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Luis Cabrera Delgado 

Enrique Pérez Díaz  , 02 de mayo de 2017

Hace más de tres décadas Luis Cabrera1 asumió muy en serio el compromiso de recrear en sus obras el universo de la infancia cubana. Quizás en eso haya influido no solo su amor por la literatura sino su profesión de psicólogo, que le dio las herramientas y el conocimiento suficiente de la a veces distante psiquis infantil. Tras un par de textos iniciales como Antonio, el pequeño mambí, el cual cuenta que en su infancia Maceo fue un niño tan especial como solo pueden serlo los grandes o ese hermoso divertimento que es Tía Julita, personaje capaz de llevarnos a un sitio llamado “cualquier parte”, su creación da un vuelco progresivo para hacerse más comprometida y compleja en sus esencias y propósitos. Si bien alterna con textos imaginativos como El niño de la bota, Luis habla del dolor de Pedrín o de que todos tenemos dos abuelos que vinieron desde muy lejos. Ha presentado a Los calamitosos, a Carlos el titiritero y a Nano y Nino, investigadores policiales. En Ito, nos acerca a la tragedia de un niño cuando se le acorrala injustamente por su apariencia, nos hizo reparar también en las penas de Mayito, las maravillas de Catalina, la maga, esa maga redentora y en las peripecias de Raúl, su abuela y los espíritus, Capote Blanco, El aparecido de la mata de mango. ¿Dónde está la princesa?, uno de sus libros más trascendentes, dio la dimensión real de un problema que aqueja al mundo entero, esta vez visto desde los ojos de la infancia: el SIDA. Y no hay por qué olvidar otras obras como Vino tinto y perejil, Palomita blanca, ¿Quién me va a llorar?, Maritrini quiere ser escritora o Vueltas de vidas revueltas. Ya podemos imaginar cuánto amor, cuánto esfuerzo, cuánta dedicación, pero, sobre todo, cuánto sentimiento ha puesto el autor en cada una de estas historias difíciles. Aunque no siempre fueron entendidos sus libros y algunos guardan el ominoso sueño de la ineditez, su obra se ha impuesto por su calidad y agudeza, dándose a conocer, poco a poco, no sólo en Cuba, sino en el mundo, razones más que suficientes para que se le considere uno de nuestros autores más importantes.

¿Cuándo descubriste que te interesaba escribir para los niños?

Quizás no lo he descubierto aún. Siempre digo que yo simplemente escribo sin tener muy en cuenta al lector potencial de mi obra. El hecho de que mi literatura sea un vínculo de comunicación con los niños no depende precisamente de la intención en el momento de la creación, sino de una serie de factores concomitantes, entre los cuales es importante señalar algunas características de mi personalidad, mi primera vocación y los muchos años de experiencia profesional en el trabajo con niños y jóvenes. Ello hace que en la poética de mi literatura hallan rasgos semántico-estructurales que actúan, según lo que Michel Riffaterre ha explicado, como el control de la descodificación por parte del receptor, en este caso el lector novel. A estas tendencias caracterológicas, Ramón Luis Herrera las denomina elementos de dirección y son códigos o claves que facilitan el disfrute de la comunicación estética con determinados estratos lectores, en este caso el niño.

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niños?

Que, como toda historia, en primer lugar, cuente una secuencia de acciones. Estas deben tener un buen nivel energético, que fluyan con facilidad en el discurso narrativo, que despierten imágenes agradables y que revivan en el lector vivencias reales o imaginadas por él.

¿Coincides con que en cada libro va un gran porcentaje de la personalidad del autor?

No es que me parezca a algunos de mis personajes, es que aparezco como personaje en muchos de mis textos. Soy uno de los sobrinos de Tía Julita; soy el Luis, el amigo de Minguito, el protagonista de El aparecido de la mata de mango, que le dice que cuando llegue a adulto será escritor y le promete que escribirá un libro con su historia; soy uno de los primos de Foto de familia, y quien escribe la novela; aparezco como el escritor a quienes los personajes de Carlos el titiritero le exigen que termine el libro, soy el Lucio de Los calamitosos…

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niños?

