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José Lezama Lima, jurado

Leonardo Depestre Catony, 26 de mayo de 2017

Con los jurados de un concurso literario sucede algo parecido que con los jueces encargados de impartir justicia en el deporte: son siempre objeto de la crítica y malquerencia de alguien supuestamente desfavorecido. Y como no se puede estar a bien con todos, el antídoto de cada miembro de un jurado estará en la convicción interior del deber correctamente cumplido.

El que escribe estas líneas ha sido jurado (unas pocas veces) y otras muchas, participante en concursos. Por ello se permite esta digresión.

Quien sea jurado de un concurso literario ha de ser suficientemente competente ante los demás y suficientemente honesto ante sí mismo. Mas no basta con solo una de las cualidades, porque por muy honesto que sea, si no se es competente está obrando con irresponsabilidad, que es casi peor. Aún así, ha de poseer otra condición adicional: la del valor para mantener y argumentar una decisión. Ese valor lo confiere el prestigio personal, el reconocimiento social, la obra de una vida, todo ello le hará capaz de sobreponerse a las conveniencias y las presiones... si existieran.

José Lezama Lima, uno de los más importantes ejemplos de la narrativa y la poesía cubana —porque lo fue en uno y otro género— nos dio lecciones al respecto. Y esta es una faceta sobre la cual vamos a comentar.

Tuvo Lezama la capacidad de aglutinar, de ser centro, núcleo. ¿Se ha fijado usted bien en la relación de los componentes del Grupo Orígenes? ¿Se ha detenido en los nombres y apellidos que allí figuraron y lo que han representado para la cultura cubana? Gastón Baquero, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Virgilio Piñera, Octavio Smith, el sacerdote español Ángel Gaztelu, por solo citar algunos.

Es cierto que eran más jóvenes que Lezama, pero aceptaron su rectoría y se nutrieron de su savia. ¿Quiere esto decir que Lezama era un líder? No lo diríamos así: era un árbol cuyo tronco espléndido le permitía soportar ramas de mucho peso y lejos de ser un líder, Lezama fue, quizás, un patriarca.

Un dato curioso: Lezama Lima, que fue jurado de numerosos certámenes, ganó en vida muy escasos premios, los más conocidos, el Maldoror de poesía en Madrid en 1972 y el correspondiente a la mejor obra hispanoamericana traducida al italiano, por la novela Paradiso. Aun así, su obra recibió elogios de Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Jorge Guillén, María Zambrano, Alejo Carpentier y Virgilio Piñera, entre otros destacados escritores.

Como jurado Lezama se desempeñó para los premios Casa de las Américas en tres ocasiones. En 1961 integró el jurado de poesía, que dio el premio al escritor uruguayo Roberto Ibáñez por el cuaderno La frontera. En 1965, también en poesía, el jurado que tuvo a Lezama como uno de sus miembros galardonó al argentino Víctor García Robles por el poemario Oíd mortales. En 1967 Lezama Lima formó parte del jurado de novela que confirió el premio al escritor argentino David Viñas, autor de Los hombres de a caballo. Obsérvese cómo a ese nivel, el cubano podía desempeñarse de jurado en uno y otro género, algo bastante inusual.

El más controversial de sus trabajos como jurado* tuvo lugar en 1968, cuando lo hizo para el premio de poesía Julián del Casal, de la UNEAC, ocasión en que el galardón fue conferido a Heberto Padilla por el cuaderno Fuera del juego, en cuyo prólogo la editorial oficial hizo constar “el carácter contrarrevolucionario de algunos poemas”, lo cual generó una polémica que llega a nuestros días y es tema para indagar en los preludios del período conocido como “Quinquenio gris”**.

Parecían algunos haberse olvidado que ese mismo Lezama, con casi cuarenta años menos y muchísimos menos kilogramos encima, había participado en la protesta estudiantil contra el régimen de Machado el 30 de septiembre de 1930, la misma en que murió el estudiante y líder universitario Rafael Trejo, de su misma edad.

Notas

* También integraron el jurado los cubanos José Zacarías Tallet y Manuel Díaz Martínez.

** Para la mejor comprensión del lector le proponemos consultar las conferencias del ciclo “El quinquenio gris: memoria y reflexión” reunidas en La política cultural en el periodo revolucionario: memoria y reflexión (Centro Teórico Cultural Criterios, 2008); así como también de  Jorge Fornet. El 71. Anatomía de una crisis (Editorial Letras Cubanas, 2014, Premio de la Crítica).
 

 

Editado por: Dino Allende