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Alberto Luberta: la radio es mi mundo mágico

Jesús Dueñas Becerra, 21 de marzo de 2017

 

Escribir es una necesidad intelectual y espiritual

Alberto Luberta

 

 

El escritor Alberto Luberta Noy (La Habana, 1931), Premio Nacional del Humor 2001 y Premio Nacional de Radio 2002, cumplió 85 años de fecunda existencia terrenal. Como obsequio especial por su onomástico, me place publicar un ameno diálogo que establecí con el multilaureado escritor, nacido en el capitalino barrio de Pogolotti.

Miembro distinguido de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), mi interlocutor es el fundador del estelar espacio humorístico-musical Alegrías de sobremesa, que saliera al aire en 1965, dirige en la actualidad el realizador Alfredo Fuentes, y conduce el locutor Jesús López Chong.

El maestro Luberta ha sido galardonado con la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, el Diploma al Mérito Artístico que confiere la capitalina Universidad de las Artes (ISA), la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, que otorga las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Por otra parte, recibió el Caracol de Honor que, por la obra de la vida, concede la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, la que integro desde hace casi cuarenta años.

Sin más dilación, le cedo la palabra al maestro Alberto Luberta

¿Qué representa para usted que Alegrías de sobremesa se mantenga en el aire desde hace más de medio siglo con una fiel radio audiencia?

Ante todo, debo precisarle que la radio es mi mundo mágico; medio al que le he dedicado una buena parte de mi vida profesional como escritor. En respuesta a su pregunta, Alegrías… continúa siendo uno de los espacios estelares de la Emisora de la Familia Cubana, y por ende, se conserva en la preferencia de los amantes del buen humor criollo, el que no hace concesiones a la chabacanería, la vulgaridad o las palabras mal sonantes, que —justificadas o no— son frecuentes en la radio, la televisión y el cine. Y de la buena música cubana, la auténtica, la verdadera.

¿Por qué? Por la calidad de los actores y las actrices que integran el elenco artístico y por la profesionalidad de las agrupaciones musicales que hacen posible ese espacio, que sale al aire todos los días de la semana y se graba de lunes a jueves en horario vespertino-nocturno, así como por el amor y la entrega que le profesan a cada programa.

¿Cuándo comenzó su fecunda incursión en el campo de la radiodifusión?

A los 16 años de edad, inicié mi vida laboral en la radio cubana como copista de libretos en la antigua CMQ —propiedad, en aquel entonces, de los señores Goar y Abel  Mestre— con sede en Monte y Prado, en La Habana, capital de la mayor isla de las Antillas.

El estrecho contacto con la fecunda obra de los mejores escritores radiales de la época en que comencé a dar mis primeros pasos en ese fascinante campo, devenido amor a primera vista, despertó en el intelecto y en el espíritu de aquel adolescente (que fui, soy y seré) el anhelo de ser escritor. Si lo conseguí o no, es algo que —por supuesto— no me corresponde a mí decirlo. Esa valoración crítica la debe hacer el público, al cual me debo íntegramente.

En la década de los 50 del pasado siglo, escribí mis primeros libretos para espacios dramatizados; y al adquirir experiencia en el medio, orienté mi naciente vocación hacia el humorismo […]. En ese ambiente, me moví como «pez en el agua» durante más de seis décadas. Desde entonces, y hasta mi jubilación por vejez en el 2007, me desempeñé como guionista de Alegrías…

¿Cuáles han sido los principales reconocimientos que ha recibido durante su fructífera trayectoria profesional en la radio, y concretamente, en la Onda de la Alegría?

Le advierto que voy a contestar esa pregunta solo para satisfacer su curiosidad periodística. Usted sabe muy bien, porque somos compañeros de trabajo y amigos desde hace tiempo, que no me agrada en lo más mínimo hablar de mí ni de lo que —sencilla y humildemente— he hecho hasta ahora.

Para complacerlo, aquí va la respuesta:

Muchos son los méritos que me han sido conferidos a lo largo de mi vida, pero hay un hecho que, en esta conversación, no puedo dejar de destacar por las implicaciones afectivo-espirituales que entraña para mí.

Mi sentido de pertenecía (como suelen calificarlo los psicólogos) al espacio Alegrías… al que le diera lo mejor de mí desde hace más de 50 años, ya que interioricé e incorporé a mi quehacer profesional, que ese programa es fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad.

¿Algún consejo o recomendación a los «pinos nuevos» que sienten vocación hacia la literatura humorística?

A las actuales y futuras generaciones de escritores que cultivan el género humorístico solo puedo legarles un caudal de conocimientos teórico-prácticos en el difícil arte de hacer reír y pensar, así como sugerirles aprender a reflejar en sus guiones la realidad que nos circunda, y con ello, crear «otra» realidad en la mente y en el alma del artista, el oyente que disfruta su actuación y el crítico que valora su trabajo.

Editado por Heidy Bolaños