando se disgusta, les suelta una borrasca; entonces parece que las exprime. Hace lo mismo que una lavadora eléctrica, pero sin electricidad.

Bajo el nivel de sus aguas, miles de peces, quelonios, moluscos y otros bicharracos horribles conviven, más o menos de forma apacible, sin que por ello falten sus disputas por merendarse unos a otros. Algo parecido hacían las naciones que se hallaban por encima de esas mismas aguas en el no menos turbulento mundo de 1761.

Cecilia después o ¿por qué la tierra?, con primera edición en 1987, es una de las obras más conocidas de F. Mond. Él mismo la catalogó como “novela con un poco de todo y mucho de nada”. Por ella desfilan los personajes de la novela de Cirilo Villaverde, también el célebre navegante aéreo Matías Pérez… y por supuesto los seres extraterrestres. Véase la descripción de uno de los personajes:

Fray Eliseo medía con sus pies renqueantes el patio sombreado del convento de las Clarisas. Y medía también muy pocos pies porque era bajito. Era bajito, menudo, tan cargado de hombros que casi eran los hombros los que lo cargaban a él. Y no era para menos: llevaba a cuestas todos los pecados de las más encumbradas damas de La Habana, que preferían confesarse con él porque creían que era sordo.

Mordaz, ingenioso, provocativo… es el quehacer narrativo de F. Mond. Pero además, sus prolijas lecturas de ciencia y de tecnología impregnan las páginas de sus obras, porque el autor gusta de parodiar los acontecimientos del ayer y someterlos a un análisis en que lo científico se amalgama con lo ficcional, dentro de un terreno rico en coyunturas que estimulan la imaginación.

De F. Mond ha señalado el colega y amigo Jorge Tomás Teijeiro que “encontraremos siempre en su obra humorística cultura e ingeniosidad, pues se trata de alguien que se toma el humor como algo muy serio”.

Una y otra vez su narrativa se salpica con la bocanada de humor. Y a veces sucede esto desde el comienzo mismo, como en Holocausto 2084, publicado en 1999, donde el autor nos lanza esta sentencia filosófico-hilarante: “El humor es, a lo trágico, lo que el bicarbonato al garbanzo duro: lo ablanda, lo pone pastoso, lo hace digerible”; es este un libro que humildemente dedica… “a los judíos buenos y a las judías fritas”.

Profusa es la bibliografía de F(élix) Mond(éjar): Con perdón de los terrícolas (1979), Para verte reír (1983), Krónicas koradianas (1988) Los que deben morir… Ello, además de los citados en este comentario.

La narrativa de F. Mond nos pone a pensar, a “darle la vuelta” a algunos temas, a descubrirle la otra cara… y lo mejor: lo consigue mediante la fórmula infalible de la amenidad… aun cuando con anterioridad el lector no hubiera incluido a la ciencia ficción entre sus temas preferidos.