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De pie sobre el poema

Roberto Manzano, 19 de junio de 2017

También la muerte rechaza a los malignos, y se fascina con los mejores. La muerte es una de las metáforas del Todo, y aquellos que desearon dominarlo todo, y ejercieron para conseguirlo toda su inteligencia y voluntad, el Todo tiende a expulsarlos de su seno, mientras abre sus extensiones enigmáticas a los que se olvidan de sí en la entrega generosa a los demás.

Sobre los buenos siempre se suman los peligros: en torno a su corazón imantado giran con estrépito los cuervos, y abajo, en la materialidad de los cuerpos, y arriba, en la espiritualidad de las frentes, los riesgos que contienen la naturaleza y el conjunto humano les sobrevuelan y agreden de continuo.

Los buenos tienen la poesía, no sólo la que circula en la vida poética, sino la que acendra los sentimientos, y afina la inteligencia, y compacta la voluntad, y genera el deseo de ser mejores, y de ayudar más, y de adquirir la verídica sabiduría del mundo, que como se conoce cabe holgadamente en un grano de apasote.

La sabiduría más grande la tiene la poesía de que hablamos, que no se para en estilísticas ni en premios, ni en famas más cortas o más largas: la poesía del que cree que lo sublime es la principal categoría de la vida, y ejerce la dación suprema: entregarse con utilidad, donarse íntegramente a su vocación, porque en toda vocación verdadera hay un provecho social de mucha abundancia y transparencia.

Como dijo el Poeta, el alma buena sale al aire después de la tormenta para ver qué árbol bueno ha caído, y sembrar nuevas alas en la tierra. A veces el bosque se resiente, y lo inexplicable comienza a talar despiadadamente. El aire se clarea, y el alma se atribula. Y cuando cae un árbol súbito, del que se esperaba larga sombra en el bosque, el alma se sacude en lo hondo, como espantada del trueno.

Se nos ha muerto a todos un poeta fraterno de los mejores: Pedro López Cerviño. Y hemos sentido la espantosa sacudida, y el deseo de sembrar con la misma rapidez con que se ha ido un largo trillo de banderas que vayan flameando por la tierra la belleza de sus versos y las grandezas de su alma. Hemos tenido una rara prisa, que no podemos entender bien, porque tiene su origen en el espíritu más profundo.

Creíamos que los que tienen el deber de estar atentos, por estar colocados en sitios privilegiados de la noticia pública, moverían sus manos, avisando que se ha marchado uno de los buenos. Pero parece que allí no se sabe ya, en una pérdida creciente que sólo tiene ojos para el espectáculo, qué es la poesía, qué es el mundo verbal íntimo de las personas, qué es la recóndita sustancia total de la cultura.

Si se buscan de nuevo los textos del hermano poeta que se nos ha marchado de pronto se encontrarán muchas lecciones de juicio y desinterés, de sensibilidad y honradez, de espontaneidad y sapiencia. Con verso sencillo, a veces como quien conversa, a veces como quien canta, a veces como quien da testimonio, plasmó lo vivido con frescura y vigilancia de quien quiere ver crecer a los demás.

Como entre nosotros no se sabe de verdad quién ha aportado algo legítimo, mucha gente va detrás del condecorado y el que recibe el espaldarazo de cualquiera de las fuerzas polares, de adentro o de afuera, que gobiernan nuestro medio. Nos estamos quedando sin saber auténticamente qué vale en nuestra atmósfera, en qué sentido lo vale, hasta dónde lo vale, y cuál puede ser su utilidad de hoy y futura.

Pedro López Cerviño es un buen poeta, al que debemos regresar buscándolo en su producción íntegra, escogiendo lo mejor de cada uno de sus períodos creadores, gustando su manera específica de decir, examinando sus estimativas del mundo, difundiendo las mejores piezas de su espíritu, entendiendo su relación más fértil con el sistema de la cultura nacional, como cumple a los que ejercen con dignidad sus responsabilidades de recepción justa, inteligente y culta.

