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Rosa de dos aromas

Jesús Dueñas Becerra, 28 de julio de 2017

          A la memoria de la primerísima actriz Trinidad Rolando

Rosa de dos aromas, de Emilio Carballido, con versión, puesta en escena y dirección artística de Ariel Gil, y dirección general de Fernando Quiñones Posada, es el título de la obra que la cincuentenaria compañía Rita Montaner, llevara a las tablas de la capitalina sala El Sótano, para beneplácito de los amantes del buen teatro insular.

Emilio Carballido Fentanes (1925-2008) era un escritor y dramaturgo mexicano, que estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde obtuvo el grado académico de Máster en Letras, con especialidad en Arte Dramático y Letras Inglesas. Fue subdirector de la Escuela de Teatro de la Universidad Veracruzana, que le confirió el título de Doctor Honoris Causa, así como director y profesor de la Escuela Nacional de Arte Teatral y del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Autor de una prolífica obra literaria, dramatúrgica y audiovisual,  impartió cursos de teatro en universidades estadounidenses, caribeñas, centro y suramericanas, donde recibió premios y menciones especiales. Desde 1975, dirigió la revista Tramoya, en cuyas páginas ejerció el periodismo cultural. Fue investido como Artista Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

La trama de Rosa de dos aromas gira alrededor de Gabriela (Anabel Suárez/Cinthia Paredes) y Marlene (Elio Pérez/Ariel Gil), quienes coinciden ¿accidentalmente? en una estación de policía, ya que el marido de la primera y amante de la segunda (un travesti), ha violado a una alumna y está preso en espera de que le sea incoado el proceso penal correspondiente.

Al principio, desconocen que es el mismo hombre, pero, en un rapto de sinceridad, el travesti le confiesa a la esposa quién es él/ella. Antes de que se descubriera que el encartado es bisexual, hubo peleas y desencuentros entre las dos ¿víctimas?, pero, con el discurrir del tiempo, la adversidad de la situación, las acercó desde el punto de vista afectivo. Tanto fue así, que —en un acercamiento íntimo entre «amigas» que comparten una pena común— casi se produce ¿por casualidad? un encuentro erótico entre ellas.

Como estrategia para excarcelar al marido de la prisión, en virtud de que el ministerio fiscal solicita al tribunal 10 años de privación de libertad por el delito de violación a una menor de edad (figura tipificada y sancionada en el vigente Código Penal), deciden comprar los amañados servicios jurídicos de un letrado corrupto, que por cierta cantidad está dispuesto a lograr que pongan en libertad bajo fianza al sujeto de marras, que jamás aparece, aunque su «presencia» signa el desarrollo de la acción dramática, al igual que Pepe el Romano en la obra La Casa de Bernarda Alba, del eminente poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca (1898-1936). Como toda comedia que se respete, el final es sorprendente e inesperado.

Ese dúo actoral no solo desempeña —con indiscutible profesionalidad— los papeles que interpretan en ese contexto dramatúrgico, sino también, canta, baila, hace las delicias del público y suscita la risa espontánea, con las referencias directas o indirectas a problemas de índole socio-económica que afectan a la célula fundamental de la sociedad cubana actual.

Esos artistas no necesitan verbalizar ni gestualizar un ápice más de lo que deben expresar en el escenario: dosifican muy bien las emociones y los sentimientos que exteriorizan en cada situación en que se ven involucrados, y utilizan inteligentemente los recursos escénicos, para mostrar los intersticios más íntimos del mundo interior de los personajes.

Ese es el caso, por ejemplo, del travesti que reflexiona en voz alta con los espectadores acerca de la situación ambivalente que enfrentan esas personas, que quieren ser mujeres, pero biogénica y genitalmente pertenecen al sexo masculino; compleja situación generada por contradicciones internas y angustia existencial que lo persiguen durante  toda la vida.

En esa puesta en escena, prevalecen la verdad (con toda la crudeza que, a veces, implica), los sentimientos más nobles y puros, sin engaños ni mentiras piadosas, para conmover al auditorio, liberarlo de prejuicios mentales mediatizados por la dominante programación socio-cultural, y por último, dejarlo libre como el viento y el vuelo de las aves, para que medite (hacer silencio interior para escuchar los sonidos que emite el yo, el auténtico, el verdadero) acerca de la amistad, que nace —precisamente— de las contradicciones humanas, y que, cuando cristaliza, deviene verdadero encuentro en el espíritu, según las concepciones sustentadas por la psicología humanista.

El mensaje ético-humanista que Emilio Carballido y Ariel Gil le envían al auditorio a través de la obra Rosa de dos aromas es que cada cual se acepte como es: una persona única e irrepetible, que vale por lo que es, no por lo que tiene, sabe o sirve, e independientemente de la orientación hetero, homo o bisexual, que haya decidido darle a la libido (deseo erótico-sensual).     

Editado por Heidy Bolaños           

 


 

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