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Heredia, Martí, Byrne y la cubanía

Leonardo Depestre Catony, 20 de junio de 2017

Para José Martí, José María Heredia es “el primer poeta de América”. El juicio del Apóstol está bien justificado. Pero además de ser el primer poeta de América, Heredia es el primer poeta cubano de su tiempo, y lo es por su grandeza literaria, por la obra que de él nos queda y por su incuestionable cubanía.

En Heredia, el amor a la patria constituyó un compromiso asumido desde la juventud. A los 20 años fue denunciado por conspirar contra la dominación española, se ordenó su arresto y tuvo que embarcar clandestinamente hacia Estados Unidos. Pero no cesó de escribir y anhelar para Cuba la independencia. Su obra de juventud nos revela el torbellino de su existencia: de 1824 data Al Niágara; su vibrante Himno del desterrado es de 1825, la oda A Bolívar de 1827. ¡Y sin embargo, el poeta no ha cumplido aún 25 años!

Como profesor de español trabajó en una escuela de Nueva York. Después —en 1825— se trasladó a México, para desempeñarse como funcionario de la Secretaría de Estado y del Despacho de Relaciones Interiores y Exteriores de ese país.

En México fundó órganos de prensa, ejerció la carrera de Leyes, colaboró en publicaciones. Su labor fue múltiple como catedrático, periodista, orador y figura de la cultura. El 1 de abril de 1836 ya no resistió más la nostalgia y escribe al capitán general de la Isla una carta solicitándole autorización para regresar y visitar a la madre, también se retracta en ella de sus ideas revolucionarias.

Muchas lágrimas seguramente arrancó la redacción de esta carta al poeta y al patriota; fue criticado duramente por los antiguos amigos y compañeros de ideales separatistas. Desembarcó en La Habana a inicios de noviembre de 1836 y en enero del siguiente año ya va otra vez hacia Veracruz. No era fuerte la constitución física del poeta y murió en México a los 35 años, el 7 de mayo de 1839.

Con todo, afirmamos, el patriotismo de Heredia es auténticamente sincero.

¡Cuba! Al fin te verás libre y pura
como el aire de luz que respiras,
cual las hondas hirvientes que miras
de tus playas la arena besar.

Aunque viles traidores le sirvan,
del tirano es inútil la saña,
que no en vano entre Cuba y España
tiende inmenso sus olas el mar.

                                                                      II
 
"Cuando decimos que Martí fue el primer revolucionario de América, no podemos querer decir otra cosa sino que fue el primer poeta de América. Poeta en el sentido primigenio de la palabra: creador y vaticinador. Creador en el único sentido que puede serlo el hombre: trasmutador de la realidad. Vaticinador en cuanto visionario".

Son palabras de Cintio Vitier, uno de los intelectuales cubanos que mejor estudió y conoció la obra martiana.

Ismaelillo, Versos Sencillos y Versos Libres integran los tres cuadernos tal vez más conocidos en la obra poética de Martí, pero no pueden olvidarse otras composiciones reveladoras también de su modo de vivir en poesía y donde caben Flores del destierro, sus versos de amor, las cartas rimadas, los poemas contenidos en La Edad de Oro, otros muchos de circunstancias, dedicatorias...

Yo quiero, cuando me muera,
sin patria, pero sin amo,
tener en mi losa un ramo
de flores, —¡y una bandera!

Una obra descomunal en calidad y cantidad, en constancia y perdurabilidad, es la Martí, que cada día despierta mayor interés entre los críticos de aquí y de allende los mares.

Cuanto representó para Martí la poesía nadie mejor que él lo expresó:

"La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida".

                                                                                III

Dejemos correr algunos años. La guerra contra España ha concluido y el poeta Bonifacio Byrne regresa del exilio. La silueta de la costa se vislumbra con nitidez ante sus ojos cuando ve, en lo alto, como símbolo del nuevo poder que rige los destinos de la patria, la bandera norteamericana. Se cuenta que a partir de aquella triste experiencia le brotaron sus versos de "Mi bandera", en los cuales resume las ansias frustradas de independencia y soberanía de todo un pueblo. 

  Al volver de distante ribera,
  con el alma enlutada y sombría,
  afanoso busqué mi bandera
  ¡y otra he visto además de la mía!
            
  ¿Dónde está mi bandera cubana,
  la bandera más bella que existe?
  ¡Desde el buque la vi esta mañana,
  y no he visto una cosa más triste!

Para sus conciudadanos fue Byrne ejemplo de vergüenza y amor patrio. Cuando murió el 5 de julio de 1936, la más célebre de sus composiciones lo había convertido ya en "el poeta de la bandera".

La estrofa final, enarbolada por el comandante Camilo Cienfuegos al pronunciar su último discurso el 26 de octubre de 1959, vibra aún en la voz del Señor de la Vanguardia: 

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día,
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!

Ya comprenderá el lector el porqué del título de este trabajo.

 

Editado por: Dino Allende