Pedro López Cerviño lo cumplió con los demás, en muchas ocasiones sin tener obligaciones directas de cumplirlo. Gustaba de distinguir los valores que circularan en su entorno; ayudaba a sobrevivir, en todos los sentidos, a muchas vocaciones preteridas y aplastadas; haciéndose a un lado con frecuencia, dejaba pasar a los urgidos de reconocimiento, procurándoles los espacios pertinentes.

Como afirmaba José Martí, todos los pícaros son tontos, y los buenos ganan a la larga. Los pícaros de la cultura pueden estar ganando largo tiempo, pero los buenos de la cultura son los que ganan a la larga. Pedro López Cerviño es de los buenos en todos los sentidos, que es la única manera de referirse adecuadamente a la genuina cultura. La poesía verdadera es la cumbre de la cultura humana.
    
                                                                            ROBERTO MANZANO
                         

 PEDRO LÓPEZ CERVIÑO (Santiago de Cuba, 1955 - La Habana, 2017). Poeta y promotor. Miembro de la UNEAC. Graduado de  Literatura, Español e Historia. Fundador en su ciudad natal de la Columna Juvenil de Escritores de Oriente (CJEAO), del Taller Literario José María Heredia, de la Brigada Hermanos Saíz y del Taller Cultural Luis Díaz Oduardo. Fundó y dirigió los boletines literarios estudiantiles El caballito de letras y Pablo de la Torriente Brau. Sus primeros poemas vieron la luz en el boletín José María Heredia, desde 1973 a 1980. En la Isla de la Juventud dirigió la Brigada Hermanos Saíz, la delegación de la Unión de Periodistas de Cuba, la emisora Radio Caribe, y creó el boletín literario Mangle Rojo. Fue subdirector del Teatro Heredia, trabajó en la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba; director del Teatro Nacional de Cuba, y guionista del programa Para leer mañana, en La Habana. Poseía las distinciones por la Cultura Cubana y la Raúl Gómez García. Colaboraba asiduamente en la Web de la UNEAC y en la Web del Canal Educativo. Miembro del equipo fundador de CubaPoesía. Coordinador editorial de la revista cubana de poesía Amnios. Obtuvo Primer Premio Poesía Mangle Rojo Isla de la Juventud, 1984, 1985, 1988, 1989; Premio Décima Mangle Rojo Isla de la Juventud, 1986; Premio Testimonio Encuentro Debate Taller Municipal y Provincial 1982; Premio José Manuel Poveda 2007; Premio Heredia, 2017. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de poesía: Nueve sueños de abril, Santiago de Cuba, Colección Plegables, no. 51, 1978; Otra historia de abril, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 1989 (con Oscar Ruiz Miyares); No se puede matar al timonel, La Habana, Ediciones Extramuros, Colección La Ceiba, 2002; Oreja de campesino, Ediciones Santiago, 2005; Trazados en el mapa, Premio José Manuel Poveda 2007, Editorial Oriente 2008; Semilla de cedro, Premio Abdala de la Unión Árabe 2013, Colección Sur 2016; Técnica de respiración, Premio José María Heredia 2016, Ediciones Caserón 2017. Debe salir por Ediciones Santiago su cuaderno Postales de la Villa, sobre personajes y motivos santiagueros. Su único libro de poesía para niños se encuentra pendiente de evaluación por la Editorial Gente Nueva.



PRECISIÓN DEL COMPROMISO

                      A Reynaldo García Blanco

No moriré de almuerzo.
Yo mismo apagaré
los candelabros que alumbraban
las honduras de mi despeñadero.
Seré un hermoso muerto en los brocales del fuego.
Más o menos
como desvanecido
por la mala noticia.
Para entonces
mis trozos cosidos burdamente
harán maliciosa mi apariencia.
Tumbado
como quien descansa
de la dura faena del cadáver.
No moriré de almuerzo.
Antes del mediodía,
me habré ido.

 

DIVERSIDAD
                  
              A José Orpí

Las diferencias yacen
en las sombras de las cosas,
en ellas bullen
la pérdida,
el temblor,
lo cómplice de la insimilitud.
De hecho,
los límites también
suelen ser diferentes,
lo irreversible apunta
a la disección de toda ausencia.
Supón entonces,
que gracias a eso
estamos vivos los unos y los otros.
Y no
los unos o los otros.
 


