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Audiolibros

Mariola Díaz-Cano Arévalo  , 14 de marzo de 2017

Los audiolibros tienen su espacio en las librerías. Pequeño, pero lo tienen. Quizás con los títulos más clásicos casi siempre, pero también se ven muchas novedades. Sin embargo, ¿qué demanda hay para el lector habitual sin dificultades visuales o lectoras? ¿Ahorran quizás un tiempo en esa lectura que visualmente nos lleva más? ¿Captan toda nuestra atención? ¿”Nos metemos” tanto en la historia como cuando la seguimos con los ojos? Vamos a ver motivos para darles una oportunidad o probarlos, al menos.

Hace unos días recordaba las Historias de Juan José Plans. Aquellas grabaciones dramatizadas de clásicos de la literatura de terror nos mantenían con toda la atención e imaginación funcionando. Y a altas horas de la madrugada.

Pues un audiolibro no es más que eso. Un libro en soporte físico habitual de CD con la grabación sonora de una historia escrita, también dramatizada por actores, con música y efectos sonoros. Muchos lectores nos acordamos con cariño de las casetes de cuentos que escuchábamos en nuestra infancia.

Y, salvando las distancias, el concepto es ese. Solo ha cambiado el formato y los soportes de reproducción. Pero de un cuento infantil como Barba Azul, que quizás duraba 15 minutos, ahora nos podemos poner con Guerra y paz o El lazarillo de Tormes, por ejemplo. La cuestión que quizás nos pueda echar para atrás es la calidad de esa grabación. Y sobre todo, la capacidad de atención. Pero no tienen por qué. Además, los compras por internet o como sea y los tienes disponibles fácilmente en tu tableta o en el móvil.

Algunos motivos para hacerles un poco más de caso.
 

Los puedes escuchar como la radio

Cuando vas al trabajo, en el metro, en el autobús… Aunque hay que tener cuidado con qué elegimos para no volver a caer en el rico sueño que habíamos dejado.

Puedes escucharlos también haciendo las tareas de casa. Quizás uno friega mejor los platos con El buscón de Quevedo. O la aburrida cinta de correr en el gimnasio coge ritmo con las Narraciones extraordinarias de Poe. ¿Por qué solo música o tertulias políticas mañaneras?
 

Esos minutos de descanso

Precisamente cuando vuelvas a casa después del trabajo y quieres desconectar. Ese rato después de cenar, con la imposible programación de la tele. Sí, se corre el riesgo de desconectar completamente. Pero con un libro en las manos hay más peligro de que te aplaste la nariz cuando se te caiga. Con el audiolibro quizás se te acabe la batería, las pilas, el capítulo o el libro entero. Pero tu nariz seguirá en su sitio.
 

Compañeros muy ligeros de viajes

Ese vuelo a las Fidji o a Londres. El Orient Express o el Transcantábrico. Ese crucero por los países bálticos o el Volga. Con tu móvil y unos auriculares. Y ya. Dale al play y evoca el alma más rusa con La hija del capitán de Alexander Pushkin.
 

Hay tantos libros en mi lista y tan poco tiempo…

Pero tal vez para escucharlos sí que hay. Hay gente que puede ir oyendo música y leyendo -para mí es algo inexplicable-, pero cada cual es cada cual. Solo hay que cambiar esa música por la atención y el abandono en los sonidos del mar embravecido navegando en la Surprise del capitán Aubrey.
 

Ideales para aprender, mejorar o practicar otro idioma

Por ejemplo, para la lengua de Shakespeare, pero valen igual para la de Molière, Goethe o Dante. O la que sea. Esos terribles ejercicios de listening que nunca se pudieron practicar en la academia, la carrera, el curso… Ningún problema. Audios del FCE, del CAE, del TOEIC, del TOELF. O El cuervo de Poe con la voz de Christopher Lee.
 

Así que ¿por qué no?

Una manera más de acercarse a la literatura, porque hay que tenerla siempre cerca y como sea. No solo para quienes tienen algún tipo de deficiencia visual, sino para los más perezosos que ni miran un libro físico ni digital.

Tomado de Actualidad Literaria

Editado por Heidy Bolaños