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Worpswede

Rainer María Rilke, 08 de mayo de 2017

Preciado José Félix León:

El tiempo puede imponer otras patrias, pero la soledad siempre se lleva en esos libros que leemos y volvemos a leer con la sabiduría de que encontraremos tierras más verdaderas que las que reconocemos. Así le comenté a Kappus sobre el poemario que me ha enviado, Demencia del hijo1, y donde la inmensidad del ser se alcanza a través del ser dialógico que más que decirnos nos interroga. La décima con que inicia el poemario nos seduce y nos hace solidario por el ser escribiente:

Sin árbol, sin casa mía,
Sin país, ni amor, ni cielo.

Esa negación nos triza la imagen desde la primera página, pero la evidencia del discurso coloquial nos imponer una confirmación de los paisajes que vendrán. Pienso en los desvelos del hijo, en esa necesidad de abrirse paso a la verdad, a lo que estima justo. De allí que el forcejeo con la soledad es más que todo su país, su sed abismal.  

¿soy la continuidad de algún cielo perdido?
¿soy ese eslabón que se aloja en lo oscuro?
¿soy pequeño?
¿soy tan pequeño?

Esa minimalista visión nos demuestra que hay una necesidad de repoblar el cuerpo, visto desde una cuerda de esos trapecistas de un circo, que ama su oficio, pero teme a las alturas. El silencio es también parte de estos estuarios que como paisajes o estaciones nos queda. El poema es visto como estuario. 

Pájaros
Pedazos de horizonte
Muchachos controlando el cielo
Ciudades

El replanteamiento constante de imágenes no hace otra cosa que acuñar la sobredosis de esa demencia que pudiera aquí enunciarse como una necesidad, como una liberación. El poema como liberación.

Soy un país desnudo
Existo de noche en la geometría de un ave

Preciado José Félix, han pasado algunos años desde que se editó este libro y le confieso que todavía conserva el frescor de esos años, el aire de esas comarcas y algo de infinitud. El poema como infinitud. También pienso que soy un país desnudo, un lodazal de ese país que busco en cada palabra, en cada gesto. Tenga mi admiración y el saludo de Rodin que también asiente esta demencia.

Suyo,

Rainer María Rilke

1- Ediciones Hermanos Loynaz, 1994.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas

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