EL VINO DEL FESTÍN

                  A Manuel Gómez Morales

En el ánfora etrusca
cabía preciso el vino del festín.
Duraba la ebriedad
el tiempo justo de la noche
mientras el Rey
destrozaba los hímenes de turno
y los soldados
decapitaban a los falsos traidores.
De aquella época
no sobrevivieron
ni el vino
ni el Rey
ni las doncellas
ni los soldados
ni los falsos.
Sólo encontramos
—milenios después—
hundidos en el fango a los traidores,
y a un cántaro vacío.
Entonces
inventamos la historia del ánfora
donde cabía preciso
el vino del festín.

 

SALVACIÓN


Ponte de pie
sobre el poema.
Le rodea
una insondable
hondura
y nadie sabe
cuánta profundidad
separa
sus brocales
del fondo
del abismo.
Tu salvación
está
en esta mínima
cuartilla de papel
donde escribí
un peldaño,
un pedazo de puente,
la tabla
del naufragio,
la alfombra
voladora,
un ladrillo
a prueba
de derrumbes.
Ponte
de pie
sobre el poema.
 


TEN PIEDAD DE AQUEL

                 Al Padre Catasús

Desde donde está
apenas oye cuando llamas.
Mas no juzgues
tal inmovilismo cual desobediencia
pues la distancia entre los dos
le ha vuelto sordo, al parecer.
Desde donde está
apenas divisa los gestos
con que intentas
pedirle que se acerque.
Mas no pienses
que es indiferente a tu reclamo,
se trata de que esa lejanía entre los dos
le ha vuelto ciego, al parecer.
Por eso,
si no ha venido adonde estás,
ten piedad de aquel, por Dios,
que no oyó ni vio cuando llamabas.
Él
estaba lejos,
muy lejos
y no supo a dónde ir.
Es cierto,
fui poseso de las incertidumbres
—un modo grandioso de testar
a favor del innombrable cazador.
Es cierto
que intenté definitivamente
dar un vuelco a las cosas,
que borré todas mis huellas
para despistar a los perros del destino.
Es cierto
que me justifiqué
(a veces)
por mi impericia en la ballesta,
que padecí la sorna
del demasiado tarde.
Es cierto
que aduje el entredicho,
la obviedad
—pretexto socorrido del que muere.
Es cierto
que no me pertenezco,
que susurro el infinito
donde yazgo ambiguamente.
Mas no es cierto
todo lo demás.
No es cierto todavía.

 

LA VÁLVULA MECÁNICA
 

Un aparejo inútil me devasta.
Artefacto que cuelga en mis ijares,
que hace de emperador en mis lugares
y me ensarta el tornillo de su casta.
Teflón, platino o trozo de metal
enclavado en el pecho como daga,
más que latir chasquea y amaga
en los burdos oficios del final.
Y bomba de tiempo impredecible
enseña sus designios sobre mí
y en lenguaje metálico terrible
me ordena no volver a lo que fui:
hacer mi otrora vida irrepetible
sin pensar me devuelvan lo que di.

 

LA CASA ROTA


Gracias, hendija que libra el fulgor.
Gracias, demonio de residuo puro.
Gracias, pedrusco que golpea duro.
Gracias, migaja imperfecta de amor.
Gracias, arena en mis ojos llorosos.
Gracias, cuchara de mínima alcurnia.
Gracias, caminos falsos en la furnia.
Gracias, difuntos en fieros acosos.
Gracias, herrumbre vino de tabernas.
Gracias, mirada confusa de espejo.
Gracias, perdidas e inútiles piernas.
Gracias, cocuyo del viejo entrecejo.
Gracias, pregones de denuncias tiernas.
Gracias, mi muerte que otra vez festejo.
 


LOS RAROS


A los raros no les previnieron
de los que mañana sacudirían sus bolsillos.
No les dijeron:
Hazte cuidar por éste o cuídate de aquel,
no confíes
los secretos del amigo,
ponle trampas al espía
—jamás les advirtieron.
No les enseñaron las artes de la simulación
si no,
hubieran sido normales
como ustedes.
 

Nota:
Molino Blanco ediciones y el grupo Eurekíada publican este volumen como homenaje al Poeta. Selección de los textos y palabras iniciales de Roberto Manzano.