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Worpswede

Rainer María Rilke, 06 de julio de 2017

Estimado Oscar G. Otazo:

Recibo con agrado su poemario Bosque sagrado1. Un alumbramiento en medio de este gran invierno que descubro fuera de la ventana de la casa de alquiler. Ese acto de ser alumbrado me ha traído su poesía que aplaudo con intensidad.

¿Qué Dios nos permite el espacio para detenernos frente a lo verdadero? Aquí suplanto el espacio por un bosque y suplanto también lo verdadero por lo sagrado. Espero entienda esta letanía para encontrar ese dios que yo pudiera en mayúscula, como el ser Dios:

¿Quién pretende un reclamo?
¿Cuál creación se abrirá
para romper los filamentos de un dios
que muere por alcanzar un pétalo de la rosa?

El poemario busca en la exploración del hombre los signos que traspasen la creación. Con cierto aire teológico su poesía enuncia, como otros poetas han asumido su obra, un mundo donde el Universo es lo necesario para interactuar y reconocerse. 

Pero, ¿cuánto podremos contra el tiempo?

¿Cuánto contra aquel que contempla los enjambres
bajo las sombras de un tiempo en retorno?

Desde esa percepción usted reside entre la angustia y la alabanza para descubrirse como un ser invidente, de allí que lo que reconoce como verdadero le llega a través del espacio. De allí que el juego que enuncio: espacio-bosque, verdadero-sagrado, no solo son categorías en su lírica, sino entes dialogantes para sostener esos versos que mantienen grandes interrogantes alrededor de lo humano. 

Estoy en toda mi sombra;
ciego ante Dios:
conmigo,
solo.

De esas saudades estamos llenos. La poesía es una gran soledad. Su poesía lo confirma, en esa verdadera apuesta por el bosque sagrado. La fe se transpira por estas parcelas donde la muerte, el tiempo y Dios continúan fraguando espacios. Dejar como cierre el texto con el que titular su propuesta ha sido muy inteligente pues armoniza cada texto.

¿A quién puedo invocar entonces?

Es su reclamo, como epílogo, una gran interrogante. Invoque a la vida, pienso; ese será mi estimado poeta Oscar G. Otazo, la verdadera sustancia que nos permitirá reconocérsenos una y otra vez por muchos mares y abismos que existan.

Suyo,

Rainer María Rilke

1-Ediciones Luminaria, Sancti Spíritus
 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas

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