Lo ideal es tan difícil que no creo que exista ni tiene porque haber un patrón único de autor para niños. Lo único que me parece importante es que la persona tenga, sin ser rígido, altos valores éticos. Por lo demás debía ser sensible, optimista y feliz.

¿Reconoces influencias de autores clásicos o contemporáneos (de Cuba o del extranjero)?

Conscientemente no. Eso se lo dejo a los críticos e investigadores.

¿Cuáles fueron tus lecturas de niño?

Muñequitos: La pequeña Lulú, Pato Donald, Supermán, etc., etc…. Yo descubro al libro como lector a los doce años cuando estudio Bachillerato en un colegio de curas canadienses en el que había una biblioteca, y ahí comencé a leer desaforada y desorganizadamente: Verne, Dickens, Salgari…

¿Cómo insertas tu obra dentro del panorama actual de la Literatura infanto-juvenil cubana?

Esto que lo valoren los críticos e investigadores.

¿Qué atributos morales piensas que debe portar consigo un buen libro infantil?

Los más elevados, incluyendo la capacidad de la tolerancia, la aceptación a diversidad, pero no sólo la diversidad externa, sino también en la esfera del pensamiento.

Por tu experiencia como jurado, ¿cómo valoras la LIJ escrita hoy en Cuba?

Por vivir en una provincia, el radio de acción de los jurados a los que generalmente se me invita a participar de jurado tienen un espectro más regional, lo que no me permite tener una visión general. De todas formas, pienso que quizás haya dos tendencias, igualmente perniciosas: una literatura temática y formalmente ya superada y una literatura de moda. En poesía es donde con mayor frecuencia se encuentra la literatura de autor: sincera y espontánea.

Además de la novela, has escrito ensayo, poesía y cuento. ¿En cuál te sentiste más cómodo?

En ninguno de esos tres, han sido de ocasión. Mi género preferido es la novela.

¿Qué piensas de la relación literatura mercado?

Terrible, pero no más que la relación que se establece entre la literatura y el gusto particular de quien representa y ostenta el poder de decidir qué se publica y qué no se publica.

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Para mí es muy importante y debe ser una relación de mucho respeto mutuo, en la que haya una gran comunicación, sintonía estética y confraternidad.

Si debieras salvar diez libros de un naufragio, ¿cuáles escogerías? ¿Algunos tuyos?

Esta es una pregunta terrible. Me recuerda una película de Meryl Streep: La decisión de Sofía en el que la protagonista tiene que decidir qué hijo salva y a qué hijo mata. Yo te haría trampa y trataría de salvarlos a todos. Si esto se lo preguntaras a los lectores creo que te dirían: Tía Julita, Pedrín, Ito, Catalina, la maga, ¿Dónde está La Princesa?, Maritrini quiere ser escritora, Raúl, su abuela y los espíritus, El aparecido de la mata de mango, Los calamitosos y Carlos el titiritero.

¿Qué es para ti lo más importante en la vida?

Mis hijos.

¿Qué es lo peor?

Tener que depender del dinero para vivir.

 

 
Nota:

1. (Jarahueca, Santa Clara, 1945). Algunas obras: Antonio, el pequeño mambí (1985); Tía Julita (1987); El niño de la bota (1989); Pedrín (1991); Mis dos abuelos (1992); Los calamitosos (1995); Nano y Nino (1995); Ito (1997); Catalina, la maga (1997); Mayito (1997); Carlos el titiritero (1994); Raúl, su abuela y los espíritus (1998); El aparecido de la mata de mango (1999); Capote Blanco (1999); Vino tinto y perejil (1999); ¿Dónde está la princesa? (2001); Godofredo malasartes (2004).

 
Tomado de Cubarte

Editado por Heidy Bolaños