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Recuerdo de un ataque necesario

Fernando Carr Parúas, 24 de julio de 2017

No porque hayan pasado muchos años desde mi etapa de estudiante universitario, ni tampoco porque se trate de un tema harto conocido deja de estremecerme cada 13 de marzo la alocución de José Antonio Echeverría que se transmitió por Radio Reloj. Creo que igual le sucede a varias generaciones de cubanos. 

Una nueva edición de un libro muy especial, totalmente revisada y ampliada, fue presentada en la última Feria del Libro de La Habana, 2017. Se trata de Palacio Presidencial. Una acción sin retirada, de la periodista Miriam Zito, que fue publicada por la Editorial Ciencias Sociales bajo el cuidado de Neyda Izquierdo Ramos, Premio Nacional de Edición, para con ella conmemorar el 60 aniversario de la gesta del 13 de marzo de 1957.

En esta obra aparecen testimonios de los más destacados dirigentes del Directorio Revolucionario que sobrevivieron a aquella acción heroica. A esa organización, creada para combatir con las armas en la mano la dictadura de Fulgencio Batista y sus secuaces asesinos, perteneció José Antonio Echeverría —Manzanita, como le decían algunos—, revolucionario de postura vertical que llegó a ocupar la presidencia de la Federación Estudiantil Revolucionaria (FEU), y quien, desde el mismo momento del golpe militar del 10 de marzo de 1952, se opuso firmemente a la dictadura y dirigió innumerables actos contra ella, como el apoyo a las huelgas obreras —la huelga azucarera, la de los bancarios—, así como fugas de la prisión de diferentes compañeros y los planes de ejecutar a connotados esbirros de la tiranía batistiana.

Entre los testimoniantes miembros del Directorio que se citan en el libro —varios de ellos hoy desaparecidos físicamente—, están: Humberto Castelló Aldanás, Faure Chomón Mediavilla, María de los Ángeles Pumpido de la Nuez (Mery), Julio A. García Olivera, René Anillo Capote, Enrique Rodríguez Loeches, José Assef Yara (El Moro), entre otros.

Además, se ofrecen versiones de los hechos por parte de civiles que, casualmente, estuvieron muy cerca de donde se efectuaba el ataque, entre ellos la de Emilia Guerra, quien viajaba en un ómnibus del servicio público y recibió 24 heridas de bala.

En el libro también aparece la relación de los compañeros caídos ese día en el Palacio Presidencial, así como los asesinados posteriormente por Esteban Ventura Novo y sus esbirros en Humbolt 7, debido a una delación hecha por un supuesto revolucionario, Marcos Rodríguez Alfonso.

Llegaron a contarse unos treinta héroes y mártires. Entre los primeros se encontraban: el propio José Antonio Echeverría, José Luis Gómez Wangüemert, Carlos Gutiérrez Menoyo, Menelao Mora Morales.

Los mártires de Humboldt 7 fueron: Fructuoso Rodríguez Pérez —quien fuera el vicesecretario general del Directorio Revolucionario y ocupara la jefatura tras la muerte de Echeverría—, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez (Machadito) y Joe Westbrook Rosales.

Puede conocerse en estas páginas el Testamento Político de José Antonio Echeverría; la Carta de México, de octubre de 1956, firmada por José Antonio y Fidel Castro, así como otros materiales, además del testimonio gráfico de los hechos de aquella fecha gloriosa.

Se recoge una interesante entrevista a Juan Nuiry Sánchez, quien fuera Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana y otra al combatiente Julio A. García Olivera, titulada “Valoración histórica del 13 de marzo”, y notas biográficas de otros importantes mártires de esa acción.

La autora supo intercalar con acierto en orden cronológico partes de los testimonios de unos y otros, según se relatan todas las acciones de los revolucionarios, y en ellas, fundamentalmente, las dirigidas por José Antonio, de manera que queda expuesta, paso a paso, la gesta de preparación y efecto del asalto.

Estoy convencido de que este libro narra la verdadera historia, por sus propios participantes, de aquella época gloriosa y difícil de la juventud cubana y será para siempre fuente para el conocimiento de las nuevas generaciones de nuestra nación. Estoy seguro de que servirá para que los estudiantes de ahora, con sus laptops, sus tabletas y sus teléfonos “inteligentes”, también se conmuevan —y no por sensiblería barata— con Manzanita, ese estudiante de Arquitectura que, como ellos, amaba la vida, la patria, gustaba de fiestas, de bromas y que, aunque no pudo graduarse en la Universidad de La Habana, ha recibido los títulos de Mártir de la Patria y Líder Indiscutible de la juventud cubana.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas